Michael Lee Wolfe, un judío errante en el folk asturiano

El músico estadounidense lleva cuatro décadas en Asturias fusionando sonidos locales y géneros americanos

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

Michael Lee Wolfe (Pittsburgh, Pensilvania, 1962) practica como una virtud el vicio que tradicionalmente se asocia a su raza: la saludable indiferencia a las identidades puras y la inclinación al mestizaje y la bastardía. Asume con orgullo el sambenito del judío errante. En su casa del Oviedo rural lo mismo se toca blues, se canta tonada o se ve subir con su cajón y su guitarra a los gitanos flamencos de Ventanielles. En sus más de cuatro décadas en Asturias, Lee Wolfe ha formado parte de varias bandas de folk- Ubiña, Xaréu, Asturiana Mining Company-, dirigido el Festival de Jazz de Ribadesella y promovido infinidad de conciertos en Asturias. Con motivo de la publicación de su último trabajo, “The prevarication Blues”, repasamos su trayectoria vital y musical, desde sus orígenes judíos hasta su descubrimiento del folk asturiano.

¿Qué tipo de judaísmo es el de tu familia estadounidense?

Soy de una familia judía reformada, es decir, que vive las tradiciones de una forma bastante light. Digamos que son judíos liberales. Y supongo que me identifico con esa identidad de generaciones y generaciones de judíos llegados de Rusia, pero el tema religioso no me dice mucho, y Netanyahu tampoco. Mis antepasados eran americanos antes de los nazis. Quizás sufrieron pogromos en los tiempos de los zares…

¿Cómo llegaste a España?

Vine a visitar a un amigo de mi pueblo que estaba en España, porque su padre era una historiador del arte románico. [John W. Williams]. Vine a Europa y acabamos en España. Me encontré en León, donde estaba este amigo mío, y ya no volví para casa. Era el final del 84, y de León vinimos para Asturias. A los cinco minutos de llegar a Oviedo conocí a Raquel, mi mujer, y menudo flechazo…Entonces descubrí el folk asturiano.

Interviene Raquel para recordar cómo Michael se paseaba con pantalón corto y el pelo largo por aquel Oviedo en el que ese aspecto era todavía algo “muy llamativo”. “¡Michael, que el Bombé no ye Central Park!”, le decía.

¿Cómo fue ese descubrimiento del folk asturiano?

Había un tío que se llamaba Roddy, que fue uno de los fundadores del folk moderno, y tocaba en Beleño. Él también era bluesero, y así empezamos a tocar juntos. Él me invitó a meterme como mandolinista en la banda de Ubiña, donde entré el 1 de octubre de 1986.

El músico Michael Lee Wolfe FOTO: David Aguilar Sánchez

Por esa época empieza a haber en el folk asturiano un trabajo consciente por recuperar el patrimonio musical y las canciones tradicionales, ¿es así?

Ismael Arias, un gran colega escritor, ha sido un buen amigo y colaborador. No estuvo en la época de Ubiña, pero más adelante descubrí que tenía una serie de canciones maravillosas, y ahí justo empiezo con Asturiana Mining Company. Desde entonces hemos trabajado mucha música asturiana, y las letras las pone Ismael, que está muy metido en ese tema. Ismael en sus escritos siempre cita a Remis Ovalle, un gaitero muy famoso de principios del siglo XX. Yo diría que fue la gente de Llan de Cubel la que trajo la música celta a Asturias. Y la música celta ha servido como una gran escuela de músicos. Nosotros en Ubiña defendíamos una línea más tradicionalista.

¿Erais puristas?

No sé lo que éramos, pero no éramos celtas como Llan de Cubel, que abrieron una línea muy importante aquí. Ismael, recuperando a Remis Ovalle, cuenta que hubo muchas estrellas en los 60, que no se puede decir que no hubiera nada aquí. No era música celta, pero hay discos interesantes, gente como Diamantina Rodríguez y muchas canciones que triunfaban. Y luego en los 70 empiezan a triunfar Nuberu, mientras que Llan de Cubel empieza a sonar más en el 85. Ismael solía comparar la figura de Remis Ovalle con la de Bob Dylan. No porque tenga nada mucho que ver la gaita de Cangas de Onís con el folk de Greenwich Village en Nueva York, sino la época, la forma en la que ese momento histórico se manifestó en Asturias y en Nueva York.

Más allá de lo musical, ¿había un interés renovado por la lengua asturiana?

Bueno, eso ya es un tema político. A mí me gusta el asturiano y lo hablo bastante. Yo siempre he notado, desde que llegué aquí, que hay una crisis de identidad en muchos asturianos a los que no les gusta ni la música ni la lengua asturiana.

Y esa música que hacíais, ¿tenía público fuera de Asturias?

Había dos hermanos austríacos que eran promotores y trabajaban con grandes grupos de toda Europa. Y estos hombres les gusto mucho Ubiña, que no era un grupo especialmente sofisticado, pero tocábamos bien. Pues estos austríacos nos colocaron en un cartel en el que tocaban los Cheftains y Battlefield Band. Estuvimos a punto de conseguir algo, pero tuvimos mala suerte. La violonista se enfermó y se nos fue, y no pudimos tocar en condiciones. La cagamos en el momento en que podíamos meternos entre los grandes de Europa.

Las letras de tus canciones, de las canciones de folk en general, suelen ser letras muy narrativas, que siempre cuentan una historia

Hay de todo. El folk asturiano tiene letras buenísimas. De la época en la que trabajé con Anabel Santiago tocamos canciones con unas letras bestiales. Era algo muy bluesero también. Yo pienso que no se trata de hacerse un máster de tonada. Se trata de ver cómo suenan las cosas. En la filosofía y en la política se pueden discutir las cosas, pero en música creo que se trata de ver cómo suenan las cosas. Con Anabel hicimos muchas cosas así, y estábamos encantados. Yo no pienso en fusiones ni nada. Yo trato de hacer las cosas con gusto y con respeto. Es muy fácil joderla fusionando estilos. Es muy fácil que suene como algo metido a calzador. Hay que escuchar lo que estás acompañando e intentar respetar lo que haces. Cuando haces música tienes que olvidarte de todo lo que sabes: tienes que trabajar mucho y estudiar mucho…y después olvidarlo todo.

El músico Michael Lee Wolfe FOTO: David Aguilar Sánchez

¿Qué tiene de pecualiar el folk y la música tradicional en su forma de relacioanrse con el público, ¿en qué se distingue de la música para públicos más masivos?

Todo cambia. Yo llevo muchos años y, aunque no me siento anclado en el pasado, creo que la superficie es una cosa que siempre está cambiando, pero otra muy distinta son las aguas profundas, que quién sabe cómo funcionan, pero yo creo que perdure más. La superficie es importante, y el folk siempre ha alimentado la música popular, y en el folk cada vez escuchas más electronica y otro tipo de aportaciones. Es normal. El pueblo no es el que era, y tampoco es una fuente inagotable. No vas a sacar 800.000 jotas de Cangas más, pero puedes hacer otras cosas.

¿Te gustan otras músicas españolas?, ¿el flamenco, por ejemplo?

Sí, me gusta mucho el flamenco. Los guitarristas de flamenco son para darles de comer aparte. Conozco a grandes músicos que cruzaron esa línea, pero los guitarristas flamencos aprenden la música por otra vía. Tienes que nacer con ello. Si haces jazz te pueden hablar de acordes o de lo que sea. En el flamenco, que es muy sofisticado, eso no funciona así. No te pueden decir el nombre de ningún acorde. Tampoco es que salga por arte de magia. Yo creo que es un cúmulo de experiencia tocando, y que llevan toda la santa vida hacienda esas cosas.

¿Cómo ves, como judío, lo que está sucediendo en Israel?

Es un tema muy complicado para una persona como yo. Cuando yo era joven, en Estados Unidos había muchísima ilusión por lo que se estaba haciendo en Israel, que era casi un país socialista. Pienso que se movió a la derecha a raíz de su baja natalidad. Pero la verdad es que, en mi formación judía, no recuerdo que nos hablasen de los palestinos, y eso que se supone que mi educación es de lo más liberal. Nunca nos contaron que expulsaron a cientos de miles de palestinos de sus casas. Francamente, lo veo muy jodido y me da mucha tristeza. Creo que la manera en la que se está actuando no es buena para nadie. Habrá que buscar una solución. En la Pascua judía se dice que hay judíos listos, judíos malvados y judíos simples. Yo soy el judío simple. Un judío errante, esa es mi historia.

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