¿Qué es un centro de datos, cómo funciona y qué impactos tiene?

Aún no está claro quién operará en el campus de Salas, cuánto empleo permanente creará ni cuánta energía y agua consumirá.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

El mayor proyecto tecnológico anunciado hasta ahora en Asturias cabe, de momento, en un puñado de cifras: 1.226,3 millones de euros de inversión, diez módulos, 120 megavatios de capacidad informática y 1.318 empleos anuales. Lo que todavía no cabe en la información publicada es quién operará el complejo, cuántos trabajadores permanecerán cuando terminen las obras, de dónde saldrá toda la electricidad o qué sistema se empleará para impedir que los servidores se sobrecalienten.

El 3 de agosto de 2026, el presidente del Principado, Adrián Barbón, presentó en Salas el proyecto Digital Valley Asturias, un campus promovido por Sales For You Consulting (S4U). Si se cumple el calendario, ocupará más de 154.000 metros cuadrados y alcanzará su capacidad máxima a finales de 2030. Antes deberá completar su tramitación y obtener las autorizaciones necesarias, además de la consideración de proyecto de interés estratégico regional a la que aspiran sus promotores.

Una estimación de PwC calcula que el complejo aportará 4.177 millones de euros al producto interior bruto asturiano durante veinte años, tendrá un impacto fiscal acumulado de 753 millones y generará 1.318 empleos anuales. El informe completo no se ha hecho público. La documentación oficial tampoco identifica quién lo encargó ni explica qué supuestos utiliza sobre la ocupación del campus, el ritmo de construcción, los salarios o los multiplicadores empleados para calcular los efectos indirectos. Las cifras, por tanto, no pueden someterse todavía al mismo escrutinio que el resto del proyecto.

Barbón definió el campus como una instalación que “será una puerta al futuro” y permitirá “situar Asturias en el atlas de las grandes infraestructuras digitales”. La empresa comparte ese relato. En declaraciones recogidas por la publicación especializada Data Center Dynamics, el socio fundador de Digital Valley, Armando Layna, describió los centros de datos como las “grandes refinerías de la economía digital”.

El consejero de Ciencia, Industria y Empleo, Borja Sánchez; el presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón; el socio fundador de Digital Valley, Armando Layna, y la responsable de PWC, Esther Lozano.

Fábricas detrás de la nube

La comparación no es casual. Detrás de cada vídeo, trámite administrativo, transferencia bancaria, archivo almacenado a distancia o respuesta de una inteligencia artificial hay servidores trabajando en algún lugar. La nube no elimina esa infraestructura física, sino que la aleja de la vista. Un centro de datos es un edificio industrial que necesita fibra óptica, subestaciones, baterías, generadores de emergencia y sistemas duplicados para evitar interrupciones.

La electricidad que reciben los servidores termina convertida en calor. Para mantenerlos funcionando hay que expulsarlo mediante aire, agua, líquidos refrigerantes o una combinación de sistemas. Los 120 megavatios anunciados en Salas corresponden a la capacidad informática, no a la demanda eléctrica total, que también incluirá la refrigeración y otros servicios auxiliares.

La documentación difundida no concreta el sistema de refrigeración ni el consumo de agua. Layna afirmó que estas instalaciones utilizan “el mismo volumen que cualquier circuito cerrado de refrigeración”, pero esa descripción no permite saber cómo se expulsará el calor, si habrá evaporación o cuánta agua deberá reponerse. Tampoco se ha anunciado un aprovechamiento del calor residual, aunque el promotor ha defendido en otros proyectos su utilización en hospitales, lavanderías o industrias.

También faltan piezas empresariales. S4U se define como un socio estratégico de ventas que conecta fabricantes, integradores y proveedores del sector. Es la promotora, pero no una gran operadora equiparable a Amazon Web Services, Microsoft o Google. Hasta ahora no se han identificado públicamente el operador, los clientes ni la estructura financiera. Los 1.226 millones están anunciados, no ejecutados.

“El debate que hay que tener es si hay que tenerlos, cuántos y dónde”

No toda la demanda digital es igual

Para Layna, estas infraestructuras responden a una demanda creada por la sociedad. En una mesa redonda publicada por Interempresas en abril de 2025, sostuvo que “el que consume es el usuario”: los servidores trabajan porque alguien ve una película, almacena información, utiliza una plataforma empresarial o recurre a la inteligencia artificial.

Manuel García Domínguez, investigador predoctoral FPU en la Universidad Carlos III de Madrid y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), estudia los impactos ecosociales de estas instalaciones. Es también coautor, junto con Lorién Jiménez Martínez, de una investigación publicada en 2025 sobre los centros de datos aragoneses. “Los nuevos centros de datos de hiperescala no responden a la necesidad habitual de las tecnologías digitales”, advierte.

Hospitales, universidades o administraciones necesitan capacidad informática, pero eso no convierte en imprescindible cualquier ampliación. “No se puede distinguir, porque no es información pública, qué cantidad de energía se dedica a cosas que consideramos valiosas”, señala García Domínguez. Para el investigador, la escala, la propiedad y la finalidad son esenciales: no tiene el mismo sentido un pequeño centro público que un campus privado cuyo uso final se desconoce.

Incluso Luis García Valverde, activista de Ecologistas en Acción y mucho más rotundo en su crítica, reconoce esa diferencia. “El debate que hay que tener es si hay que tenerlos, cuántos y dónde”, afirma. La utilidad de un centro sanitario puede ser mayor que la de otro dedicado a generar contenidos masivos mediante inteligencia artificial, aunque su finalidad no elimine sus impactos.

Ayuntamiento de Salas.

El empleo después de las obras

Construir un centro de datos necesita durante años arquitectos, ingenieros, transportistas, electricistas y empresas auxiliares. Mantenerlo requiere bastantes menos personas. Esa diferencia permite que alrededor de un mismo proyecto convivan anuncios laborales elevados y plantillas permanentes reducidas.

La estimación de PwC atribuye a Digital Valley Asturias 120 empleos directos, 962 indirectos y 236 inducidos. No detalla durante cuánto tiempo existiría cada puesto, cuáles corresponderían solo a la obra ni cuántos trabajadores permanecerían físicamente en Salas.

“Es una forma de contabilidad creativa, de contar algunos datos de manera que parezca que siempre son más”, critica Luis García. García Domínguez propone relacionar los puestos con la potencia reservada: “Calculamos la tasa de empleo por megavatio, es decir, cuántos empleos se generan por el número de enchufes que acaparan”.

Según la documentación con la que trabaja, los grandes centros en funcionamiento se sitúan en algunos casos entre 0,16 y 0,25 puestos por megavatio, mientras las previsiones empresariales suelen elevar la proporción hasta 0,8 o un empleo. Los 120 puestos directos anunciados para los 120 megavatios informáticos de Salas encajan en esa segunda horquilla.

El investigador pide además distinguir cuántos serán empleos presenciales, a jornada completa, cualificados y ocupados por residentes. Algunos técnicos atienden varias instalaciones y solo se desplazan cuando hay una incidencia, por lo que pueden aparecer asociados a un centro sin formar parte de su plantilla cotidiana.

Aragón, tres años después

La experiencia de Aragón permite observar cómo evoluciona esa promesa. A finales de 2022, AWS puso en funcionamiento tres centros en Villanueva de Gállego, El Burgo de Ebro y Huesca. La compañía auguró un “ecosistema digital local” y nuevas cadenas de valor.

En septiembre de 2023, El Periódico de Aragón constató que el impacto laboral y económico local todavía era limitado. Amazon no facilitaba su plantilla directa y fuentes externas la estimaban entre 50 y 75 personas por instalación, un dato que la multinacional no confirmó. Los 1.300 empleos anunciados eran puestos “apoyados” durante diez años, incluyendo construcción, materiales y servicios, no contrataciones directas.

Aquel primer balance no puede ser la última palabra. En 2024, AWS anunció una ampliación de 15.700 millones y en marzo de 2026 añadió otros 18.000 millones, hasta elevar a 33.700 millones la inversión prevista en España hasta 2035, concentrada principalmente en Aragón. La compañía también proyecta una fábrica de ensamblaje de servidores, otra de fabricación y reparación de equipos de inteligencia artificial y un almacén logístico.

AWS calcula ahora que sus inversiones apoyarán en Aragón una media de 13.400 empleos equivalentes a tiempo completo al año, de los que 4.200 estarían vinculados a la inversión directa. Pero esta categoría sigue incluyendo trabajadores de la construcción, proveedores y personal de seguridad, además de técnicos de los centros. Las nuevas instalaciones de la cadena de suministro aportarían, según la compañía, unos 1.800 empleos cuando estén plenamente operativas.

Sí existen indicios de actividad local. AWS señala el caso de Alan Commissioning, empresa aragonesa especializada en pruebas de infraestructuras que cuenta con 65 profesionales. Sin embargo, la multinacional continúa sin publicar la plantilla permanente actual de sus tres centros operativos. Tres años después, la experiencia aragonesa presenta un balance más complejo: hay nuevas inversiones y proveedores especializados, pero buena parte del empleo continúa siendo una previsión ligada a futuras obras y expansiones.

“Frente a su relato está la experiencia”, sostiene Luis García, que reclama comprobar las estimaciones después de cada apertura. “No solo hace falta el desglose, sino la posterior verificación de si esos datos se están cumpliendo”.

El precio de reservar la red

La electricidad es uno de los principales factores para decidir dónde se instala un centro de datos. No basta con que un territorio produzca renovables: también debe existir capacidad para transportar la energía de manera continua. Para Luis García, esa presión constituye el mayor problema. “Son agujeros negros de energía”, afirma.

El activista teme que la potencia reservada dificulte la electrificación de fábricas, transportes y otras actividades que aún dependen de combustibles fósiles. García Domínguez utiliza el concepto de “gentrificación energética” para describir el acaparamiento de la red por proyectos capaces de reservar grandes cantidades de potencia. “Los centros de datos generan empleo, pero es muy poco respecto a la energía que consumen”, argumenta.

La empresa ofrece una lectura opuesta. Durante la presentación de la consultora Corevia, en julio de 2026, Layna sostuvo que los grandes consumidores pueden dar una demanda estable a las energías limpias. “Los centros de datos no son el problema, son la solución, porque al final somos los grandes consumidores de esa energía renovable”, afirmó.

La diferencia depende de si se construyen nueva generación, almacenamiento y redes suficientes o si el campus ocupa una capacidad ya escasa. Para situar Salas en uno de esos escenarios todavía faltan la potencia concedida, las infraestructuras necesarias y el origen real de la electricidad. Los 350 paneles solares incluidos en el proyecto tampoco cuentan con una producción estimada públicamente.

Agua o electricidad

La refrigeración obliga a elegir entre sistemas que reducen el agua a cambio de gastar más electricidad y soluciones evaporativas más eficientes, pero que necesitan reponer el líquido perdido. “Siempre hay un compromiso entre agua y energía”, explica Luis García. “Si un centro presume de su bajo consumo hídrico, sabemos que hay que mirar la energía, y al revés”.

Un circuito cerrado reutiliza el fluido interior, pero no determina cómo se expulsa el calor. Puede hacerlo mediante equipos secos o mediante torres que favorecen la evaporación. El clima asturiano permite usar aire exterior durante parte del año, una técnica conocida como free cooling que reduce la refrigeración mecánica. García Domínguez reconoce esa ventaja, aunque advierte de que puede disminuir si se escoge un sistema seco con mayor consumo eléctrico.

En Digital Valley Asturias no se han publicado los indicadores previstos de eficiencia energética e hídrica ni la cantidad o procedencia del agua. “Lo que queremos saber es cuánta agua, cuándo se va a consumir y dónde”, resume Luis García. A esos impactos se añaden el calor expulsado, el ruido de los ventiladores y las pruebas periódicas de los generadores de emergencia.

Pozu San Jorge, Aller. Foto: Patrimoniu Industrial.

Del carbón al dato

La estrategia asturiana no comenzó con Salas. En julio de 2024, el Principado y el Clúster TIC impulsaron la agrupación Asturias Data Center para atraer inversiones. El Gobierno señala como ventajas el suelo industrial, el agua, la electricidad, la fibra óptica y las antiguas explotaciones mineras. “Tenemos agua, espacios ociosos, algunos con acometidas eléctricas en uso”, resumió Iván Aitor Lucas, entonces director general de Innovación, en una nota oficial difundida por el Ejecutivo el 4 de julio de 2024.

En aquella misma comunicación institucional, Lucas calificó como “punta de lanza” de la estrategia el centro público proyectado en el antiguo pozo San Jorge, en Caborana, dentro del concejo de Aller. Se instalará en los edificios exteriores de la mina y aprovechará sus conexiones eléctricas, la proximidad de la red Asturcón y el agua bombeada desde las galerías. Su objetivo es alojar información de la Administración y servir de base para una nube pública asturiana.

Su escala es muy distinta. Frente a los 120 megavatios informáticos de Digital Valley Asturias, las primeras estimaciones situaban San Jorge en torno a 0,4 megavatios. También cambia la finalidad: uno es un gran campus privado que todavía busca operadores y clientes; el otro nace para cubrir necesidades públicas identificadas.

A García Domínguez, el proyecto minero le parece “infinitamente más interesante” porque reutiliza suelo e infraestructuras ya transformadas, tiene un objetivo público y reduce su escala. Luis García se muestra más prudente. Considera interesante estudiar el aprovechamiento de las minas, pero evita pronunciarse sin conocer los consumos y la utilidad final. “Lo primero son los papeles por delante”, reclama.

En otra nota oficial, publicada el 26 de marzo de 2025, Lucas, entonces viceconsejero de Ciencia, resumió la transformación buscada para San Jorge con una frase: “Pasaremos de la economía del carbón a la economía del dato”. Bajo esa misma economía caben, sin embargo, modelos muy diferentes. La discusión no consiste únicamente en aceptar o rechazar los centros de datos, sino en decidir cuántos, de qué tamaño, para qué usos y a cambio de qué. Como resume Luis García, “frente al alarmismo, los datos”.ativran

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