Un estudio del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC) concluye que la percepción del conflicto entre el lobo y los ganaderos varía de forma significativa en función de la realidad local y de la intensidad de los daños, por lo que no existen soluciones universales para gestionar la convivencia con esta especie en España.
El trabajo, realizado por investigadores del Grupo de Investigación en Ecología y Gestión de Fauna Silvestre del IREC junto a científicos del CIRAD y del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC, ha analizado las percepciones de los ganaderos a escala nacional y regional, según ha dado a conocer este viernes el IREC.
Para ello, los investigadores realizaron una encuesta en línea a 125 ganaderos de toda España y completaron el estudio con entrevistas presenciales a 34 ganaderos de Guadalajara y 30 de La Rioja, dos territorios de expansión del lobo con diferente intensidad de conflicto.
Guadalajara fue considerada una zona de bajo conflicto, con 0,49 ataques de lobo al ganado al año por cada 100 kilómetros cuadrados, principalmente sobre ganado bovino, mientras que La Rioja presenta una tasa diez veces superior, de 4,91 ataques, con el ganado ovino como principal afectado.
A escala nacional, el estudio revela que los ganaderos declaran sufrir daños por depredación tanto en territorios con presencia estable de lobos como en zonas donde la especie no está presente de forma permanente.
En las áreas con presencia estable, el lobo es señalado como responsable del 54,4 % de los ataques, mientras que en las zonas sin presencia estable el principal sospechoso es el zorro, al que se atribuye el 15,2 %. No obstante, un 13 % de los ganaderos de estas últimas áreas también atribuye sus pérdidas al lobo, algo que los investigadores relacionan con la posible presencia de ejemplares solitarios o en dispersión.
La presencia de lobos también tiene un reflejo económico. Los ganaderos de territorios con presencia estable destinan de media el 38,3 % de sus gastos anuales a medidas preventivas, frente al 23,7 % de quienes desarrollan su actividad en zonas sin presencia estable.
Cuando el análisis se traslada al ámbito regional, las diferencias se hacen más evidentes. El 76,4 % de los ganaderos de La Rioja identifica el conflicto principalmente como económico, mientras que en Guadalajara, donde la intensidad de los ataques es menor, adquiere mayor peso el impacto psicológico: el 44,1 % señala el estrés y el temor constante como consecuencias relevantes.
Los investigadores consideran que estos resultados ponen de manifiesto la necesidad de adaptar las políticas de gestión a las características de cada territorio.
Entre las recomendaciones figura mantener ayudas recurrentes para las medidas de prevención, como mastines o cercados, en lugar de limitar el apoyo a su adquisición inicial; agilizar y simplificar el pago de las compensaciones por daños y reforzar la participación de los ganaderos en el diseño y evaluación de las políticas para recuperar la confianza en las instituciones.



























