En el marco de la segunda edición del festival Pan y Roses —que se celebra este fin de semana en el espacio Kuivi Almacenes de Oviedo—, la escritora y politóloga Layla Martínez ofrecerá la charla “Historia política del género de terror”, una cita programada para el domingo a las 18:00 horas. Esa violencia estructural y ese terror que permea la memoria de las clases populares pocas veces encuentra acomodo en el ensayo académico tradicional. Para entender dónde se alojan esos fantasmas, el lector debe acudir a la ficción de género.
Martínez (Madrid, 1987) se ha consolidado en los últimos años como una de las voces más incisivas del panorama literario e intelectual contemporáneo. Su primera novela, “Carcoma” no solo supuso un fenómeno de ventas y crítica —traducida a más de diez idiomas y adaptada al teatro—, sino que redefinió el uso del folclore y las casas encantadas en la narrativa en castellano. En sus páginas, los espectros y la violencia sobrenatural no surgen del vacío ni del mero golpe de efecto, sino que son la manifestación de la rabia acumulada por generaciones de mujeres de clase trabajadora, la represión franquista y las heridas no cicatrizadas de la Guerra Civil.
Sin embargo, el vínculo entre el miedo y el poder viene de lejos. En su intervención dentro de Pan y Roses, la autora desgranará cómo el género de terror ha funcionado como un espejo deformante de los conflictos sociales, económicos y de género de cada época. Desde las primeras novelas góticas del siglo XVIII —que canalizaban las ansiedades de la burguesía frente al colapso del Antiguo Régimen— hasta el folk horror o el cine de monstruos del siglo XX, el miedo codificado en la cultura popular ha servido tanto para apuntalar el orden establecido como para subvertirlo.
Organizado por la editorial Hoja de Lata y la Dirección General de Agenda 2030 del Principado, Pan y Roses propone un espacio de pensamiento donde la literatura se cruza con el compromiso social. La charla de Layla Martínez promete ser una de las paradas clave de la jornada del domingo para comprender cómo las historias que nos asustan por la noche dicen mucho más sobre nuestras estructuras de poder que cualquier tratado de teoría política.



























