El miércoles por la tarde, mientras Marruecos votaba, la periodista Sonia Moreno estaba en Mieres hablando precisamente del país al que dedicó más de una década de su vida profesional. La periodista ovetense presentó Marruecos, un vecino incómodo en la Casa de Cultura Teodoro Cuesta, en un acto de Amigos de Mieres en el que participó Diego Díaz, director de NORTES. Apenas unas horas después, las urnas añadían una nueva pieza al retrato de ese vecino que Moreno considera todavía mal conocido desde España: el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), surgido del entorno próximo al Palacio, se imponía con 97 escaños y la participación caía hasta el 38,08 %, casi trece puntos por debajo de la registrada en 2021.
Pero las elecciones son solo una parte de un momento especialmente delicado en la relación entre ambos países. Ceuta continúa viviendo las consecuencias de la entrada de más de 72.000 personas desde Marruecos a finales de julio, mientras la frontera volvió a ser blindada esta misma semana ante las convocatorias difundidas en redes sociales para intentar nuevos cruces coincidiendo con los comicios.
Moreno conoce Marruecos desde dentro. Fue corresponsal en el Magreb durante más de una década y trabajó desde Rabat y Tánger para medios como Público, la Cadena SER, El Español o elDiario.es. Ese conocimiento atraviesa una conversación en la que las elecciones sirven como punto de partida para hablar de la desafección de una generación de jóvenes marroquíes, de la crisis de Ceuta, del poder real de la monarquía, de la dependencia española de Rabat, del Sáhara Occidental y de una estrategia económica y diplomática marroquí que, sostiene Moreno, España lleva demasiado tiempo sin mirar de frente.

El miércoles habló en Mieres de “Marruecos, un vecino incómodo”. ¿España sigue sin saber cómo relacionarse con Marruecos?
Lo estamos viendo. España va tanteando. En 2025, por ejemplo, el PSOE votó en contra de la iniciativa sobre la nacionalidad saharaui que había presentado Sumar y el PP votó a favor; ahora el PP vota en contra y el PSOE a favor. En 2021 vimos cómo el Gobierno hizo frente a Marruecos cuando entraron 12.000 personas en dos días y ahora han entrado más de 70.000 y se le sigue la corriente. Se va tanteando porque Marruecos sigue siendo bastante desconocido. Lo hemos subestimado, lo hemos mirado con gafas occidentales o simplemente no nos hemos preocupado. Hemos pensado durante mucho tiempo en nuestro vecino del sur como un país subdesarrollado o en vías de desarrollo. Y ahora nos encontramos con Tánger Med, con Nador West Med, con el puerto de Dajla Atlantic frente a Canarias y con todo un desarrollo económico y de infraestructuras que no hemos querido mirar. Lo mismo sucede con Ceuta y Melilla. Durante años fueron lugares muy olvidados desde el centro de España mientras Marruecos desarrollaba su parte y, después, cerraba la frontera y eliminaba actividades como el porteo de las que dependía mucha gente. Juan Jesús Vivas reconocía hace poco que Marruecos había asfixiado económicamente a Ceuta.
¿Diría que el problema ha sido que España solo mira a Marruecos cuando estalla una crisis?
Ahora empezamos a darnos cuenta de las alianzas que tiene Marruecos, del trabajo diplomático que ha hecho, de su desarrollo económico y de las infraestructuras que ha construido. Eso no quiere decir que no tenga enormes problemas internos. Es también un polvorín y eso se traduce en lo ocurrido en Ceuta: de vez en cuando se abre una válvula para evitar que todo estalle dentro. Y existe además una falta de respeto a los derechos humanos y a las libertades individuales. Mientras mirábamos a Ceuta y a las elecciones, apenas hemos hablado de lo que ha sucedido estas últimas semanas en Marruecos, con detenciones y hostigamiento contra movimientos que pedían el boicot electoral. Por un lado, Vía Democrática, republicana y partidaria de la independencia del Sáhara; por otro, Justicia y Caridad, el principal movimiento islamista del país, que cuestiona la condición de Mohamed VI como comendador de los creyentes. Son organizaciones que cuestionan aspectos fundamentales del sistema y sus militantes han sufrido hostigamiento y detenciones. Ya ocurrió también con la generación Z el año pasado. En Marruecos, salir a la calle para cuestionar determinadas cosas puede terminar con condenas muy duras.
“Las organizaciones que cuestionan abiertamente la monarquía o defienden la independencia del Sáhara tienen enormes dificultades para participar en el sistema o directamente quedan fuera de él.”
Con los resultados electorales ya sobre la mesa, ¿qué nos dicen estas elecciones sobre el Marruecos actual?
Nos hablan de hartazgo y de una población joven que está muy descontenta. Fíjese en la participación: en 2011 fue del 45,4 %; en 2016, del 42,29 %; en 2021 superó el 50 % y ahora se ha quedado en torno al 38 %. Es la participación más baja de las últimas elecciones legislativas y eso ya nos está diciendo muchas cosas. Pero hay otro elemento importante. Esa es la participación oficial entre los electores registrados, mientras que una parte muy importante de la población en edad de votar ni siquiera está inscrita. Es decir, hay mucha gente que ya de partida no tiene intención de acudir a las urnas. Y estamos hablando además de un país fundamentalmente joven.
¿Qué significa que una parte tan importante de la juventud ni siquiera se sienta llamada a participar en el sistema político?
Esa juventud ha salido a la calle para reclamar mejores hospitales, mejor educación, menos desigualdad y que el dinero público no se dedique a determinados grandes proyectos mientras persisten esas carencias. De cara a 2030 se están transformando zonas enteras y levantando hoteles e infraestructuras de lujo mientras existe una enorme concentración de poder y de riqueza. Las protestas que hemos visto tienen además precedentes claros en la Primavera Árabe. El 20 de febrero de 2011 la gente salió a la calle y el rey anunció después una reforma constitucional. Se celebró un referéndum el 1 de julio y se aseguró que aquella reforma iba a reducir el poder del monarca. Quince años después seguimos con una enorme concentración de poder alrededor del rey. Es verdad que ahora debe nombrar al jefe del Gobierno dentro del partido que obtiene más escaños, pero conserva competencias y una influencia decisiva en áreas fundamentales del Estado. El partido más votado ahora ha sido el PAM, el Partido Autenticidad y Modernidad, impulsado en su origen por Fouad Ali El Himma, amigo de infancia de Mohamed VI y uno de los hombres más próximos al Palacio. Además, poco antes de las elecciones entró en ese partido Fouzi Lekjaa, presidente de la Federación de Fútbol y una figura con muchísimo peso institucional. Yo ya planteé entonces que podía acabar teniendo un papel político de primer nivel. En la anterior legislatura ganó el RNI, también muy próximo al Palacio, y Mohamed VI nombró a Aziz Akhannouch, uno de los hombres más ricos de Marruecos y que llevaba muchos años formando parte de distintos gobiernos. Hay muchos partidos y los gobiernos suelen ser de coalición, pero existen líneas rojas que las fuerzas que participan en el sistema no cuestionan: la monarquía, el Sáhara o determinados aspectos religiosos. Las organizaciones que cuestionan abiertamente la monarquía o defienden la independencia del Sáhara tienen enormes dificultades para participar en el sistema o directamente quedan fuera de él.

¿Hay relación entre esa desafección juvenil y lo que vimos este verano en Ceuta, con miles de personas intentando salir de Marruecos?
Claro. Parte de la gente que ha llegado a Ceuta pertenece generacionalmente a esos mismos jóvenes que salieron a protestar. Este fin de semana se cumple precisamente un año de aquellas movilizaciones de la generación Z. Hubo una fuerte represión, menores detenidos, miles de arrestos y condenas muy elevadas. El movimiento quedó prácticamente desarticulado en muy poco tiempo. Después, muchos jóvenes comenzaron también a organizarse a través de las redes sociales para intentar entrar corriendo en Ceuta aprovechando algún momento en el que se relajara la vigilancia: una festividad, un momento de tensión con España o cualquier otra circunstancia. Ya lo habían intentado anteriormente y Marruecos lo evitó. El 15 de agosto volvieron a intentarlo y también lo impidió. La pregunta es por qué el 30 y el 31 de julio no ocurrió lo mismo, sobre todo cuando el día 30 ya se sabía perfectamente qué estaba pasando. El día 31 había personas desplazándose hacia la frontera desde Casablanca y otros lugares situados a cientos de kilómetros. En Marruecos existen numerosos controles y checkpoints. Por eso considero que hubo permisividad.
¿Qué le hace hablar de permisividad y no simplemente de un fallo de control?
Desde la pandemia Marruecos mantiene una especie de frontera adelantada antes de llegar al Tarajal, en la zona de Castillejos. Por un lado está la montaña, por otro el mar y en medio existe presencia policial. La pregunta es por qué aquel control no funcionó esos días. El rey estaba celebrando la Fiesta del Trono a unos 40 kilómetros, en Rincón, y las autoridades sabían ya lo que sucedía. Yo entrevisté a una mujer de origen musulmán que estaba allí. Me contó que, mientras viajaba desde Ceuta hacia Rincón, empezó a encontrarse una situación que parecía una estampida, con muchísima gente corriendo en dirección a Ceuta. Cuando llegó a su hotel, incluso algunos trabajadores se habían marchado hacia la frontera. Era un hotel situado junto al Palacio Real. También me explicó que durante el recorrido habitual para saludar a las autoridades suele haber población civil y aquella vez prácticamente no quedaba nadie. Si había tanta policía concentrada en aquella zona, ¿por qué no se desplazó hacia la frontera? ¿Por qué hubo que esperar para ver el enorme dispositivo que apareció después, con gases lacrimógenos, cañones de agua y una represión durísima? Entre quienes permanecen en Ceuta hay además muchos menores y gente muy joven. Marruecos tiene una población con una edad media muy baja y existe un descontento generalizado.
¿Pero estamos hablando fundamentalmente de jóvenes que buscan una oportunidad económica?
No es únicamente una cuestión económica, aunque evidentemente muchos buscan mejores condiciones de vida. Hay también personas que pueden encontrarse en situaciones susceptibles de protección internacional: homosexuales perseguidos por su orientación sexual, mujeres que huyen de la violencia, personas perseguidas por sus convicciones religiosas o por abandonar la religión. Existen importantes restricciones a las libertades individuales relacionadas con la sexualidad, la religión o la propia vida privada. No vienen de una guerra como la de Sudán, evidentemente, pero sí de un país donde determinados derechos fundamentales no están garantizados como en un Estado democrático europeo. Tenemos saharauis encarcelados, activistas rifeños, jóvenes de la generación Z. Existe además un grave problema de libertad de expresión y de prensa. Algunos periodistas encarcelados fueron indultados, pero siguieron sufriendo hostigamiento y muchos periodistas independientes han terminado viviendo fuera. Eso provoca también un enorme silencio informativo. ENTREVISTA SONIA MORENO
“No solamente dependemos de Marruecos en materia migratoria. También existe cooperación contra el narcotráfico y contra el terrorismo.”
Usted ha defendido que detrás de la entrada masiva de julio hubo intencionalidad política. Con todo el cruce de informaciones que ha habido, ¿qué sabemos realmente y qué sigue siendo una interpretación?
Yo no compro en absoluto la explicación de las mafias. No considero que estemos ante una operación organizada por mafias. Marruecos ejerce un control enorme sobre su territorio. Se vio lo que hizo posteriormente y se ha visto también en otros intentos de entrada. Para mí existe una intencionalidad política clara. Otra cuestión relacionada con todo esto es la posible visita del rey Felipe VI a Ceuta. Se ha dicho que el rey puede desplazarse a las comunidades y ciudades españolas que quiera, pero yo tengo una entrevista grabada en la que desde el Palacio Real me explicaron que los desplazamientos se coordinan con el Ministerio de Asuntos Exteriores. Existe un enlace entre la Casa Real y Exteriores. Si Felipe VI va a Ceuta, por tanto, ese viaje estará consensuado con el Gobierno. Y habrá que preguntarse por qué va, en qué condiciones y qué mensaje lleva. En 2007, cuando Juan Carlos I y la reina Sofía visitaron Ceuta y Melilla, se abrió una importante crisis diplomática con Marruecos. Rabat lleva mucho tiempo dejando clara su posición sobre las visitas reales a las ciudades autónomas. Por eso decía en la charla de Mieres que habrá que observar las condiciones de esa eventual visita y qué dice Felipe VI. Si finalmente va, creo que Marruecos conocerá previamente en qué términos se produce.
España necesita a Marruecos para controlar la frontera, pero al mismo tiempo le exige que responda cuando ese control falla. ¿Hasta qué punto esa necesidad condiciona la política española hacia Rabat?
La condiciona, y condiciona también a Europa. La Unión Europea aporta dinero para el control migratorio y existe desde hace mucho tiempo una política de externalización de fronteras, como sucedió también con Turquía. Y esa externalización ya no termina en Marruecos. Se ha desplazado hacia Mauritania y el Sahel. Muchas embarcaciones precarias salen ahora desde la costa atlántica africana. Siguen existiendo salidas desde el sur de Marruecos o desde el Sáhara Occidental, pero no en las mismas condiciones que durante otras crisis. Por el Estrecho prácticamente no salen y las entradas terrestres se producen a cuentagotas. Hay un control férreo y una parte de ese control lo realiza Marruecos con financiación europea. Desde ese punto de vista dependemos de ellos.
¿Esa dependencia va mucho más allá de la inmigración?
No solamente dependemos de Marruecos en materia migratoria. También existe cooperación contra el narcotráfico y contra el terrorismo. Estamos hablando de un país situado a 14 kilómetros de España y, por tanto, de Europa. España tiene una situación particular porque es el país europeo que mantiene una relación más directa con Marruecos, pero esto ya no es solamente un problema bilateral. España también actúa como frontera exterior de la Unión Europea. En la charla de Mieres alguien decía que Marruecos tiene la sartén por el mango. Su posición geográfica en el Estrecho es extraordinariamente estratégica y además ha sabido construir relaciones con Estados Unidos, Israel, Reino Unido, Rusia o China según sus intereses. China está desarrollando grandes proyectos en el entorno de Tánger. Marruecos puede mantener una relación muy estrecha con Estados Unidos y al mismo tiempo conservar vínculos con Rusia. Y existen enormes intereses internacionales en puertos como Nador West Med o Dajla Atlantic. Marruecos ha trabajado poco a poco mientras nosotros mirábamos hacia otro lado. Y muchas de estas cosas no son secretas: están aprobadas oficialmente o han sido anunciadas por el propio rey. ENTREVISTA SONIA MORENO

¿Y qué lugar ocupa el Sáhara Occidental en toda esa estrategia?
Un ejemplo es la delimitación de sus aguas marítimas aprobada en 2020. Ahora existen empresas interesadas en explotar recursos en zonas vinculadas al Sáhara Occidental. Todo eso conecta también con el espacio marítimo y aéreo. Marruecos quiere que España dé un paso más respecto al Sáhara Occidental. No le basta con que España considere su propuesta de autonomía como la base más seria para una solución: quiere avanzar hacia un reconocimiento de soberanía y también pretende asumir competencias sobre el espacio aéreo del Sáhara que actualmente se gestiona desde Canarias. Ha creado además infraestructuras de control aéreo en la zona y aspira a gestionar directamente ese espacio. Pero necesita también seguridad jurídica para atraer inversiones. Las sentencias europeas de octubre de 2024 establecieron límites a los acuerdos entre la Unión Europea y Marruecos cuando afectan al Sáhara Occidental sin el consentimiento del pueblo saharaui. Eso es fundamental porque las empresas no van a asumir inversiones enormes si después existe el riesgo de que los tribunales europeos invaliden los acuerdos que permiten desarrollarlas. Para Marruecos esas resoluciones constituyen, por tanto, un problema importante en sus relaciones con España y con la Unión Europea, precisamente cuando existen compañías internacionales interesadas en invertir en la zona.
Las elecciones cambian el Parlamento y el Gobierno, pero ¿qué capacidad tiene realmente un Gobierno marroquí para cambiar las grandes líneas del país sin el rey y sin el Palacio?
Muy poca. El rey concentra competencias fundamentales y alrededor de él funciona el Majzén, una red de poder que atraviesa prácticamente todos los sectores del país. Por eso considero que el próximo jefe del Gobierno será alguien muy próximo al Palacio. El partido más votado es además una formación que nació desde ese entorno. Con el PAM el Palacio puede incluso reforzar su posición. El RNI, que gobernaba anteriormente, también estaba muy vinculado a la Casa Real, pero el PAM fue impulsado desde el entorno de Mohamed VI y nació, entre otras cosas, como contrapeso al crecimiento que habían experimentado los islamistas. Por eso no creo que estas elecciones produzcan un cambio profundo en el reparto real del poder. Otra cuestión distinta es que puedan existir grietas y enfrentamientos internos dentro del propio sistema. El grupo o persona que utiliza el nombre de Jabaroot y que ha difundido numerosas filtraciones sobre Marruecos sostiene que lo ocurrido en Ceuta fue impulsado por responsables muy próximos al Palacio y a los aparatos de seguridad sin conocimiento directo del rey. Esa es su versión y hay que tratarla como tal. También puede interpretarse como una narrativa destinada a proteger la figura de Mohamed VI y desvincularlo de determinadas actuaciones, algo que ya hemos visto en otros asuntos. Lo que yo sostengo es que para que ocurriera lo que ocurrió en Ceuta tuvo que existir capacidad de decisión dentro de los aparatos del Estado. Otra cuestión es determinar a qué nivel se tomó esa decisión y hasta dónde llegó el conocimiento del rey. Las luchas internas dentro de la monarquía marroquí tampoco serían algo extraordinario históricamente. Hassan II sufrió dos intentos de golpe de Estado. Por tanto, puede haber personas con muchísimo poder dentro del sistema enfrentándose entre sí e incluso perjudicando los intereses del propio monarca. Eso es lo que sostiene Jabaroot. No sabemos con certeza si detrás de ese nombre existe una persona o un grupo. Lo que puedo decir es que yo seguía su canal de Telegram antes de que lo cerraran y algunas de las informaciones cuya publicación había anunciado efectivamente terminaron apareciendo. También ha asegurado poseer información relacionada con Pegasus que afectaría a España.
Después de haber vivido diez años en Marruecos y de llevar ya varios años observándolo desde fuera, ¿qué se ve mejor desde la distancia y qué se entiende peor?
A nivel periodístico siento muchísima más libertad. Ya no estoy pensando que, si publico determinadas cosas, después no me van a dejar entrar en el país. Desaparece una parte de la autocensura. A nivel personal es mucho más doloroso. Marruecos es mi segundo país. Viví allí muchos años, tengo relaciones personales y amigos y construí allí una parte de mi vida. Es muy duro ver las circunstancias en las que se encuentran algunos compañeros periodistas. Por lo demás, no veo un Marruecos completamente diferente del que veía cuando estaba allí. Ya entonces veía un país a dos velocidades y un enorme polvorín interno. Lo que cambia es la perspectiva desde la que lo cuento y cómo lo vivo personalmente. Yo cubrí las elecciones de 2021 y continué entrando en el país después. Lo que sí percibo ahora es todavía más represión, no porque antes no existiera o yo no la viera, sino porque creo que está aumentando. También veo que Marruecos actúa con una seguridad cada vez mayor. Desde 2020 la gente empezó a comprender mejor la profundidad de sus relaciones con Estados Unidos e Israel, pero existen otras alianzas que todavía conocemos mucho menos. En España ahora se habla más de Marruecos y probablemente se conoce algo mejor, pero también hay demasiada gente escribiendo sobre el país sin suficiente conocimiento. Existe mucho copia y pega, mucha información sin contexto y una falta importante de especialistas. Algo parecido ha ocurrido tradicionalmente con los asesores del Gobierno. Creo que ahora están mejor asesorados que antes, pero sigue existiendo un enorme desconocimiento del Magreb. Y de ese desconocimiento nacen también muchos estereotipos y muchos miedos. Con Ceuta estamos viendo auténticas barbaridades, lecturas interesadas y una enorme manipulación política. La cuestión se ha trasladado a la política española y eso contribuye también a incrementar la tensión.
¿Cree que se está informando bien en España sobre todo este asunto?
No. España debería tomarse mucho más en serio quién participa en determinados espacios públicos y qué intereses puede representar. Hay personas con posiciones completamente alineadas con Rabat que participan con normalidad en televisiones españolas, mientras que un periodista español crítico con Marruecos tendría enormes dificultades para hacer algo equivalente allí. Eso demuestra, por una parte, la diferencia que existe en materia de libertad de expresión, pero hay que explicar esas conexiones. No podemos alimentar bulos, decir barbaridades o convertir automáticamente en opinión pública discursos de personas con intereses muy concretos. En general, me preocupa mucho el circo mediático que se está creando alrededor de Marruecos. Hay medios que incluso reproducen literalmente informaciones de otros sin citarlas. Como periodistas deberíamos preguntarnos qué estamos haciendo. La prensa es uno de los pilares de una democracia y, si pierde completamente su credibilidad, estamos deteriorando una de las instituciones fundamentales del sistema.



























