Michiko Kodama, superviviente de Hiroshima y luchadora por el desarme nuclear: “El mundo no puede olvidar”

Secretaria general de Nihon Hidankyo, la confederación de asociaciones de víctimas de la bomba atómica, ha dedicado su vida a la la lucha por la paz y la memoria.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Si uno se cruza estos días a Michiko Kodama por Asturies podría pensar que se trata de una turista japonesa de visita a Europa. Nada hace sospechar que esta entrañable mujer de 87 años es una de las últimas supervivientes del bombardeo nuclear de Hiroshima, una catástrofe que sufrió siendo niña, y que le ha dejado secuelas físicas y psicólogicas que sigue padeciendo ocho décadas más tarde. Secretaria general de Nihon Hidankyo, la Confederación Japonesa de Organizaciones de Víctimas de las Bombas A y H, galardonada en 2024 con el Premio Nobel de la Paz, este viernes interviene en las jornadas pacifistas organizadas en Xixón por Soldepaz-Pachakuti.

Kodama tenía siete años cuando una bomba nuclear cayó cerca de su escuela. De aquel 6 de agosto de 1945 recuerda las sillas y los pupitres volando por los aires, los trozos de madera incrustándose en su piel, una gran resplandor, y después perder el conocimiento. Lo peor estaba sin embargo por llegar. El dolor físico y psicológico, los problemas crónicos de salud, descubrir que muchos familiares y seres queridos habían perdido la vida en el ataque nuclear, y también la pobreza en la que el bombardeo sumió a su familia. “Mi padre estaba sufriendo de radiación y no podía trabajar. Solo pensábamos en cómo hacer para comer y sobrevivir”. Casi no había tiempo para lamentarse de las heridas.

Sin ayudas públicas de ningún tipo, el esfuerzo de la madre fue decisivo para sacar adelante a un familia a la que también se condenó, como al resto de víctimas de Hiroshima y Nagasaki, a un largo silencio tras la derrota del Japón imperial.

De aquel 6 de agosto de 1945 recuerda las sillas y los pupitres volando por los aires, los trozos de madera incrustándose en su piel, una gran resplandor, y después perder el conocimiento

“Durante 11 años tuvimos que estar callados. Después de la guerra Japón quedó bajó el dominio norteamericano y se nos impuso que no habláramos”. Los gobernantes del nuevo Japón liberal y pro-norteamericano de la Guerra Fría querían mantener buenas relaciones con su antiguo enemigo, luego ocupante y más tarde aliado, y no convenía sacar a relucir uno de los capítulos más oscuros y controvertidos del comportamiento de EEUU en la Segunda Guerra Mundial.

Aspecto de Hiroshima tras el bombardeo.

Este silencio comenzaría a romperse en 1956 con la fundación de Nihon Hidankyo, una asociación creada para luchar por la mejora de las condiciones de vida de los entonces cientos de miles de supervivientes de la gran matanza de agosto de 1945, cuando EEUU bombardeó sin piedad a la población civil de dos de las ciudades más pobladas de Japón.

Los ensayos de EEUU con bombas de hidrógeno en el atolón de Bikini, en las Islas Marshall, en 1954, fueron el detonante que reavivó en la sociedad japonesa el trauma de Hiroshima y Nagasaki. Y es que en aquellos ataques no solo murieron más de 200.000 personas. Los bombardeos norteamericanos dejaron además un reguero de heridas, mutilaciones, deformaciones, cáncer y otras enfermedades derivadas de la radioactividad. Quienes sobrevivieron a ellos, como Kodama, arrastraban además el estigma de ser hibakusha (personas bombardeadas), un término despectivo que pesaba todavía más sobre las mujeres, de las que se decía que no podían engendrar hijos sanos.

Uno de los primeros éxitos del movimiento fue reapropiarse de la palabra hibakusha, y lograr que dejara de ser denigrante para un colectivo sobre el que pesaban todo tipo de miedos, mitos y prejuicios, y que tenía problemas para encontrar un empleo, casarse o tener unas relaciones sociales normales.

Conferencia Mundial contra las Bombas Atómica y de Hidrógeno, celebrada en Nagasaki

La lucha de Nihon Hidankyo lograría en 1957 un primer avance, la Ley de Medidas Sanitarias para las Víctimas de la Bomba Atómica, ampliada en 1968 con la Ley de Medidas Especiales para las Víctimas de la Bomba Atómica. Ambas normativas se unificarían en 1995, 40 años después de Hiroshima y Nagasaki, con la Ley de Medidas Sanitarias para las Víctimas de la Bomba Atómica y la Ley de Medidas Especiales.

Las asociaciones de afectados, agrupadas en la confederación Nihon Hidankyo, no solo pelearon por pensiones, ayudas y cuidados, sino también porque los hombres y mujeres hibakusha recuperaran su autoestima, y dejaran de ocultarse y sentir vergüenza por haber sufrido los bombardeos. Kodoma recuerda la inseguridad con la que ella misma contó por primera vez su historia en público, en la escuela de su hija. “Los profesores querían explicar a los niños la guerra y me animaron a que fuera a clase y relatara mi experiencia a los estudiantes”. Aquella fue la primera de muchas charlas por todo Japón y todo el mundo, relatando su experiencia personal. Una labor pedagógica que también le ha llevado a países como Corea que sufrieron el imperialismo japonés durante la Segunda Guerra Mundial.

“Japón no es solo un país que sufrió la guerra, también la inició y provocó contra otros países” explica Kodoma sobre uno de los temas tabú en la sociedad japonesa: la responsabilidad moral del estado japonés en el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Kodoma en el Campo San Francisco de Oviedo/Uviéu. Foto: Pablo Lorenzana

De víctimas de la guerra a activistas por la paz

La lucha del colectivo Nihon Hidankyo no se quedaría solo en proteger y mejorar la vida de las personas supervivientes. Desde sus inicios el movimiento de supervivientes se convertiría también en un movimiento por la memoria de la guerra y sus víctimas, así como por la paz y el desarme nuclear. Kodoma es una firme partidaria del desarme nuclear y muestra su preocupación por el rumbo que están tomando EEUU y Rusia con Trump y Putin a la cabeza. “La ONU cada vez importa menos” lamenta esta activista de 87 años

“La ONU cada vez importa menos” lamenta esta activista de 87 años

En esta visita a Asturies la acompaña Yayoi Tsuchida, secretaria de Gensuikyo, el Consejo de Japón contra las Bombas A y H, una histórica organización pacifista fundada en 1955 para luchar por el desarme nuclear, y que ha caminado durante décadas de la mano de las organizaciones de supervivientes de la bomba atómica.

Manifestación del Nihon Hidankyo.

Este componente más político de Gensuikyo le llevó a tensiones y varias escisiones durante la Guerra Fría, entre los sectores más liberales y anticomunistas, reticentes a criticar a los EEUU, los más cercanos al Partido Socialista de Japón, partidarios de de la denuncia del militarismo de ambos bloques, y los próximos al Partido Comunista de Japón, hasta finales de los años 60 muy acrítico con los arsenales nucleares soviéticos y el papel de la URSS en la carrera armamentística. Estas crisis también se trasladarían durante años a las asociaciones de supervivientes.

Hoy el movimiento pacifista y antinuclear japonés se ha reconciliado tras años de disputas. Tsuchida, que dirige una organización con 2,5 millones de afiliados en Japón, advierte que “las armas nucleares que existen hoy en día son mucho más potentes que las que arrasaron Hiroshima y Nagasaki”. “Trabajamos presionando a los políticos para que firmen y cumplan el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, pero nuestro objetivo es la eliminación completa de las armas nucleares”.

Kodoma, que este jueves visitó el parlamento asturiano, reconoce que le sigue resultando muy duro volver a sus recuerdos, pero que lo hace porque lo considera necesario para que las nuevas generaciones “conozcan la verdadera historia y sepan cómo las armas nucleares pueden destruir la Tierra”. Su advertencia es clara: “El mundo no puede olvidar”. Mientras le queden fuerzas va a mantener su compromiso para que no sea así.


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