“El Salvador no es el país que Bukele vende hacia afuera”

Graciela Barrera, periodista salvadoreña exiliada en España, estuvo en Xixón invitada por Soldepaz-Pachakuti.

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Estela PG
Estela PG
Periodista especializada en divulgación científica y comunicación social.

Graciela Barrera (San Salvador, 1999) es comunicadora social y periodista del diario digital El Faro, el principal medio perseguido por el gobierno de El Salvador. Fue pionera en esa primera generación que hizo periodismo bajo el régimen de excepción de Bukele y, desde entonces, ha cubierto la realidad salvadoreña a través de formatos multimedia —pódcast, vídeos, reels e investigaciones audiovisuales—, con el propósito de traducir investigaciones complejas a un lenguaje accesible para toda la ciudadanía.

Tras la detención de la activista por los Derechos Humanos Ruth López, decidió exiliarse en España, donde reside desde hace cerca de un año y medio. Con las ocho horas de diferencia horaria, sigue trabajando como rostro visible de ‘El Faro’ en todas sus plataformas, coproduce el pódcast ‘El Resumen’ —una herramienta de permanencia para contar semana a semana lo que ocurre en el país—, además de guionizar investigaciones para contenido en redes sociales y YouTube.

Barrera, que participó en ‘XVII Alcuentru de Muyeres. Desarmar la seguridad: cuidados para una paz feminista’ organizado por Soldepaz Pachakuti, habló en Xixón del deterioro democrático en El Salvador, la persecución a la prensa y el impacto desproporcionado del régimen sobre las mujeres, desde su doble condición de periodista y exiliada.

¿Cómo informas sobre los temas que incomodan al régimen de Nayib Bukele? ¿Y cómo haces ese trabajo desde fuera de El Salvador?

Para mí, el pódcast que hago, más allá de ser un formato diferente y que busca ser más amigable, más cercano, también es una herramienta de permanencia; a través de él vamos semana a semana contando los pasitos que va dando la dictadura, los pequeños pasitos que fue dando en el día a día. Supone un reto diferente, porque estoy a ocho horas de diferencia de las personas con las que hablo, y es difícil contactar a los ciudadanos, para empezar, y luego que quieran hablar. Y luego están las fuentes especializadas, porque vos sabés que un periodista necesita, si va a hablar de economía, hablar con un especialista que le explique cosas que no entiende o que le dé una lectura con su conocimiento sobre lo que está pasando. Incluso estas personas han dejado de conceder entrevistas o lo hacen solo “off the record”. Vos, como periodista, tenés el compromiso de que hacés todo con la credibilidad y la transparencia que se necesita, pero no mencionar los nombres de las personas con las que hablás también supone un reto. También habrá momentos en los que hay gente muy desesperada por lo que pasa en El Salvador y te da muchísima información, y vos sabés que hay cosas que no podés poner porque lo ponés en peligro. Yo diría que es como ir malabareando cada historia, cada noticia que se reporta, porque cada una tiene su complejidad y su reto.

¿Qué papel juegan las fuentes gubernamentales, los medios afines al régimen y la desinformación? ¿Cómo lo valorarías tú?

Yo creo que los funcionarios y los medios afines al gobierno les mienten a los ciudadanos. Lo digo sin miedo. Yo, por ejemplo, no podría llamar periodistas a la gente que está diciendo cosas que solo son propaganda. Uno enciende la televisión en El Salvador —bueno, ahora lo ve en YouTube— y ve el noticiero y ve que eso es pura propaganda. Una cosa en la que siempre pienso es que hay que mirar hacia afuera, porque yo también siempre quiero hablarle a la diáspora salvadoreña, que no se entera de lo que pasa adentro y luego se piensa que en El Salvador todo está bien, porque por un lado sí es verdad que El Salvador está más seguro para algunos, pero no para todos.

El gobierno, por un lado, está diciendo que se está implementando inteligencia artificial para la salud pública. Mientras, está haciendo políticas internas donde le prohíbe a los trabajadores de salud decir que no hay medicamentos. Están despidiendo a los especialistas, los tratan mal, hay cirugías retrasadas… Y eso se lo preguntás a cualquier usuario del Seguro Social y te lo va a decir sin temor. El Seguro Social no responde y no funciona. Mientras, la propaganda del gobierno dice que se está renovando.

Graciela Barrera en Xixón. Foto: David Aguilar Sánchez

Lo mismo con las escuelas: dice que las ha reparado, que da computadoras a los niños. La ministra de Educación, que es militar, sale en televisión haciendo un ‘unboxing’ de la caja que le entregan a los estudiantes. Y dice: «Tiene esta computadora, tiene esto», y va sacando todo lo que lleva la caja. Mientras, en el interior del país les han prometido a niños que les van a reparar las escuelas y nunca se las repararon. Y entonces los niños han dejado de estudiar.

Los funcionarios de Bukele y los medios de comunicación ponen el foco en aquello que quieren proyectar hacia afuera. Pero si uno se va a los interiores de El Salvador —que, a ver, no hay que ir muy lejos—, es un país que solo tiene 21.000 kilómetros cuadrados. Es muy pequeñito. Y uno se acerca a las comunidades alrededor y la realidad es otra.

No es el país que Bukele quiere vender hacia afuera. El Salvador tiene 22 cárceles. Internacionalmente se conoce el CECOT (Centro de Confinamiento del Terrorismo) porque es el lugar que Bukele quiere que todos vean. Pero hay 22 cárceles donde hay gente viviendo en hacinamiento terrible. Las cárceles de Bukele son como estar en un infierno. No se ven así de limpias como muestran el CECOT. Y tampoco todas las personas que están ahí… Todo eso es montado. Y siempre a los ‘youtubers’ que dejan entrar a la megacárcel les ponen al mismo pandillero a que le dé declaración. Es todo orquestado. Eso no es real.

Además de las amenazas, persecución y señalamientos por ejercer el periodismo, ¿qué tipo de violencia u hostigamiento has notado por ser, además, mujer joven?

Hay varias cosas. Antes de que pasara todo esto, ser mujer joven periodista significaba sufrir mucho adultocentrismo, para empezar, que creo que nos pasa a todos los jóvenes por ahí. Me pasaba que entrevistaba fuentes y me veían como alguien que debía mandarle recados a su editor. Decirle que mejor deberías preguntar esto. Como si yo no hubiera sido autora de mis investigaciones y con propiedad de poder decidir: quiero hablar con esta persona por esta razón. Entonces les enviaban recados a mis editores por medio de mí. Eso me ha pasado muchísimo.

“Las cárceles de Bukele son como estar en un infierno”

Tengo que decir que la violencia que recibo digitalmente ha sido para mí la más fuerte. Porque ahí la gente se siente con la libertad de decir absolutamente de todo. Hablan de tu cuerpo, de tu forma de hablar. Siempre me mandan a hacer limpieza a mi casa. Y por otro lado, las amenazas de muerte. Y la particularidad más importante es que siempre me atribuyen que yo soy pareja de algún pandillero. Que por eso estoy ahí. Y entonces la palabra que utilizan siempre es ‘jaina’. Porque en El Salvador las ‘jainas’ son las novias de los pandilleros. Y luego me dicen puta, me dicen pendeja y hasta zorraquina. Lo que tiene la virtualidad es que la gente se siente con mayor propiedad y autoridad de decirte lo que no te diría de frente.

La violencia digital no deja de ser violencia. Muchas veces desde fuera se le intenta dar menos valor: son perfiles anónimos, bots y demás. Pero creo que al final la víctima y el centro de toda esa violencia eres tú. Y no existen regulaciones. Para mí, de las cosas más fuertes que me han pasado en las redes sociales ha sido que tomen mi imagen, la modifiquen con IA y me pongan en situaciones denigrantes ,que para mí misma es difícil verme. ¿Y cómo se regula eso en internet?

¿Cómo afecta el actual régimen a las mujeres salvadoreñas?

Cada una de nosotras tenemos nuestras interseccionalidades. En un principio yo diría que el régimen afecta de mayor manera a esas mujeres que se han quedado buscando a sus parientes, que no tienen información y que, por lo tanto, tienen que sostener a la persona que está adentro de la cárcel como a las que se quedan afuera y a ella misma. Son las mujeres las que están afuera de las cárceles preguntando por su hermano, por su tío, porque al final son ellas las que se quedan encargadas. Incluso cuando no es directamente tu familia, somos las mujeres las que salimos a cuidar de los otros. Son esas mujeres las que se la están pasando muy mal con el régimen. Seguido de todas aquellas mujeres activistas, defensoras, que están poniendo el cuerpo en los territorios, enfrentándose al régimen de frente, abogando por ellas, pero también por sus comunidades. Y ya no tienen los recursos necesarios para poder echar a andar todos estos proyectos. Estas organizaciones de las defensoras también están debilitadas; por lo tanto, ya no hay información ni los proyectos que funcionan para la soberanía alimentaria, para los cuidados, para estos espacios de ocio que no los garantiza el Estado, sino que son organizaciones a las que les toca asumir esta vertiente cultural que no se respalda nada desde el gobierno.

¿Estas organizaciones están oficialmente legalizadas por el régimen de Bukele?

Él legalmente no las sanciona, pero a efectos prácticos las está mermando, las está haciendo desaparecer; también porque tienen miedo, en principio, de incidir más. Se ve todo el lenguaje inclusivo. Han tenido que adaptar su vocabulario por la carga política que tiene la palabra feminista…  Es que como no está nada escrito en papel, pero en la práctica es difícil; es la misma lógica del régimen de excepción, porque no dice que nos va a arrestar a todos, pero nos puede arrestar a todos si él quiere y si somos voces disidentes. Al final, las feministas también han sido bastante incómodas a lo largo de la historia, pero digo también particularmente en El Salvador.

Graciela Barrera. Foto: David Aguilar Sánchez

Otro gremio importante es el de salud, que ha sido de los gremios que ha salido a marchar cuantas veces ha sido necesario, pero ahora ya nadie lo hace. Hay que sostener la vida, literalmente. Y a mí me parece súper grave que exista un protocolo interno que diga que está prohibido decir «no hay medicamentos». Bukele también está regulando la forma en la que nombramos cosas, y eso también media en cómo vamos a ver el mundo hacia adelante. Entonces yo no diría que las ha ilegalizado, porque realmente no ha dicho explícitamente «no quiero», pero yo digo que las ha asfixiado.

¿Cómo explicarías ese apoyo popular hacia el gobierno de Bukele? ¿Qué le dirías a alguien que dice que en El Salvador ahora hay paz y seguridad?

Bukele hizo algo que a la gente le resulta milagroso. Se ha forzado por decir que eso es un milagro, pero eso no es un milagro. Son treguas que están documentadas. Cosas que juzgó a los anteriores gobiernos que también lo hicieron súper mal. Bukele antes juzgaba a los otros partidos políticos por haber negociado con la sangre de la gente. Él también lo hizo y en ‘El Faro’ lo documentamos. Por eso al periódico adentro no quiere ningún periodista que esté revelando lo oscuro que hace su gobierno. Ahora, a la gente eso le importa poco. Lo que le importa es que le resolvió el problema de las pandillas. ¿Sería mentir no aceptar que ahora salís tranquilos a las calles en El Salvador? ¿Salís tranquilos y no vivís en una zona marginal o donde había muchas pandillas? ¿Y no sos pobre? Sí es verdad que Bukele desarticuló a las pandillas. Hizo algo que parecía impensable para la mayoría de salvadoreños. Y eso parecía muy difícil de hacer. Y Bukele lo hizo en bien poco tiempo.

¿Y qué pasa con los derechos humanos fundamentales?

Yo creo que no podemos decir que en El Salvador hay paz ni una seguridad total. Porque para hablar de paz también tendríamos que hablar de vivir en vivienda digna, sin miedo a emitir una opinión, sin miedo a expresarte, con la libertad de participar en los espacios en los que quieres participar. Y donde la seguridad esté garantizada para todos, por igual. No para un grupo de personas, no para los turistas que vienen a visitar al país, que yo diría que ese es el target del gobierno. No somos los locales. Porque los locales en El Salvador son aquellos que se ganan la vida con la venta ambulante. Más del 70 % de la población se las da así. Y los espacios no están pensados para ellos. Más bien se les desaloja y no hay alternativas eficaces y reales para ellos. Entonces, en El Salvador no hay paz y seguridad. En El Salvador se desarticularon las pandillas y ahora quien reprime a la población es el Estado.

Hablabas también de la concentración del Poder Ejecutivo. ¿Cómo lo valoras?

Bukele instauró una narrativa en la que construyó la idea de que hay un nosotros y los otros. A partir de eso,  cuando empezó su primer mandato, la Asamblea Legislativa le frenó muchas cosas que él quería implementar y que no se podían. Durante la pandemia empezó el régimen de excepción, que lo pensamos varias personas en el periódico donde trabajo. Bukele comenzó a implementar medidas en las que era súper estricto: llevaba los centros de contención a las personas que no obedecían el toque de queda y los dejaba hasta más de 40 días ahí. Estableció una norma en la que quien saliera en la pandemia de su casa se lo llevaba a estos centros de contención. Estuvieses contagiado o no por el virus. Y también cuando venías de otro país, te llevaban a ese lugar. Al principio fue un caos. Yo en ese momento no estaba en El Salvador, así que estaba súper alarmada viendo todo lo que estaba pasando. Y entonces ahí es cuando Bukele, como no le querían aprobar un presupuesto, se metió a la Asamblea Legislativa con la Fuerza Armada. Comenzó a construir una narrativa de «yo solo quiero cuidar a los salvadoreños y la Asamblea no me lo está permitiendo». Necesitaba que dentro de la Asamblea estuviera gente afín a él. Para las siguientes elecciones legislativas, en las campañas publicitarias, los audios que ponían era «vota por la N de Nayib, no de Nuevas Ideas (partido político de Bukele), sino N de Nayib». Todos esos diputados no ganaron por sus méritos o porque hubieran hecho propuestas buenas, sino porque se vendieron con la idea de que iban a entrar a respaldar a Bukele en lo que él necesitara dentro del legislativo. Así ganaron las elecciones y tuvieron mayoría en la Asamblea.

Graciela Barrera. Foto: David Aguilar Sánchez.

Yo ese día estaba en la Asamblea, en la toma de posesión del nuevo Congreso. Fue impactante para todos que el mismo día de la toma de posesión destituyeron al fiscal general que llevaba una investigación muy importante que se llama Catedral, sobre la corrupción de varios funcionarios del gobierno de Bukele. Y luego destituyeron a los magistrados de la Sala de lo Constitucional esa misma noche.

Ya el nuevo fiscal, afín al gobierno, que se llama Rodolfo Delgado archivó la investigación a los funcionarios de Bukele y luego ya tenía el poder de decisión en los tres poderes. Y ahora también los magistrados del Tribunal Supremo Electoral son impuestos por ellos mismos. El Procurador General de Derechos Humanos también. Todos los funcionarios son afines. Yo no sé si haga falta una valoración de eso. Simplemente hace falta ver lo que pasa.

¿Cómo consideras que la influencia de Trump puede estar aplicando a las políticas nacionales de El Salvador o a las decisiones que pueda estar tomando Bukele dentro del marco de la política internacional?

Yo creo que ha sido bastante evidente la colaboración que El Salvador y Estados Unidos tienen. Para mí el ejemplo más claro es que El Salvador haya llegado al acuerdo de recibir a criminales dentro del CECOT —criminales entre comillas, porque los que enviaron fueroncomillas, porque los que enviaron fueron migrantes en un principio—, bajo acuerdos en los que Bukele pedía que le enviaran a altos
pandilleros que estaban siendo procesados en Estados Unidos para procesarlos en El Salvador. También creo que la estrategia de que Bukele modificara la Constitución para que las elecciones se volvieran a hacer el otro año y que este periodo presidencial durara menos y que se unieran tanto las elecciones presidenciales como legislativas y municipales tiene que ver para que todo coincida con que Trump siga al mando de Estados Unidos. Porque yo creo que están aliados, que lo que pase dentro de El Salvador va a estar mediado por lo que
Estados Unidos también requiera o necesite.

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