Un giro de 180 grados. El dramaturgo Pablo Fidalgo venía de escribir “La enciclopedia del dolor”, una pieza sobre los abusos sexuales en un colegio religioso de Vigo, su ciudad natal, cuando comenzó a colaborar con Jesús Barranco/El primo de Saint Tropez, en un espectáculo sobre la mística y la espiritualidad católica. A diferencia de Barranco/Saint Tropez, Fidalgo no es religioso, pero sí le atraía escribir sobre “la fe vivida desde la herida”, un tema que ya había abordado en una anterior obra sobre el poeta y monje Daniel Faria. En el camino, Fidalgo descubrió una forma de vivir la religión más cercana al anarquismo que a sus propias vivencias como ex alumno de Los Maristas de Vigo.
Barranco, cuando trabaja de actor para otros, y El Primo de Saint Tropez cuando se involucra en proyectos personales, sí es católico practicante. Confirmado en 2018, redescubrió la fe a principios del siglo XXI. En este proceso fue clave encontrarse con la orden de los Carmelitas Descalzos y sus “lugares de calma”, como él los define. Desde 2015 concibe sus creaciones en el campo de las artes vivas a través de largos retiros espirutuales en conventos carmelitas. Para él, estos alejamientos del mundo tienen algo de posicionamiento político. Incluso de resistencia antifascista frente a la sobrestimulación de la sociedad de consumo. A uno de ellos logró arrastrar a su amigo Pablo Fidalgo, que pronto quedó fascinado con el universo cultural de esta orden, “hererdera del lenguaje de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz”. Así fue como ambos comenzaron a crear en el Desierto de San Jose de Batuecas, en el espectacular paisaje de la Sierra de Francia, “Instrucciones para habitar una habitación a oscuras”, una obra codirigida junto a Amalia Area, y que se ha terminado de rematar este mes en la comunidad carmelita de Xixón, en el Paseo de Begoña, a escasos metros del Teatro Jovellanos.

Para Fidalgo, que ha estado escribiendo y reflexionando en otros conventos y monasterios de España, Italia y México, estos lugares son auténticos almacenes de memoria desconocidos por la mayoría de la población. Su continuidad, advierte, no está garantizada. En la comunidad carmelita gijonesa, por ejemplo, solo viven seis frailes. Ninguno es asturiano. De ellos destacan su hospitalidad, y su absoluto respeto por la libertad creativa. “Son conservadores de las tradiciones, pero también las están renovando” explica Fidalgo sobre la orden que les ha acogido, y que se ha acercado con curiosidad al trabajo de dos teatreros que aparentemente tienen poco que ver con su mundo de oración, estudio y reflexión.
“En escena hay un creyente. Poco a poco entramos en su mundo desconocido, en el cuerpo que almacena oraciones, canciones y ritos”. Así presentan Fidalgo y El Primo de Saint Tropez el punto de partida de un espectáculo que, aclaran, también es apto para ateos recalcitrantes como el que escribe estas líneas. “Más allá de creer o no, esto va de las grandes preguntas del ser humano” concluye Fidalgo sobre una pieza de la que no quieren avanzar nada más. Este viernes, a las 20h, en el Teatro Jovellanos tendrá su estreno absoluto. Hasta entonces: el silencio.






























