Ruido en Candamo: ¿Turismo rural o descontrol?

En un tranquilo pueblo de Asturias, una vecina denuncia una “situación de ruido incesante” que le impide llevar una vida normal.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

En un tranquilo pueblo de Asturias, una vecina denuncia una “situación de ruido incesante” que le impide llevar una vida normal, “a mí y al resto de vecinos”, debido a las fiestas que se realizan en una casa rural. Elena Pérez, residente desde hace menos de un año en Llamero, del municipio de Candamo, asegura que la dueña de la instalación turística, situada a unos pocos metros de su casa, se aprovecha de que no haya regulación sobre el ruido en el municipio y denuncia que se encuentra en una situación de indefensión ante el uso que los turistas hacen de ese lugar y, según ella, ante “la inacción de las autoridades.”

Por el contrario, la dueña niega todas las acusaciones: “Es falso. Me está haciendo mucho daño todo lo que está diciendo por ahí esta mujer”, afirma. También reitera: “Es solo una casa rural y a lo mejor es ella la que se ha equivocado. Se vino de la ciudad aquí hace poco y si quería más tranquilidad a lo mejor debería haberse ido a otro sitio.”

De la ciudad al campo

Efectivamente, Elena Pérez se mudó “buscando tranquilidad” tras vivir toda su vida en Avilés, según cuenta. Sin embargo, desde su llegada, la afectada dice encontrarse en “una situación insostenible”: “Fiestas con música amplificada de forma reiterada, ruido hasta altas horas de la madrugada” y un problema de convivencia que, según denuncia, ha sido ignorado por las autoridades porque “dicen que no pueden hacer nada.”

Elena Pérez. Foto: Tania González.

“Sabía que había casas rurales cerca. Me habían dicho que a veces podía haber algo de follón. Pensé que se trataría de algo de ajetreo, de salidas y entradas normales de turistas disfrutando el fin de semana, pero lo que me encontré fue otra cosa. Vivo a veinte metros y es imposible dormir o estar tranquila”, explica la afectada.

El conflicto entre ambas partes ha ido en aumento, con denuncias cruzadas y discrepancias sobre la convivencia. “Me ha denunciado por mi perro, diciendo que le causó ansiedad y miedo un día que estaba en la calle, cuando ni siquiera le hizo nada y yo estaba con él”, se queja, “así que mi perro es el único de todos los que hay aquí que tiene que ir atado y con bozal a pesar de que no es peligroso, está educado y tiene todos los papeles en regla.” También explica que la dueña la denunció “por tener siete gallinas” ya que están demasiado cerca de la casa rural.

Según la dueña, la decisión sobre el perro fue tomada por el SEPRONA. Añade que no puede hacer más declaraciones porque el asunto está judicializado. Asegura, no obstante, que llevará a los tribunales “a cualquier persona o medio que publique cualquier información falaz.”

“El gallinero de mi casa está construido hace más de cien años, mucho antes de que se construyera la casa rural. ¿Por qué no puedo tener siete gallinas, si por aquí todo el mundo las tiene?”

La aparejadora del ayuntamiento, en una respuesta remitida a la afectada, justifica la prohibición de tener gallinas ya que según la normativa de Candamo se “establece como autorizables los usos relativos a las actividades agroganaderas tradicionales, con mantenimiento de las superficies edificadas e intensidades actuales, pero están prohibidas las nuevas instalaciones.”

Sin embargo, Elena no entiende la decisión: “El gallinero de mi casa está construido hace más de cien años, mucho antes de que se construyera la casa rural. ¿Por qué no puedo tener siete gallinas, si por aquí todo el mundo las tiene?”

Cambio tras la pandemia

En una de las denuncias presentadas por Elena ante la Guardia Civil, aparecen los nombres de 18 vecinos del barrio, que aseguran verse afectados por esta situación. En el documento se recoge la existencia de molestias continuadas por ruido.

Según Elena, algunos vecinos le han expresado que tienen miedo a denunciar por temor a posibles consecuencias. Afirma que la dueña, aunque no reside en la zona, ha mencionado en conversaciones que tiene contactos contactos y una abogada de alto nivel. No obstante, no se ha podido verificar si esto ha influido en el desarrollo de los acontecimientos.

Elena Pérez. Foto: Tania González.

La versión de Elena es que al principio intentó negociar: “Pero no pude y cuando denuncié a la Consejería de Turismo y le abrieron una inspección, todo empezó a escalar y ahora me intenta denunciar con todo lo que puede.” Añade que la situación ha afectado a su salud y bienestar, llevándola a un estado de “estrés y ansiedad.”

La dueña ha confirmado que hay varias denuncias contra Elena en marcha, pero insiste en no poder hablar de ello “mientras esto no se dirima en los tribunales”, a pesar de reiterarle el interés de Nortes por mostrar su versión de los hechos.

“Los vecinos de toda la vida me dicen que esto no era así antes de la pandemia, que todo empezó a cambiar desde entonces”, explica Elena, “que fue desde entonces cuando el tipo de turistas que venía cambió a cosas como despedidas de solteros, fiestas desmadradas y todo lo que te puedas imaginar que está fuera de lo que es una experiencia turística rural.” Según ella, “la inacción del ayuntamiento es alarmante”.

“Las denuncias presentadas incluyen fotografías donde se observan amplificadores de gran tamaño en la finca y restos de bebidas en la vía pública, lo que sugiere actividad festiva nocturna.”

José María Rodríguez, vecino oriundo de la zona, y que todavía tiene familia viviendo allí, trabajó el pasado verano frente a la casa rural y confirma que había “ruido y botellones durante el día” aunque no siempre. Sabe, aunque no lo vio, que por las noches “había fiestas muchas veces, sobre todo cuando venía gente joven”. Asegura que los lunes el lugar quedaba en mal estado, “con botellas tiradas por todas partes y los contenedores llenos” Dice también que le consta el cansancio de mucha gente “por el ruido nocturno que hay hace tiempo”.

Arturo Menéndez, jubilado y vecino residente frente a la casa rural, afirma que “desde hace unos años esto se ha vuelto insoportable.” Según él muchos fines de semana hay “fiestas, gritos y música alta, a veces hasta las cinco o las seis de la mañana.” Se queja de que no puede dormir bien muchas noches: “A veces me he tenido que ir a casa de un familiar para descansar.” “Las llamadas a la Guardia Civil han sido constantes”, explica, y cree que esta situación está afectando a la tranquilidad del pueblo: “No descarto tener que irme si esto no mejora porque a veces he intentado hablar con la dueña y con los turistas, pero no se arregla.” Menciona que la dueña es de una familia conocida en la zona y algunos vecinos han expresado que prefieren no denunciar para evitar conflictos.

Las denuncias presentadas por Elena Pérez incluyen fotografías donde se observan amplificadores de gran tamaño en la finca y restos de bebidas en la vía pública, lo que sugiere actividad festiva nocturna.

¿Qué dicen las autoridades?

El Ayuntamiento de Candamo ha confirmado que no tiene departamento de Medio Ambiente, “ni normativa específica en materia de ruidos, siendo la normativa la del Principado de Asturias.”

También ha confirmado que han tenido conocimiento de las quejas de “una vecina”, a quien “en una ocasión la acompañó otra persona vecina de la localidad”, de las cuales se dio “correspondiente traslado a la Guardia Civil”, asegurando que ha sido este cuerpo el que “ha realizado diferentes visitas al lugar”, ya que “este Ayuntamiento no dispone de servicio de Policía Municipal en esos horarios”, refiriéndose al tramo nocturno. El consistorio no ha informado si se plantea regular el problema del ruido en el futuro.

Por otro lado, desde la Guardia Civil se afirma que el organismo competente en materia de ruido es el Ayuntamiento y que es este el que debe legislar y tomar las medidas necesarias cuando hay un problema de este tipo. Aseguran que siempre han acudido cuando han sido requeridos aunque no pueden sancionar, solo pueden mediar y pedir que bajen el volumen.

Elena cree que la falta de una normativa específica impide tomar medidas más efectivas. Por ello, dice categórica: “Turismo rural sí, pero no así”, tal y como reza en una campaña que ha iniciado en Change.org con algo más 600 firmas hasta el momento.

Iniciativas para un turismo rural sostenible

Este caso refleja algunos de los desafíos que el turismo puede generar en las comunidades rurales si no se gestiona adecuadamente. Los estudios señalan que el turismo rural es beneficioso y contribuye a la diversificación económica de las zonas rurales, pero también advierten que puede generar efectos adversos si no se gestiona adecuadamente. Entre los riesgos se encuentran la masificación turística y los impactos ambientales negativos, como la degradación del entorno natural y la alteración de los ecosistemas locales. El desajuste entre el uso turístico y residencial puede generar tensiones y afectar negativamente a la cohesión social de las comunidades rurales.

Conscientes de estos desafíos, diversas entidades en Asturias están promoviendo iniciativas para fomentar un turismo rural más sostenible y respetuoso con el entorno y las comunidades locales. El pasado enero, en el marco de la Feria Internacional de Turismo (FITUR), el International Council of QODS y la Asociación de Alojamientos Rurales de Asturias (ARCA) firmaron un convenio para que las casas rurales de la región obtengan la Certificación QODS, que evalúa prácticas sostenibles y responsables en el sector. Este tipo de iniciativas buscan equilibrar el desarrollo económico con la preservación del medio ambiente y la calidad de vida de los residentes locales. Este acuerdo, según los firmantes, permitirá posicionar a Asturias como el más sostenible de los ámbitos rurales de España. Con ello, se busca que los alojamientos rurales obtengan de manera progresiva un sello que asegure el respeto a criterios ambientales, sociales y de gobernanza.


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