El Arctic Sunrise desembarca con un mensaje: “El gas no es la solución, es parte del problema”

Greenpeace muestra su "extrañeza" con las trabas puestas al desarrollo de sus actividades informativas en el puerto de Avilés.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

El rompehielos Arctic Sunrise de Greenpeace atracó en el puerto de Avilés esta semana como parte de la campaña internacional “El gas nos sale caro”, que busca denunciar los impactos ambientales, económicos y sociales del gas fósil. Sin embargo, su llegada se ha visto empañada por lo que la organización considera restricciones injustificadas por parte de las autoridades asturianas, lo que ha generado “extrañeza” y “malestar” en la organización ecologista.

José Luis García Ortega, responsable del Área de Clima, Energía y Movilidad de Greenpeace, ha expresado su desconcierto ante las trabas que han encontrado en Avilés. “No nos han permitido celebrar la rueda de prensa a bordo del barco, algo que hemos hecho sin problema en otros puertos. En su lugar, tuvimos que hacerla en la explanada del Centro Niemeyer, bajo un clima adverso. Tampoco nos dejaron instalar una carpa informativa; y el inicio de las visitas se retrasó tres horas por razones de seguridad, según nos dijeron, pero que no entendemos cuáles son”. A esto se suma la cancelación a última hora de la visita de la alcaldesa por problemas de agenda y la falta de confirmación sobre la asistencia de representantes del Principado, algo que también ha sido motivo de queja por parte del representante de Greenpeace España.

Público esperando para acceder al Artic Sunrise durante la tarde del viernes. Foto: Tania González.

Una campaña contra el gas fósil

La campaña “El gas nos sale caro“ se enmarca en una gira europea que recorrerá varios países, entre ellos Francia, Alemania, Croacia y Grecia y Bélgica, país que será el próximo destino del Arctic Sunrise. En España, Greenpeace denuncia que el gas es una de las principales causas del cambio climático y que su uso continúa siendo financiado con dinero público, favoreciendo a las grandes empresas gasistas y dificultando la transición hacia energías renovables.

José Luis García Ortega señala que “cada barco de gas que compramos a Rusia está financiando directamente la guerra. Nuestro objetivo es llamar la atención sobre esto y exigir que se detenga la construcción de nuevas infraestructuras de gas. En España, por ejemplo, no deberíamos estar subsidiando centrales de gas obsoletas que operan intermitentemente”.

“Uno de los puntos clave de la campaña es denunciar proyectos como la regasificadora de El Musel, en Gijón, una planta de importación de gas natural licuado.”

Eva Saldaña, directora ejecutiva de Greenpeace España, durante la rueda de prensa celebrada este viernes por la mañana, reafirmó el mensaje de la organización: “El gas sale caro por muchos motivos, empezando por el climático, pero también para los consumidores en sus facturas y para las víctimas de conflictos bélicos como la invasión de Rusia a Ucrania”. En 2024, las emisiones de las plantas de gas en España alcanzaron los 58,4 millones de toneladas de CO2, representando un 20% del total de emisiones del país.Uno de los puntos clave de la campaña es denunciar proyectos como la regasificadora de El Musel, en Gijón, una planta de importación de gas natural licuado que, según Greenpeace, ha estado marcada por “corrupción, juicios y mala gestión de fondos públicos”.

Grupo de voluntarios de Greenpeace en Asturias junto al Arctic Sunrise. Foto: Tania González.

40 años de Greenpeace en España y su impacto en Asturias

La llegada del Arctic Sunrise también coincide con el reciente 40º aniversario de Greenpeace en España en 2024, un hito que el grupo de voluntariado de Asturias está celebrando con diversas actividades durante 2025. Según explica Ángela Otero, activista de Greenpeace en Asturias, “en enero organizamos una exposición y un coloquio en Arriondas con otros colectivos. Fue una experiencia enriquecedora, y queremos continuar llevando la exposición a otros lugares como Oviedo, Gijón y, posiblemente, Mieres“.

El grupo de voluntariado asturiano ha vivido altibajos, pero Otero destaca que la llegada de barcos de Greenpeace suele ser un impulso importante: “Cuando en 2017 vino el barco Esperanza a Gijón, hubo un boom de nuevos voluntarios. Ahora con el Arctic Sunrise también hemos notado un renovado interés y esperamos que sea un nuevo revulsivo. Necesitamos más manos en Asturias, porque el ecologismo aquí necesita gente nueva”. Es por esto que en la misma puerta del puerto cualquier persona puede apuntarse para ser voluntario de la organización en Asturias.

Una de las múltiples visitas guiadas que se están realizando en el Arctic Sunrise durante su permanencia en Avilés. Foto: Tania González.

Un barco con historia y abierto al público

El Arctic Sunrise, que se puede visitar gratuitamente y de forma guiada el sábado y el domingo de 12:00 a 19:00, tiene una historia peculiar. Antes de ser adquirido por Greenpeace en 1995, el barco era un pesquero de focas. La organización incluso realizó una acción contra él en la Antártida mientras transportaba equipamiento para una pista de aterrizaje francesa en una zona de pingüinos. Para poder comprarlo, Greenpeace utilizó una compañía pantalla llamada Arctic Sunrise Ventures Ltd., ya que sus antiguos dueños noruegos nunca lo habrían vendido directamente a la organización ecologista.

Ahora, el barco es un símbolo de la lucha contra el cambio climático y de la resistencia ante el uso de combustibles fósiles. Tras su paso por Avilés, Greenpeace seguirá adelante con su campaña y con su mensaje claro: el gas no es la solución, sino parte del problema.

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