Asfixiar a la universidad pública para potenciar a las privadas

En Chile, que en los 90 del pasado siglo transitó del neoliberalismo con tanques al neoliberalismo con urnas, tienen 18 públicas frente a 33 privadas.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

El truco es viejo. Asfixiar al servicio público para favorecer a su competidor privado, ya sea la sanidad, la educación, el transporte, o cualquier otro. La universidad, claro está, tampoco se libra. Madrid y Catalunya maltratan financieramente a sus universidades, las tasas y notas de acceso suben, y muchos estudiantes terminan fluyendo discretamente a las privadas, donde pagando no faltan las plazas en determinadas carreras con mucha demanda.

Hay universidades privadas de elite y para elites, y otras que se nutren de clases medias y trabajadoras dispuestas a apretarse el cinturón con tal de que sus hijos puedan acceder a esa titulación que creen les garantizará un buen empleo. Son estas últimas las que más han crecido al calor de la desinversión en la universidad pública.

Hay universidades privadas de elite y para elites, y otras que se nutren de clases medias y trabajadoras

En Chile, que en los 90 del pasado siglo transitó del neoliberalismo con tanques al neoliberalismo con urnas, todavía fueron más radicales en su apuesta por lo privado. En aras de la “libertad de competencia”, el sector público se encuentra limitado e infradesarrollado. Por eso, en un país que apenas llega a los 20 millones de habitantes, tienen 18 universidades públicas frente 37 privadas.

En España los planes para que la universidad privada tenga cada vez más alumnos no van mal. 50 públicas frente a 46 privadas. Un incremento del 68% del alumnado de la privada en una década. La última universidad pública se fundó en 1998. Todavía pagábamos en pesetas.

Por establecer alguna comparación europea, en Suecia o Dinamarca apenas existen universidades privadas, y en Francia o Alemania la hegemonía pública es indiscutible. En España en cambio el alumnado de masters y posgrados matriculado en privadas ya es el 50,3%.

Decreto anti-chiringuitos

En este contexto el Gobierno de España acaba de aprobar criterios más restrictivos para la apertura de universidades y campus privados. “No pueden ser una máquina expendedora de títulos. Hay que perseguir las prácticas que atenten contra los estándares de calidad universitaria” señaló el lunes Pedro Sánchez en la presentación de un decreto que pretende combatir “chiringuitos” sin el mínimo exigible a una institución académica.

El otro anuncio del presidente del Gobierno ha sido una inversión de 30 millones de euros en la UNED, algo clave para que la universidad pública pueda competir con la extensa oferta de educación on line y a distancia que están ofreciendo las privadas.

A las grandes universidades privadas no parece desagradarles que la izquierda les ayude a eliminar competidores low cost

La derecha política y mediática ha puesto, como era de esperar, el grito en el cielo, pero como también cabe suponer, a las grandes universidades privadas, a las ya consolidadas y con prestigio académico, no parece desagradarles que la izquierda les ayude a eliminar competidores low cost. “Esto no va de universidades públicas contra universidades privadas. Esto va de buenas contra universidades malas” explicaba este martes la portavoz del Gobierno Pilar Alegría. En otras palabras, nadie va a tocar a Deusto o la universidad del Opus Dei en Navarra.

Pedro Sánchez, durante su intervención acto de apoyo a la universidad pública | Pool Moncloa/Fernando Calvo

Derivadas asturianas

El tono duro de Sánchez contra la universidad privada contrasta con el entusiasmo con el que la parte socialista del Gobierno asturiano ha recibido los proyectos de la Nebrija en Avilés y la Europea en Xixón. Excluimos de estos anuncios lo de la Universidad Alfonso X en el Calatrava de Oviedo/Uviéu, algo que parece más bien fruto de especulaciones entusiastas por parte del teniente de alcalde Nacho Cuesta. “No hay constancia de ningún proyecto” respondía la semana pasada el portavoz del Gobierno, Guillermo Peláez, a la pregunta de dos posibles grados biosanitarios en el edificio de la capital asturiana.

Mariví Monteserín, alcaldesa de Avilés, en la presentación de la Universidad Nebrija.

El rector de la Universidad de Oviedo/Uviéu, Ignacio Villaverde, objeto de inéditos ataques por parte de patronal y medios de comunicación, ya ha mostrado su satisfacción por el decreto del Gobierno. Los sindicatos de clase con presencia en la universidad, como COOO e ISA, también, pero reclaman ir más allá, sobre todo en la financiación de la universidad pública y el aumento de las plazas en las carreras y masters con más demandada, por ejemplo el de profesorado o los biosanitarios.

El jueves se presenta en sociedad la plataforma en defensa de la Universidad de Oviedo/Uviéu. En ningún lugar está escrito que las privadas tengan que abrir en Asturies.

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