Cómplices de una atrocidad suprema

El escritor indio Pankaj Mishra reflexiona sobre las consecuencias del genocidio en "El mundo después de Gaza".

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Marta González
Marta González
Traductora y profesora de Filología Griega en la Universidad de Málaga. Asturiana a distancia.

“No es difícil reconocer en la constelación de infracciones morales y legales cometidas por Israel signos de una atrocidad suprema”. Así escribe el ensayista Pankaj Mishra en el prólogo a su libro El mundo después de Gaza (Galaxia Gutenberg, 2025). Este ensayo es desolador, su título también, porque hace pensar en la posibilidad cada vez más cierta de que habrá un mundo sin Gaza.

Una larga lista de autores a los que admiro, Hannah Arendt, Primo Levi, Natalia Ginzburg, Stefan Zweig (uno de los escritores favoritos de mi padre), todos ellos judíos víctimas de la persecución nazi, no dudaron en condenar el sionismo que, a su vez, fue implacable con ellos por no callar ante las brutalidades del estado de Israel. En 1948 Hannah Arendt firmó junto a Albert Einstein una carta en el New York Times en la que acusaba de nazi y fascista a Menájem Begin, uno de los responsables en el 48 de las matanzas de civiles en Deir Yassin y elegido primer ministro de Israel en 1977. Primo Levi y Natalia Ginzburg escribieron en 1982 una carta pidiendo la retirada de las tropas israelíes del Líbano y el fin de los asentamientos en los territorios ocupados. Muchos nombres más son mencionados en el ensayo de Pankaj Mishra y, entre ellos, me gustó especialmente ver al historiador de la Grecia Antigua Pierre Vidal-Naquet (1930-2006), cuyos padres fueron asesinados en el campo de concentración de Auschwitz. Vidal-Naquet publicó trabajos indispensables sobre la economía y la esclavitud en la Grecia Antigua, así como estudios sobre el mito en colaboración con otro gran helenista, Jean-Pierre Vernant. Al mismo tiempo, se mantuvo siempre activo en la denuncia de la injusticia y la barbarie: se manifestó contra la represión francesa en la guerra de Argelia, contra la guerra de Vietnam, contra las guerras de Irak y, por supuesto, denunció la brutalidad de Israel contra los palestinos y acusó directamente a la política israelí de querer borrar a Palestina del mapa.

Hannah Arendt.

Mishra dice haber escrito su libro pensando en lo que el filósofo Karl Jaspers llamó “culpa metafísica”, o la impotencia ante una barbarie inconcebible, y con la esperanza de que la solidaridad entre los seres humanos no esté muerta del todo. Sin embargo, pocas razones hay para esa esperanza. Y la culpa es algo más que metafísica. El gobierno de España sigue comerciando con los genocidas y su presidente pretende lavar esa sangre anunciando una iniciativa de España en Naciones Unidas para “detener la matanza de civiles inocentes”, como si no supiera que Israel lleva décadas incumpliendo impunemente las resoluciones de la ONU. Promesas vacías mientras se trata a un estado genocida como al mejor de nuestros aliados. Comerciar con Israel, comprarle ese armamento de alta tecnología y esos sistemas de vigilancia que están probando con la población desarmada, hambrienta, agotada y torturada de Gaza y Cisjordania, provoca una vergüenza y una rabia indescriptibles.

El ensayo de Pankaj Mishra ayuda a entender que el sionismo es esencial y radicalmente racista

El ensayo de Pankaj Mishra ayuda a entender que el sionismo es esencial y radicalmente racista y que por eso no debe extrañar que la extrema derecha xenófoba esté del lado del criminal de guerra Netanyahu. Repasar las inútiles denuncias de tantos intelectuales comprometidos contra la limpieza étnica que el colonialismo sionista lleva décadas practicando en Gaza y Cisjordania da la medida del apoyo del que este nefando movimiento goza por parte de todo Occidente, por parte de quienes podrían y deberían frenarlos por humanidad, por justicia, por decencia.

Portada del libro.

Hannah Arendt, en su libro Hombres en tiempos de oscuridad, dedicó a Angelo Giuseppe Roncalli, Juan XXIII, un capítulo estupendo titulado “Un cristiano en la silla de san Pedro”. No han sido cristianos todos los que ahí se han sentado (crucemos los dedos), como no son demócratas todos los que se sientan en las cancillerías europeas. No estaríamos donde estamos si así fuera. Las brutalidades perpetradas por las alimañas sionistas son denunciadas cada día por Médicos sin Fronteras, Amnistía Internacional, o UNRWA, organizaciones que parecen clamar en el desierto mientras que nuestros gobiernos siguen comerciando con los asesinos. Las imágenes de niños desnutridos, muriendo lentamente de hambre porque los genocidas no dejan pasar los camiones con alimentos, son insoportables. Todo lo que está ocurriendo en Gaza es insoportable; aunque creamos que lo soportamos no es verdad, la atrocidad suprema de la que es responsable Israel y de la que son cómplices necesarios nuestros gobiernos nos está hundiendo bajo su tremendo peso de maldad e inhumanidad.

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