Veranear en casa a precio de forastero

¿El turismo es fuente de riqueza o coste de vida para los asturianos?

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

En Asturias este verano hubo más turistas, menos noches de hotel. Y un dato que se coló en todas las conversaciones de chigre: dormir aquí en julio costó un 7,3% más que en 2024, un encarecimiento por encima de la media española. Lo curioso es que esa subida no distingue entre madrileños con sombrero de pescador y gijoneses que deciden pasar un par de días en Cangas. Todos pagan precio de visitante, aunque vivan al lado de la playa.

Según los datos del INE, en julio llegaron a la región casi 255.900 visitantes, 305 más que el año pasado. Vinieron más extranjeros (+1.779), mientras que el turismo nacional retrocedió ligeramente (-1.469). Los primeros balances difundidos a mediados de agosto apuntaban a un descenso de pernoctaciones en hoteles respecto a 2024, pero la estadística consolidada sitúa el total en 1.224.401, lo que supone un aumento del 4,8 % en la duración media de las estancias. El tirón del turismo rural y los albergues, que superaron las cuatro noches de media, explica este repunte. En todo caso, la tendencia común a ambos balances es clara: los precios crecieron con fuerza, por encima de la media española (casi un 5%). Habrá que esperar a ver las cifras de agosto.

La subida de precios responde a varias palancas —desde el tirón de la demanda hasta el aumento de costes o la propia estacionalidad—. Pero, según Ernest Cañada, investigador en la Universitat de les Illes Balears y miembro de la asociación Alba Sud, el factor decisivo está en el giro hacia el turista de alto poder adquisitivo: “Hay que situar estas subidas de precios en una dinámica general: la apuesta por atraer turistas de alto poder adquisitivo. No es algo exclusivo de Asturias. Es una competición global: Barcelona, Mallorca, Venecia, París o Ámsterdam buscan lo mismo. Y el problema es que para atraer a esos turistas, las administraciones públicas acaban gastando cada vez más en promoción, infraestructuras o eventos”.

Tarifa turista también para los de aquí

El encarecimiento no distingue pasaporte. “Cuando los precios se disparan en zonas turísticas, los habitantes locales acaban pagando también tarifa turista”, a preciu foriatu, “incluso si viajan por su propia región”, advierte Cañada. El resultado, dice, es “pérdida del tejido comercial tradicional, procesos de desplazamiento, subida de la vivienda y dificultades crecientes para acceder a vacaciones”, lo que algunos investigadores ya llaman pobreza vacacional.

“La paradoja es clara: el turismo se vende como motor de riqueza, pero cada vez más vecinos sienten que los beneficios se escapan mientras los precios se quedan.”

Los asturianos, siempre orgullosos de su paraíso natural, están descubriendo ahora que ese paraíso también alcanza precios de parque temático.

La paradoja es clara: el turismo se vende como motor de riqueza, pero cada vez más vecinos sienten que los beneficios se escapan mientras los precios se quedan. En una entrevista realizada a este medio el año pasado, Cañada ya ironizaba: “Una camarera de hotel va a cobrar posiblemente lo mismo, trabaje en un hotel de lujo o en un hotel barato”.

Ernest Cañada. Foto: Iván Giménez/Critic.

¿Turismo de calidad o turismo social?

Asturias lleva años apostando por un turismo de calidad. Pero Cañada lo traduce sin rodeos: “es un eufemismo para hablar de turismo para ricos, y no hay ricos para todos”.

La alternativa, sostiene, pasa por repensar quién es el sujeto de la política turística: “Parece que esté diseñada para las empresas y no para la población que vive en el territorio y paga impuestos. Si se pusiera en el centro a la mayoría, se podrían impulsar programas de turismo social, recuperar espacios como Perlora, mejorar transportes públicos, rutas de senderismo, gestión de playas o propuestas de agroturismo. No todo tiene que ser para atraer al turista internacional con más poder adquisitivo”.

“El problema no es el turismo en sí, sino cómo y para quién lo organizamos.”

Ganadores, perdedores y la burbuja que pincha

Los datos de este verano muestran un mapa desigual: Gijón y Cangas de Onís llenan, Llanes y Oviedo pierden viajeros. Una foto que refleja que el turismo genera ganadores y perdedores incluso dentro de un mismo territorio.

Para Cañada, el verdadero debate es que “no hay un turismo, sino muchos posibles. El problema no es el turismo en sí, sino cómo y para quién lo organizamos”. La especialización exclusiva en este sector, advierte, puede llevar a un monocultivo que devore otros recursos económicos.

Asturias se vende como paraíso natural y destino de calidad. Pero a fuerza de competir por turistas con tarjeta black, corre el riesgo de que los asturianos acaben pagando por vivir en un escaparate.

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