“Forma Antiqva surge de la necesidad de querer tocar música barroca cuando no había manera”

Aarón Zapico es el fundador y director de un conjunto que populariza repertorios musicales barrocos.

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Elena Velez
Elena Velez
Es periodista.

Aarón Zapico (Llangréu, 1978) es un hombre del Renacimiento en pleno siglo XXI. Músico, compositor, director, maestro… es difícil definir con precisión a qué se dedica salvo por un denominador común; su pasión por la música. En plena presentación del último trabajo discográfico de su conjunto instrumental, Forma Antiqva, “De sópitu”, y entre viaje y viaje, nos atiende para desvelar detalles desconocidos de su carrera.

Comenzó estudiando piano y se pasó al clavecín. No es un giro habitual. ¿Por qué tomó esa decisión?

Nada de mi carrera ni la de mis hermanos se puede explicar sin la presencia de mis padres. Se preocuparon porque, dentro de las posibilidades económicas y del contexto social que había en la Cuenca hace más de 40 años, mis hermanos y yo tuviéramos las máximas oportunidades. Nos apuntaron a los tres en el Conservatorio de Langreo con los instrumentos propios de la Orquesta Sinfónica y yo hice piano. Como mi padre estaba prejubilado, tenía mucho tiempo libre que llenaba con múltiples aficiones y curiosidades: desde fundar un equipo de hockey, el “Hockey Langreo” hasta la marroquinería pasando por formar parte de la asociación de padres del Conservatorio. Allí promovió junto a mi madre y varios profesores múltiples conciertos y cursos de música antigua porque intuía que ahí había futuro para los alumnos del centro. Y claro, yo fui uno de los conejillos de indias para empezar con esos instrumentos. Poco a poco fue calando en mi está afición y lo que, en un principio, era un camino alternativo y paralelo a la carrera de piano se convirtió después de haber acabado la carrera en mi estudio principal.

Su grupo, Forma Antiqva, ¿surge, por tanto, como un paso lógico en su desarrollo profesional?

Forma Antiqva surge de la necesidad de querer tocar música barroca cuando no había manera. Hace 25 años no había partituras, ni gente que estudiase esto en Asturias, ni cursos… no había nada. Entonces, me rodee de mis amigos y hermanos, y empezamos un proceso autodidacta. Conseguimos partituras, nos formamos y pasamos por todos los estadios de un grupo: cómo hacernos las fotografías, la difusión, páginas web, vestuario o los conciertos. Tocamos en todas partes, desde la cárcel de Villabona hasta la plaza mayor de Toledo o los mejores teatros que pueda uno pensar: el Auditorio Nacional o el Teatro Real. Eso dio una solidez al proyecto que hace que sea incorruptible.

Aarón Zapico. Foto: Rubén Fernández.

¿Cuál es el secreto de su éxito?

Estoy en contra de la palabra éxito. Parece que éxito es llenar auditorios, hacer caja o grabar un montón de discos y yo creo que el éxito es otra cosa, es la satisfacción personal de un trabajo bien hecho a lo largo del tiempo. Eso es lo que hemos logrado con Forma Antiqva a lo largo de 25 años. Los compañeros de profesión, los medios, la familia y el público reconoce nuestra labor y trabajo.

¿Cómo surge “De sópitu” (Súbitamente), su último trabajo?

“De sópitu” es la música de siempre tocada como nunca. Es un eslogan que encierra toda la verdad del proyecto. Estamos acostumbrados a rescatar obras patrimoniales que llevan cientos de años descansando en un cajón o en un archivo y reestrenando esa música, pero, en este caso, no hemos reestrenado nada. Es música popular y reconocible. Lo que hemos hecho es mezclar la música popular y la académica. La popular tiene una riqueza de ornamentación, articulación y dinámicas, propias de la académica, junto a honestidad, verdad, y sentimiento. La conjunción del mundo de la caleya y del Conservatorio provoca una explosión muy atractiva para el que toca y estimulante para el que escucha.

No siempre la caleya y lo clásico van de la mano en los escenarios. Para mucha gente, la música clásica es un espectáculo elitista.

Es completamente lógico que la gente tenga miedo o respeto a ir a un auditorio porque durante mucho tiempo los mismos músicos nos hemos empeñado en crear esa barrera. Afortunadamente, estamos eliminando esas etiquetas logrando que la gente se acerque sin prejuicio a la música clásica. Hay mucho trabajo por hacer empezando por nosotros, los músicos. Debemos quitarnos de encima esos clichés. pero también los medios generalistas. Hoy día, en series y programas de televisión de máxima audiencia hacen el chiste fácil de que la música clásica es para raritos o acomplejados. Debemos ser conscientes de que tenemos una libertad que nos permite escuchar en un clic a la OSPA o a Rodrigo Cuevas y ambos son música.

¿Aarón Zapico solo escucha música barroca en su tiempo libre?

Qué va. La única frustración que tengo es no tener el conocimiento para acceder a todo tipo de música. Me fascinan las bandas sonoras y la música tradicional de otros países, sobre todo de Oriente. Ojalá vivir otra vida para entender sus ritmos y su lenguaje. Me fascina lo que se hace a nivel electrónico. El otro día me mandaron unos enlaces de Indira Paganotto que me tiene completamente maravillado, lo mismo que la música coreana electrónica. Me gusta el rock de siempre, el heavy me parece un milagro también. Vamos, que intento escuchar todo lo que cae en mis manos. E intento volcar su influencia sin ningún tipo de miramiento en Vivaldi o en Mozart, por ejemplo.

¿Con qué faceta te quedas? Director, músico, compositor…

Hace tiempo estaba obsesionado con quedarme con algo. Ser Aaron Zapico director, clavecinista… Pero, en realidad me gustan muchísimas cosas como presentar conciertos didácticos o escribir. Espero que nadie me diga que tengo que elegir. Vengo de Madrid de hacer conciertos didácticos donde toco poco el órgano, hablo muchísimo y escribo un montón de historias que gustan al público. Afortunadamente no tengo que encasillarme o rellenar ninguna ficha que ponga “profesión”.

¿Le queda algún sueño profesional por realizar?

Si me tuviera que retirar ahora estaría muy satisfecho de los sitios a los que llegué, de los conciertos que hice y de la gente que conocí. No me queda nada por cumplir. Todo lo que venga, sea en Londres, Nueva York o Teverga será fantástico. No soy de esos artistas que va a morir en el escenario. La vida me parece maravillosa, mi trabajo es un privilegio, pero quiero cerrar mi etapa como músico, director y todo lo que soy, en breve. No me veo con 65 o 70 años por ahí. Quiero tener tiempo para disfrutar la vida de otra manera.

¿Cuál es su agenda más próxima?

Estoy prácticamente todo octubre y principios de noviembre en la ópera de Oviedo con “Orlando”, de Vivaldi. Además, es una época maravillosa para acercarse a este mundo por primera vez. La escena es fantástica, casi una película, así que la gente se lo va a pasar en grande. La música también es increíble. Las áreas duran tres o cuatro minutos y son vertiginosas. Es virtuosismo. Y el Teatro Campoamor ofrece entradas muy asequibles el 14, 16, 19 y 22 de noviembre. Luego me voy a Granada y a Valencia a dirigir los Mesías de la Fundación La Caixa.

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