Las viejas estaciones de tren esperan una segunda vida

En Asturias se acumulan antiguos edificios ferroviarios vacíos, símbolo del cambio tecnológico y del olvido territorial.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

Decenas de antiguas estaciones de tren jalonan hoy el paisaje asturiano con andenes vacíos y relojes detenidos. Durante buena parte del siglo XX fue uno de los grandes empleadores del norte industrial. Sin embargo, la progresiva automatización del tren ha ido dejado sin uso buena parte de la infraestructura de la antigua Feve. Solo en la red asturiana de Cercanías Ancho Métrico hay 113 apeaderos y estaciones, la mayoría de ellas vacías.

Aunque desde el comité de empresa de Renfe Fran Barros apuntan que el tráfico ferroviario sigue necesitado de estaciones dotadas de personal, también reconoce que va a ser muy difícil que vuelva a haber trabajadores en aquellas que ya han cerrado.

Adif ha empezado a ofrecer varias de ellas en alquiler para proyectos sociales o empresariales, y surgen las primeras iniciativas locales que buscan devolverles vida.

El plan de Adif: “Activos para el desarrollo”

Para dar salida a este patrimonio ferroviario, Adif ha puesto en marcha el programa “Activos para el desarrollo”, que busca reactivar inmuebles sin uso mediante su cesión o arrendamiento a instituciones, asociaciones o empresas bajo condiciones ventajosas. El programa ofrece alquileres a largo plazo, rentas reducidas e incluso periodos de carencia.

Estación de Pajares.

Las antiguas estaciones de Sama y La Felguera, en Langreo, son las primeras que se ofertan dentro de este marco. La de La Felguera, con casi 2.400 metros de parcela, y la de Sama, con 1.545, se presentan como espacios “ideales para hostelería o turismo rural”.

Recuperaciones puntuales: del arte al turismo rural

Algunas iniciativas locales ya han demostrado que las viejas estaciones pueden tener una segunda vida. Desde Santa Marta de Carbayín (Siero), la artista Mónica Cofiño, impulsora de La Xata la Rifa, ha convertido la antigua estación en un espacio híbrido entre refugio creativo y laboratorio cultural.

Apasionada de este medio de transporte, Cofiño ha hecho del ferrocarril de vía estrecha escenario de algunas de sus intervenciones artísticas, como el UFFF, Un Festival Ferroviariu Feminista Fantástico, que en noviembre de 2024 realizó el viaje Oviedo-Celorio.

La estación de Carbayín en una ilustración.
Mónica Cofiño, La Xata la Rifa, en una de sus intervenciones ferroviarias. Foto: Viteyoveme
Estación de La Manjoya.

En Oviedo la antigua estación de La Manjoya, en un antiguo trazado ferroviario reconvertido en vía verde, alberga la Escuela Municipal de Sostenibilidad. En Llanes la estación es un albergue turístico desde hace décadas.

Fuera de Asturias, ejemplos similares se multiplican. En la Xana del Torío, León, una antigua estación de FEVE se ha convertido en un dinámico bar, taberna, albergue y espacio cultural en plena montaña leonesa. En Berlanga (Badajoz), la antigua estación de la Vía Verde Mina La Jayona se rehabilita como albergue turístico. En Burgos, los vecinos de Villarcayo impulsan la recuperación de la estación de Horna para la futura vía verde del ferrocarril Santander-Mediterráneo.

Xana del Torío, León.

La reutilización de estaciones no solo tiene un valor patrimonial o social: también encaja en las estrategias de transición ecológica y territorial. En Asturias, iniciativas como la Senda del Oso o la Vía Verde de Fuso–Trubia muestran cómo estos trazados pueden convertirse en recursos de ocio y turismo.

Una red en busca de usos

La Fundación de los Ferrocarriles Españoles (FFE) ha catalogado más de 140 estaciones recuperadas con nuevos usos turísticos o culturales en toda España dentro de su proyecto Experimenta Vías Verdes, según su Inventario 2025. Andalucía encabeza la lista, seguida de Cataluña y Castilla y León. Los nuevos destinos son variados: albergues, centros de interpretación, oficinas de turismo, restaurantes o espacios socioculturales. En la mayoría de los casos, la titularidad sigue siendo pública —principalmente de Adif o de los ayuntamientos— y los proyectos se desarrollan con apoyo local.

En total, la red española de vías verdes supera los 3.500 kilómetros y agrupa cerca de 150 estaciones rehabilitadas, lo que demuestra el potencial del patrimonio ferroviario cuando existe coordinación institucional. Sin embargo, en Asturias —donde la antigua red de vía estrecha atraviesa comarcas que hoy luchan contra la despoblación— esa transformación avanza con más lentitud.

La red métrica asturiana, con unos 475 kilómetros de trazado según estimaciones regionales, representa casi una quinta parte del total nacional, pero buena parte de sus edificios permanece vacía. Según el programa Activos para el Desarrollo de Adif, en el Principado hay una docena de inmuebles ferroviarios en desuso aunque no es descartable que puedan existir otros proyectos locales no registrados aún en los inventarios estatales.

Entre ellos, viejas estaciones como Toraño, Vidiago o Canero, además de muelles y viviendas ferroviarias repartidas por concejos como Llanes, Valdés o Mieres. A estos se suman las dos estaciones completas de Sama y La Felguera, las únicas ofertadas recientemente para nuevos proyectos sociales o empresariales.

Este patrimonio, disperso y poco aprovechado, representa una oportunidad para vincular memoria ferroviaria, movilidad sostenible y desarrollo local en las comarcas asturianas, e incluso en una posibilidad de ofrecer vivienda asequible a quienes quieran volver a habitar en ellas.

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