Gabriela Wiener (Lima, 1975) es difícil de clasificar. Comparada con Joan Didion, Pedro Lemebel o Leila Guerriero, ha conseguido a pulso un sitio de honor en el Olimpo de los cronistas. Por si fuera poco, la firma de Gabriela aparece en dramaturgia, editoriales, poesía y novelas. Lo que está claro es que la autora peruana vive contando el mundo con sus propias palabras. Quizás por eso, bautizó a su última novela con un concepto polisémico. ‘Atusparia’ es un símbolo de la lucha por la liberación indígena peruana, también un colegio de inspiración soviética. Atusparia se autodenomina la protagonista de esta última creación literaria de Wiener: la vida de una mujer atravesada por su infancia, adolescencia, amor, lucha y castigo.

Junto a Virginia Fragapale, periodista y correctora, Gabriela Wiener aterrizaba el pasado jueves 27 en la librería-bar Toma 3 de Gijón, en su única presentación en la región. Era la primera vez que Weiner pisaba Asturias en calidad de entrevistada -si bien lo hizo, años atrás, para charlar con Corín Tellado-.
La conversación se abrió con un repaso de la dilatada trayectoria de Wiener: desde sus crónicas en cabeceras internacionales hasta sus libros de autoficción como Sexografías o Huaco Retrato.
Gabriela Wiener u otras maneras de narrarse
El tono de la autora es un plural feminista, antirracista y anticolonial. A pesar de tenernos acostumbradas en obras anteriores a una autoficción desgarradora hecha con su propio cuerpo, Gabriela Wiener nos ofrece en Atusparia un delicioso juego de narrativa por capas. “Me he saqueado a mí misma y a mis experiencias”, confesaba la escritora, “me he inmolado entre vida y obra. Me he contado fragmentariamente, me he descuartizado. Necesitaba salirme de una sola voz. Quería probar todas las tonterías que se hacen en las novelas. He jugado con cosas que siempre me dicen que haga”.
Las vivencias de Gabriela se encuentran diseminadas, gota a gota, entre los profundos estratos de la novela. La autora quiso desvelar cómo sus recuerdos en una escuela soviética en Lima fueron el germen de la materia literaria de Atusparia. “Hice un par de cameos”, asegura entre risas cómplices. Wiener despliega en esta novela “una mirada desde arriba, como un cosmonauta”. Desde este lugar, se multiplican las voces: la niña sarcástica, la adolescente rebelde, las alucinaciones reveladoras a través de un viaje de ayahuasca, informes policiales, cartas, entrevistas, incluso la voz en primera persona de una alpaca marxista-mariateguista que denuncia la explotación de una empresa textil. “La novela lo puede todo, lo abarca todo”, sentencia Gabriela, sobre este collage narrativo expuesto sobre un futurismo cercano.
Atusparia es un canto para la acción política
Wiener insiste en que sus libros no se alejan de la realidad, sino que dialogan con ella, iluminando zonas oscuras del presente. La conversación viró hacia la situación de Perú: la represión de movimientos sociales, la criminalización de la protesta y la frustración ante una política que parece siempre inmovilizada. Wiener confesó que la rabia y la impotencia fueron motores de la escritura. En Atusparia se filtra esa tensión entre la esperanza revolucionaria y la violencia del sistema. La escritora pelea por hacer justicia, también, a las historias de las mujeres activistas. Le parece importante que dejemos de estar rodeadas por los mitos de los ‘Marcos’ y los barbudos.
“En las militancias hay muchas líneas de frente”, asegura la autora, “poner el cuerpo no es para siempre. Escribir es una manera de estar en el mundo y de cuestionarlo. Ahora mismo, el éxito y la gloria se lo están llevando escritores y escritoras del establishment: literaturas oficialistas, genocidas, racistas y patriarcales. No tienes que victimizarte porque tus libros se estén quemando en Gaza. Supe seguir el camino de los márgenes para llegar donde quería llegar. El desvío es lo que te lleva realmente a lo que aspiras y deseas”.



























