Así es Olhão, el pueblo portugués que sirvió de último refugio a Natalio Grueso

El ex director del Niemeyer mantenía un perfil bajo en esta localidad pesquera y conservera de 30.000 habitantes en el Algarve.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

“Huele a sal, a pulpo secándose al sol y a pescado recién traído de la ría Formosa. En sus calles estrechas y luminosas se entrelazan los ecos de África, los acentos del Alentejo y el murmullo de las mareas”. Así define una guía turística la localidad pesquera de Olhão, en el Algarve portugués, el lugar en el que el gestor cultural Natalio Grueso fue detenido la semana pasada después de permanecer más de dos años huido de la Justicia para eludir una pena de ocho años de cárcel.

Según las autoridades portuguesas Grueso mantenía “un perfil bajo y discreto” en esta ciudad de 30.000 habitantes, ubicada a orillas del Atlántico, y con una larga tradición de industria conservera. Dicen los amantes del Portugal meridional que Olhão no es el pueblo más espectacular del Algarve, pero que a cambio resulta mucho más auténtico que otras localidades convertidas en poco más que un decorado turístico.

“Olhão no es un bonito decorado, sino una vida en marcha: la del mercado local que se despierta antes que el sol, la de los ferris que zarpan hacia islas desiertas, la de los barcos que regresan cada tarde cargados de historias. Este es un lugar para llegar sin prisas, detenerse en los detalles y dejarse llevar por un ritmo que ya casi no se encuentra”. Fue quizá esto a lo que se dedicó el gestor cultural a la fuga, que desde su refugio siguió escribiendo teatro, actividad en la que llevaba tiempo centrado desde su salida del Ayuntamiento de Madrid, al que llegó después de su caída en desgracia en el Niemeyer.

Vista nocturna del centro.

Grueso fue condenado en junio de 2020 por la Audiencia Provincial asturiana a una pena de ocho años de cárcel por delitos continuados de malversación de caudales públicos y falsedad documental y societaria durante su gestión al frente del Centro Niemeyer de Avilés, un fallo que fue ratificado por el Tribunal Supremo en abril de 2023.

En agosto de ese año, la Justicia decretó su ingreso en prisión y la Guardia Civil inició su búsqueda tras constatar que se encontraba en paradero desconocido.

La investigación desarrollada por el Equipo de Huidos de la Justicia de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil en colaboración con la Polícia Judiciária de Portugal permitió averiguar que Grueso había elegido la región de Algarve del país vecino para ocultarse.

Conocedor de su situación en busca y captura, “mantenía un perfil bajo y discreto, intentando pasar desapercibido entre la población local y el tránsito habitual de visitantes en la zona para dificultar su localización”, han detallado este jueves en un comunicado conjunto la Dirección General de la Guardia Civil y la Polícia Judiciária de Portugal.

Natalio Grueso en 2019 camino de los juzgados. Foto: Pablo Lorenzana

Gracias a la colaboración policial internacional y el intercambio de información operativa con las autoridades lusas, se logró ubicar su paradero exacto en la localidad pesquera de Olhão.

Finalmente, el pasado jueves 4 de diciembre se estableció un dispositivo policial que culminó con su detención por parte de agentes de la Polícia Judiciária de Faro.

Grueso fue puesto a disposición del Tribunal de Apelación de Évora (Portugal), que decretó su ingreso en prisión a la espera de formalizar su entrega a las autoridades judiciales españolas para el cumplimiento de la condena pendiente. Está previsto que Natalio Grueso sea trasladado el próximo lunes, 15 de diciembre, hasta Madrid para su ingreso en la prisión de Soto del Real.

La sentencia por la que fue condenado ratificó como hechos probados que Grueso, director general de la Fundación Niemeyer de Avilés entre 2006 y 2011, generó gastos ajenos a los fines de la institución cultural durante todo el tiempo que duró su relación laboral, “disponiendo de sus fondos en beneficio propio, de sus familiares, amigos y terceros de su entorno, como si de su propiedad fueran”.

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