¿De qué va y de qué no va la huelga médica?

Las guardias de 24 horas van en contra de las normas más básicas de respeto al descanso y a la conciliación, y afectan a la calidad de la atención al paciente.

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Covadonga Tomé
Covadonga Tomé
Es pediatra, diputada autonómica y portavoz de Somos Asturies.

Veintiseis años dedicados a la profesión médica, sin contar los seis en la Universidad y otros cuatro más de formación MIR, son suficientes para tener una perspectiva clara sobre la que, probablemente sea una de las profesiones más hermosas del mundo, así se lo cuento siempre a mis hijos. Una profesión sin embargo tremendamente maltratada. Un maltrato que comienza por la escasa capacidad del colectivo para hacerse escuchar en la legitima reivindicación de la mejora de sus condiciones laborales o de participar activamente en las decisiones que afectan a la actividad asistencial y por tanto a la mejor atención posible a las y los pacientes.

Tener voz propia es una de las peticiones que subyacen en el fondo del actual conflicto. En el Ministerio, en la Consejería, las y los médicos deben tener la oportunidad de conversar con quienes son responsables, para alcanzar verdaderos consensos, ver atendidas sus peticiones, algunas ya históricas y poder evitar así la necesidad cíclica de ejercer su derecho a la huelga paralizando el sistema.

En este momento se negocia un nuevo y necesario Estatuto Marco, y es imprescindible que, como resultado de esta negociación, el nuevo Estatuto recoja claramente las especificidades del colectivo médico en cuanto a formación y competencia en el proceso asistencial. Por si pudiera haber dudas, mi opinión es que un estatuto exclusivo es totalmente innecesario, si bien debe haber un reconocimiento explícito en el estatuto sanitario común.

Por si pudiera haber dudas, un estatuto exclusivo es totalmente innecesario

Para que la actividad, asistencial, formativa, investigadora, continúe teniendo la calidad de la que hoy podemos presumir en Asturies, hace falta que las y los profesionales tengan contratos dignos. No puede ocurrir, como nos contaba hace unos días una joven médica en la Xunta, que encadenen contratos de incluso 5 días, que solo generan incertidumbre y desilusión.

no puede ser que médicas y médicos continúen realizando, de manera obligatoria, guardias de hasta 24 hora seguidas

En un momento en el que la tendencia, al menos desde el progresismo, es reducir jornadas laborales, para añadir horas de calidad a las vidas, no puede ser que médicas y médicos continúen realizando, de manera obligatoria, guardias de hasta 24 hora seguidas, acumulando jornadas semanales y mensuales excesivas. No puede ser porque va en contra de las normas más básicas de respeto al descanso y a la conciliación, y porque afecta a la capacidad de asegurar la mejor atención posible, que es, ni más ni menos, la que cualquier buen profesional quiere dar a sus pacientes.

De eso van las principales reivindicaciones del conflicto médico. De horarios razonables, de descansos suficientes, de condiciones dignas… Y, muy importante, de que las horas trabajadas de guardia coticen de cara a la jubilación (“hora trabajada, hora cotizada”, es uno de los eslóganes más repetidos y más justos de esta huelga). También de limitar la jornada ordinaria obligatoria en base a un límite de 35 horas semanales con independencia del horario en que se realicen, y contar el resto de las horas como lo que son, extraordinarias. Garantizar descansos efectivos. Parecen peticiones razonables para cualquiera, ¿no?

Para hacerlas realidad es imprescindible lo que el colectivo reclama: racionalizar la jornada a nivel hospitalario en los puntos con sobrecarga crónica y abuso laboral sistemático, limitar las agendas de primaria, desburocratizar consultas y reorganizar la atención extrahospitalaria urgente. Y también un salario base y complementos proporcionales a nuestra formación, carga asistencial y responsabilidad legal. Por supuesto. Es una cuestión de simple justicia.

Las reivindicaciones en esta huelga no tienen nada que ver con atacar a otras profesiones, sanitarias o no sanitarias, para reclamar lo que es justo. Aunque desde algunos foros se hayan lanzado mensajes absolutamente errados, no se sabe bien con qué finalidad. Enfermeras y enfermeros, médicas y médicos, trabajamos en equipo en diferentes entornos, con competencias, tareas y responsabilidades bien claras. Los discursos tóxicos no deben enturbiar esta colaboración profesional imprescindible para el buen funcionamiento del engranaje. Lo mismo que la colaboración con el resto de las muchas categorías profesionales que sustentan el sistema de salud.

Tampoco tiene que ver con la reclamación del fin de la exclusividad que algunos aprovechan para lanzar. La exclusividad es un incentivo para quienes apuestan por el sistema público, que es nuestro modelo, sin concesiones. No estamos a favor de la desaparición de la exclusividad.

Tampoco tiene que ver con la pretensión de hacer del colectivo médico “una casta”, como leí recientemente en algún titular, excluyendo su regulación de un estatuto que deberá negociarse con la suficiente honestidad, claridad y justicia, para que la profesión médica vea reconocida su singularidad sin titubeos. Es algo que no tiene que molestar a nadie.

Si la ministra se para y escucha, si las y los consejeros que conforman el comité interterritorial se paran y escuchan, si las y los médicos pueden hablar sin interferencias interesadas, no debería ser difícil alcanzar acuerdos justos y volver sin ruido a lo que más nos gusta, cuidar, investigar, consolar, sanar… Esas cosas.

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