El barro fue, ye y será mi vida. Esta pequeña frase resume la trayectoria vital de José Manuel Vega, Selito. La dice en el final de un documental titulado Los procesos del barro, elaborado en 2016 y donde Selito es el protagonista absoluto, resumiendo en poco más de media hora los mil años de la historia alfarera faruca, de la que fue (para muchas y muchos lo sigue siendo) el último guardián.
Selito provenía de una familia alfarera, oficio que siempre llevó con la dignidad y el orgullo que se merece. Tras generaciones en el horno de Fornaxe, su padre, Lito, le pasaría el testigo, aunque inicialmente ese no era su plan; la cabezonería de Selito marcaría su futuro. En 1965, cuando tenía 15 años, se matriculó en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de San Salvador, en Oviedo. Uno de sus profesores fue el pintor Paulino Vicente que, además, era amigo de su padre; quiso convencerle para que siguiese sus estudios en la Academia de Artes de San Fernando, en Madrid. Pero Selito lo tenía claro, continuaría la tradición familiar para dedicarse a la alfarería de Faro.
Toda su vida se dedicó al barro, a producir piezas que no solamente eran funcionales, también artísticas, como lo constata el hecho de que en dos ocasiones recibiría el Premio Nacional de Alfarería. Pero su labor no se centró solamente en la producción. Uno de sus objetivos fue recuperar las formas tradicionales de la alfarería faruca para lo que investigó, excavó casqueros y recupero piezas olvidas que ya forman parte de la producción tradicional de Faro. Y, sobre todo, fue el impulsor de que se crease un Centro de Alfarería en Faro que, por la desidia política, la falta de interés o ambas, no pudo llegar a ver.
Sería allá por 2014 cuando conocí a Selito. Ese año, por su insistencia para evitar la desaparición de la alfarería de Faro y tras muchas reuniones, el Ayuntamiento de Oviedo decide contratar la redacción de un Plan Museológico para el Centro de Alfarería de Faro, trabajo que me encargan y que, en poco tiempo, haría que la alfarería de Faro y Selito formasen para siempre parte de mi vida, mucho más allá de la labor profesional inicial, comprometiéndome en la conservación y protección de la primera y, lo más importante, iniciando una gran amistad con Selito y con un grupo de personas, tanto de Faro como foriatas, que compartíamos ese mismo objetivo y seguiremos luchando por conseguirlo.





Fruto de esa relación nació la Asociación de Amigos de la Alfarería de Faro con un objetivo muy claro, preservar la alfarería tradicional faruca y conseguir que se materializase el Centro de Alfarería de Faro, con Selito como presidente y figura clave e indispensable. Pero como en la vida no todo son buenas hornadas, algunas piezas se rompieron; la que más dolió, tanto a Selito como a los que lo queríamos, fue que el alejamiento del objetivo y, sobre todo, ver como el alma de todo este proyecto era apartado por personas con otros intereses. El lado positivo, la creación de la Xunta pola defensa de la Alfarería de Faro, presidida por Selito y con el claro objetivo de conseguir que la alfarería tradicional de Faro perviva, manteniendo las formas y técnicas tradicionales que tanto se preocupó nuestro alfarero de que no se perdieran, evitando que esta alfarería se convierta en un mero producto turístico. Una persona que Selito consideraba su amigo dijo en los medios sobre su persona que, aunque haya sido muy bueno, no es el único artesano de la historia de Faro; crítica espuria que no evita esconder la verdad de considerar que sí fue el único alfarero que defendió el oficio, la tradición y hasta su último día luchó para que no se perdiese, teniendo muy claro lo que es la alfarería de Faro y lo que no. Con él se fue el último maestro y alfarero de Faro.

Los últimos años de Selito no fueron fáciles. A la enfermedad se le sumó el accidente doméstico, cuando explotó el horno de gas de su taller, llevándose parte de su vivienda. Ahí descubrió quienes eran sus verdaderos amigos que, sin intereses de ningún tipo, siempre estuvieron (estuvimos) a su lado. Pero también, y es lo importante, hubo momentos de felicidad y reconocimiento. En el año 2024, a instancia de la Xunta pola defensa de la Alfarería de Faro, y donde tuvo un papel fundamental otro de los grandes amigos de Selito, Xosé Ambás, el Parees Fest de Oviedo encargó un mural al artista Marat Morik donde Selito y la alfarería faruca fueron los protagonistas.
El último acto público de Selito sería en marzo de 2025, cuando en la Factoría Cultural de Avilés se organiza la exposición “Cerámica Tradicional: belleza y función”. Rodeado de amigos, Selito nos acompañó en la inauguración, mostrando su eterna sonrisa y el humor que lo caracterizaba a la par que explicaba las piezas y técnicas de su oficio.
El mejor homenaje que podemos ofrecerle es que no se pierda la alfarería de Faro. En 2022 se logró la inclusión en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias de los hornos, casqueros y el taller de Selito, un trabajo firmado por mí pero que fue hecho a cuatro manos, unas manchadas de barro y curtidas por el trabajo. Ahora queda conseguir el Centro de Alfarería de Faro que, al menos, lleva diez años de retrasos, siempre con promesas, pero sin resultados; esperemos verlo pronto, aunque para pena de todas y vergüenza de pocos, Selito no lo verá. Por respeto a su figura y su oficio, esperemos que ese centro sea un lugar de investigación, de formación y de producción de la alfarería tradicional de Faro, no una tienda de recuerdos ni un parque temático para turistas. Y también quiero dejar constancia de un deseo y una petición: que el sucesor natural de Selito, nuestro amigo común Orlando Morán, continúe su labor; fue su discípulo y, en palabras de Selito, hay piezas que ya no sé si las hizo Orlando o yo; todo un cumplido de último guardián la alfarería de Faro. Nunca te olvidaremos.



























