—Paezme muy bien que quieras hacerme una entrevista—me dijo la primera vez que hablamos por teléfono—pero yo no soy, como dices, una figura de la cultura asturiana. Yo soy un cura de aldea.
A pocos días de cumplir 90 años, José Ramón García Fernández (Villaviciosa, 1936) —Monchu l’Cura para todo el mundo —sigue moviéndose con agilidad entre dos aguas, conciliando con pocas palabras lo que aparenta ser contradictorio, acariciando la herejía sin renunciar a la ortodoxia. Al fin y al cabo, recuerda, un sacerdote está obligado a ser pontífice, a tender puentes entre riberas opuestas. Monchu es un cura de aldea—ahí su boina de paisano, esa barba de fauno de los bosques, ese asturiano tan musical con el que se expresa—y a la vez un cosmopolita de gustos refinados, que luce un pin con la bandera europea en una sidrería de Villaviciosa y que ha frecuentado museos y bibliotecas en todo el continente. Ha sido cura entre mineros de Sama, entre marineros de Luarca y entre enfermos de hospital. Es también pintor y ensayista— “Astures, gens Hispaniae. Iglesia local y nación histórica”, Editorial Trabe—, andariego por los montes de Asturias, hedonista a su manera. Siempre reacio a las convenciones, incómodo para las jerarquías, en su carrera eclesiástica no ha llegado, o no le han dejado llegar, más que a ser un cura de pueblo. Le basta y le sobra con eso: todas y cada una de las personas con las que nos cruzamos por Villaviciosa se paran a saludarle.
Nace en el año 36, ¿verdad? ¡Casi 90 años!
Sí, sí, hago 90 años, el 18 de enero [Esta entrevista tuvo lugar el 29 de diciembre de 2025] Tú a mi lado yes una criatura de pechu…
Nació en el año de la guerra
Sí, señor. Nacimos muchos en la Villa ese año. Los padres debían estar muy nerviosos con el cuentu de la guerra y nacimos un montón. Yo nací en enero, pero ya había rumores de lo que podía venir. Yo recuerdo cuando era pequeño que íbamos por la calle y si salía el himno nacional por la radio había que parar y ponerse con la mano en alto hasta que terminara. Y acuérdome de las misas de campaña de los soldados, de ver pasar muchos soldados… pero nada más.
¿Y recuerda el ambiente de posguerra en el pueblo?
Mi padre era taxista de una familia noble de la Villa, los Cavanilles. Cavanilles era un notario valenciano que vino y se casó con la rica, que era muy fea, pero era dueña de todo. Lo que hoy es el Colegio San Francisco era la casa de ellos. Mi padre fue chófer de un hijo de ese notario, que vivía allí en Los Porreos. Mi padre era monárquico. Siempre me acuerdo de eso “por Dios, por la patria y el rey murieron nuestros padres. Por Dios, por la patria y el rey moriremos nosotros también”. Pero a mi padre, de la guerra, lo único que le oí siempre fue que buenos y malos habíalos en todos lados. Punto. No hablaba más.
¿Su padre participó en la guerra?
No, mi padre era coxu, y eso salvólu.
¿Cómo recuerda ese mundo de la aldea en el que se crió?
Con mucho cariño, como unos años idílicos. Yo lo pasaba muy mal cuando venía la noche, porque no había luz eléctrica. Y luego también estuve mucho en Lugás, que ye otra parroquia con santuario mariano de donde era mi güelu paterno. Iba mucho a la aldea, pasaba allí los veranos.
¿Y la echa de menos?
Sí, era muy familiar. Los sonidos, los olores, cuando cabruñaben, la gente cantaba mucho, la gente se ayudaba a la yerba…La matanza del gochu, los carnavales, haciénse fayueles…El desgraciado esti Halloween aquí celebrábase, pero eran los difuntos. A la caída de la tarde decíate tu güela: “sal a buscar unos gárabos”, que son unos palos finos para encender la cocina que los teníen generalmente almacenados debajo del horru. Y salíes y encontrabes una calabaza con una vela dentro. Era muy corriente. En Lugás la gente creía mucho en los difuntos, en la Santa Compaña. De hecho, aquí no había cruceros, había capilles de ánimes.
¿Cree que hay algo que debamos aprender de ese mundo aldeano, algo que hayamos perdido en nuestro mundo actual?
Mucho. Hay un alemán en la época de la II Guerra Mundial, John Tillich, que hablaba de la necesidad de redescubrir una etnia con una serie de valores, y que eso estaba sobre todo en el mundo rural. La gente era muy solidaria. La gente era respetuosa con la naturaleza y con los animales, porque era de lo que vivía. Sabía distinguir un animal de una persona. El animal era animal, pero vivía bajo el mismo techo. Al animal se le respetaba porque ayudábate a vivir y a trabayar, y el animal era como era el dueño. Yo acuérdome de un pariente que tenía unes vaques que cuando salíen a la carretera poníanse en fila, que hay otres que van alborotaes. Y le decía yo: ¿qué haces para que les vaques vayan así? “Ay amigu, el animal ye igual que el amo: si el amo ye ordenao, el animal también ye ordenao”. Siento una añoranza tremenda por la aldea. Cada vez que lo pienso, sufro. La pérdida que hubo de ese mundo aldeano… Había sus rencillas y sus cosas, no era perfecto, pero había humanidad. No había indiferencia. Si te fijes, en les aldees asturianes les muries, los cercaos, no pasen nunca de la cintura para arriba. Son simplemente para limitar la propiedad, pero la gente se conoce y se ve. Ahora vienen, compran una casa y ponen la muria hasta más arriba, para que no se vea nada.
¿Usted conoció todavía ese mundo aldeano con una religiosidad precristiana, pagana?
Sí, sí. Mis güelos eran religiosos, pero no practicantes del rito católico. Eran religiosos de una religión natural. Por ejemplo, a mí pasáronme por el agua, que no era un bautizo. Tenías una enfermedad y llevábente a una bruja que había en Amandi, que echaba el cuernu con el agua hirviendo y salían unos güeyos de grasa, y después ella interpretaba aquello. Luego mi madre creía en el mal de ojo y yo llevaba la cigua de azabache. Acuérdome de la pulserina, de llevála porque creía que había gente que te deseaba mal y podía hacerte daño. Todo eso era corriente, y vivílo yo. No iban habitualmente a misa, porque la parroquia quedaba muy lejos, pero cogían agua bendita y con el agua y los ramos del Domingo de Ramos se bendecían la cuadra y las fincas. Mi güela, que había quedado viuda muy joven con siete fíos, decía: “Sali, sapu. Sali, ratu. Sali, toda comezón. Allá va el agua bendita y el ramu de la pasión”. Y nos bendecían a los niños, como éramos traviesos, para sacános el diablo que teníamoslo dentro. Yo lo viví, pero no era contradictorio con el cristianismo. Creían en la trascendencia, que es un principio fundamental para ser religioso.
“Eso de que en Castilla son más religiosos que los asturianos es mentira”
¿El campesino es en general más religioso que el hombre de ciudad?
Normalmente sí, porque el campesino tiene contacto directo con la naturaleza, y en el momento en que perdemos el contacto con la naturaleza…Ven cómo crecen las cosas, ven parir a una vaca, ven muches coses que ahora no vemos.
¿Pasó hambre después de la guerra?
Yo no pasé fame porque mi madre iba a la aldea, porque teníamos tierra y daba-y a la fesoria y teníamos fabes y patatas. Fame no pasé, pero carencia de cosas sí: azúcar, aceite…Las cosas que venían de fuera escaseaban. Yo fame no pasé, pero hubo gente que murió. Aquí a la Villa venía mucha gente de les cuenques mineres a trabajar a las aldeas, simplemente por la comida. Pero en la Villa el que no tenía tierras también pasábalo muy mal. En las aldeas era distinto.
¿En qué momento nace su vocación religiosa?
Criámonos alrededor de la Iglesia, no había nada más. La Iglesia tenía una gran influencia. Controlábalo todo, pero lo veías como algo normal. No tenías el sentido crítico que puedes tener ahora. Yo ahora tengo sentido crítico hacia todo eso, pero ese sentido crítico se lo debo al seminario. Lo que soy intelectualmente se lo debo al seminario.
¿Y cómo era esa formación del seminario?
Pues nunca nos hablaron de la guerra. Nunca, y eso que tuvimos profesores que debajo de la sotana llevaban la camisa azul de Falange. Estudiábamos filosofía y de todo. Y habíalos que te explicaben el comunismo y no eran comunistas, ni mucho menos, pero casi nos convencían de que era lo ideal. Y yo recuerdo que, con 14 años, fue la primera vez que le oí decir a un cura que lo de Santiago de Compostela no había que tomarlo al pie de la letra.

¿Había cierta libertad de pensamiento dentro del seminario?
Exactamente. Y eso que en algunos aspectos no te permitían pensar por tu cuenta, pero dábente muchas posibilidades. Por cierto, yo enteréme de que me llamaba José Ramón cuando entré en el seminario, porque me llamaron Monchu toda la vida. Pero mi partida de bautismo decía José Ramón.
¿Dudó antes de entrar como sacerdote?, ¿sintió que estaba renunciando a muchas cosas?
No. Yo creía que era un mundo mucho más ideal de lo que en realidad era. El estilo no era el que yo esperaba. Pero yo nunca dudé de ser cura, ¿eh? Otres dudes y problemas, los que quieras. Pero de ser cura, no. Reconozco que soy atípico, pero…
Usted nunca quiso ser ser misionero, y cuenta que lo que más le llamó fue la parte estética y ceremonial
Sí, la liturgia. Aquí en la Villa había unas ceremonias muy hermosas, con buena estética, y eso me gustaba. Yo, de hecho, procuro hacerlas así. Con el rito moderno, por supuesto, que es el que creo que debe ser. Lo de las misiones parecíame que era mucho sacrificio. Me hubiera gustado conocer Hispanoamérica, pero para mí es mucho sacrificio. Ser misionero tiene mucho mérito, tienes que hacerte a aquella vida, que es muy dura.
Bueno, Asturias fue considerada zona de misiones, sobre todo las cuencas. Era casi una zona a evangelizar
Todo eso habría que reinterpretarlo. En Asturias el que iba a misa iba por verdadera convicción, porque a veces hasta costaba, porque el ambiente no te lo favorecía. Pero por Castilla y por León iban a misa porque había que ir, porque yo vi que mucha gente emigró a Asturias y al principio iba a misa, pero al poco dejaron de hacerlo. Y eso indica que no iban por convencimiento, sino por circunstancia social. Como nadie les llamaba la atención ni les decía nada por no ir, dejaban de hacerlo. Eso de que eran mucho más religiosos que nosotros es mentira. En Asturias el que era religioso a veces tenía que ir a contracorriente, sobre todo en les cuenques y en zonas rurales mineras. Es un mito eso de “asturiano: mal cristiano, pendenciero y vano”.
Estuvo en Valdediós hacia 1950 como seminarista
Un lugar entrañable, pero muy duro porque no entraba el sol por el invierno. Pero había unos meses de mayo esplendorosos, con aquellas celebraciones con flores del mes de María. Cuando venía el buen tiempo, bajábamos andando desde Valdediós hasta Rodiles, echábamos un partido de fútbol, comíamos por ahí, en El Gaitero nos daban sidra champanada y volvíamos caminando. Entonces no se sabía nada de la fosa común que se descubrió después. Yo me enteré ya de vieyu. A los mártires asturianos los veíamos en un cuadro, pero nunca nos hablaron de ellos. Nunca nos metieron cizaña con eso. Jamás. Nosotros éramos curas de todos, para toda la gente.
¿Cuál fue su primer destino?
Luarca. Allí conocí a un anarquista que recogía papel, y creo que fue el primer hombre que vi que no tenía pecado original. La persona más buena que conocí fue un anarquista. Para mí eso fue caer del caballo, porque se pensaba que el anarquista era el más malo. Vivía cerca de la iglesia y charlaba mucho con él. Me ayudó mucho y era una persona buenísima. Se dedicaba a recoger papeles y periódicos, debía sacar cuatro perres. Pero era culto y una gran persona. Me acuerdo mucho de él. Y en Luarca, después de misa, iba a una zapatería donde un zapatero remendón se reunía con un grupo de gente que hablaba de muchas cosas. Y ahí yo vi también gente muy sana que era de izquierdas, porque a veces creías que los de izquierdas eran los demonios sin cuerno. Buena gente hayla en todos los sitios, como decía mi padre.
¿Y cómo fue la experiencia en Teverga?, ¿qué tal el trato con los mineros?
Individualmente eran maravillosos, pero en grupo no miraben pa ti (Risas) Cuando pasaba a decir misa estaban sentados fuera del chigre en grupo y ni te saludaban, pero uno a uno eran muy agradables. Estando en Teverga entré por primera vez en la mina, y me enteré de que los mineros tenían un cagamentu que era cagarse en el cura de Santianes, que era yo, pero ellos se cagaben de los anteriores. (Risas)
¿Y en Sama ?
Una de las mejores parroquias en las que estuve En Sama la gente era muy solidaria, y la rectoral estaba siempre abierta. Y vi por primera vez comunistas reunirse en la parroquia, porque el párroco les dejaba. Allí también aprendí que hay gente de todo. En Sama la gente era muy dadivosa: iban a ver a un enfermo y siempre dejaban dinero debajo de la almohada. La gente minera era muy solidaria y buena gente.
“La persona más buena, sin pecado original, que conocí en mi vida fue un anarquista de Luarca”
¿Tuvo algún roce con las autoridades en esos años?
Sí. Estando de cura en Santianes de Teverga hubo un problema. Los dueños de la mina traían el día de la fiesta de Santa Bárbara a un fraile de Oviedo para predicar, pero predicaba literatura el cura esi. Y yo dije que no, que el cura era yo e iba a predicar yo. Pero yo no les gustaba porque hablaba de los problemas de la gente, y restringieron la ayuda que daban a la parroquia que, para lo que daban, tampoco merecía la pena. Luego en la fiesta de los caídos se celebraba un funeral en la parroquia principal del concejo, y hubo un año que tocábame a mí celebrar el funeral. Yo le dije al alcalde que iba a celebrar el funeral, pero que iba a celebrarlo por todos, por los de la derecha y por los de la izquierda. “No, señor”, me dijo, “usted va a celebrarlo como siempre se celebró: por los caídos por Dios y por España”. Celebré el funeral y celebrélo por todos, porque todos somos hijos de Dios y tenemos derecho a un funeral, y cada uno luchó por sus ideales. Pues denunciáronme al obispado, y aún tengo en casa la carta que me mandó el vicario, don Demetrio Cabo, diciéndome que me “remitiese a la costumbre”. Y después tuve también otro caso aquí en Rozaes, en Villaviciosa, donde estuve en una parroquia rural. Yo celebraba el funeral por los difuntos de la iglesia, que eran tres misas seguidas, y después bajábamos rezando el rosario al cementerio, y vi que fuera del cementerio, junto a la tapia, había espetaos unos raminos de flores. “¿Y eso qué ye?”, pregunté. “Pues esto son de rojos que vinieron a matar gente y que los mataron aquí” “Pues si no los tenéis dentro del cementerio para el año que viene, no vengo a rezar al cementerio”. Y algún problema más tendría, pero ahora no recuerdo.
Durante el franquismo llegó a haber una cárcel solo para sacerdotes, la concordataria de Zamora
Es que llegó un momento en que si defendías los derechos humanos eras rojo. Un cura, normalmente, rojo no ye. El comunismo ye ateo, aunque puedes tener cosas del comunismo, porque tuvo cosas buenas como las tuvo Franco y como las tuvo todo el mundo. Las cosas buenas hay que apoyarlas. El cura ye puente, pontífice, tiene que tener una pata en cada ribera. El cura nunca puede separar, lo que tiene que hacer es que la gente se comprenda y se acepte, sino ye mal cura. Aunque puede ser que la gente no te quiera precisamente porque estás intentando unir.
¿Había entonces dos iglesias, una oficial y otra más popular?
Siempre las hubo, y ahora sobremanera.. Ahora hay gente que está en contra del Concilio y pensando en Franco y otra gente que está al día. La Iglesia siempre cambió. Eso de la tradición ye una mentira, porque no se trata de repetir el pasado. Tenemos unos valores inmutables, unos derechos naturales que están en el Evangelio, pero otras muchas cosas cambian. El tema de la homosexualidad, por ejemplo, no se puede tratar como hace ochenta años. Hay gente que ye así por naturaleza, y si ye así por naturaleza no puedes ir contra ellos, y punto. Hay preceptos que ya no sirven.
¿Y esa conciencia nacional asturiana de dónde le viene?
Se fue desarrollando. Yo fui teniendo contacto con gente de esos movimientos, pero nunca para la violencia, eso jamás. Ir a embadurnar cartelos que ponían mal el nombre de los pueblos, eso sí. Y a veces esos grupos salían de la parroquia. Acuérdome una vez que iba el presidente del Principado a Vegadeo y aquella noche embadurnaron todos los cartelos del camino poniendo el nombre de los pueblos en asturiano.

¿Y cómo le nació esa inquietud por la cuestión asturiana?
Mi madre era aldeana y tenía alma de aldeana. Cuando fuimos a Oviedo, acuérdome que pusieron en algún lado un disco de gaita y aquella mujer empezó a llorar. Creo que cuando murió mi madre encontré su alma en la aldea y descubrí el valor de la aldea. Mi madre era más aldeana que el cucho, y yo anduve por Oviedo de madreñes. Entonces empecé a conocer a estos movimientos asturianos. Y es que Cristo encarnóse en todos, no solamente en los castellanos y en los madrileños.
¿Dios entiende el asturiano?
Dios quiere la diversidad, son los hombres los que no quieren la diversidad porque amenaza su poder. La diversidad es riqueza. Dios ha creado el mundo diverso, y los sátrapas intentan homogeneizar esa diversidad para gobernar. Si no piensas como yo, tienes que cambiar. Y hay religiones que fomentan eso, como la Iglesia tradicional. Creo que necesita buscar otra vez el camino a la verdad.
Junto a un grupo de sacerdotes formó parte del colectivo Manuel Fernández de Castro, ¿cuál era su objetivo?
Fomentar la lengua asturiana. El obispo Manuel Fernández de Castro fue un defensor de la lengua asturiana. Tradujo el Evangelio de Mateo al asturiano, y aquella edición la pagó el príncipe Luis Napoleón, que era aficionado a las lenguas minoritarias. Aquí no se pudo imprimir, y tuvo que imprimirse en Londres a finales del siglo XIX.
¿Se considera un cura heterodoxo?
Bueno yo creo que soy más conservador que el agua bendita. A mí las autoridades eclesiásticas nunca me llamaron la atención pero, eso sí, marginado total, en todo.
¿Ha tenido que hacer esfuerzos para mantenerse en la ortodoxia?
Yo creo que estoy en la ortodoxia. Creo en los dogmas fundamentales: la fe en Jesús hijo de Dios, maestro y redentor; el respeto a todo ser humano… Ahora, muchas otras cosas son variables. Además, hay un principio que dice “ecclesia semper reformabilis est in capite et in membris”: la Iglesia siempre es reformable en la cabeza y en los miembros. Puede interpretarse la utilidad de la Iglesia de otra manera, puede cambiar la moral. No puede cambiar la moral en tanto que el ser humano es imagen de Dios y tienes que respetarlo, pero tienes también que aceptarlo como es. Lo que no puedes hacer es aprobar el mal o el daño que haga. Pero, claro, el daño también puede ser subjetivo. Tú puedes estar viviendo de una manera que a mí no me va, pero es problema mío ¿A mí qué me importa que vengas con un compañero y que estés del brazo con él? ¿O que estés viviendo con una mujer sin estar casado? Es problema mío si me parece mal, no tuyo. Tú no haces daño a nadie. Yo lo que no puedo decir es que como no estás dentro de una normativa…En lo fundamental, soy ortodoxo. Para mí Cristo es el principio y fin de todas las cosas. Ahora, de una Iglesia determinada, pues no. Cristo lo que quiere es que estemos unidos y vivamos como hermanos.
Admira mucho a Prisciliano, que fue ejecutado como hereje
No fue hereje, ¡qué va a ser hereje! Hereje para los que piensen que los que no piensan como ellos tienen que morir. Prisciliano era un creyente en Jesucristo impresionante. Y también es que no es lo mismo lo que hizo Prisciliano que lo que dicen que hizo Prisciliano.
En un artículo que escribió para Atlántica XXII sobre Prisciliano hace una distinción entre el cristianismo céltico y el mediterráneo
Jesucristo dijo: tenéis que actuar como hermanos en común. Ahora, organizaos como os dé la gana. Cada comunidad se organizó de acuerdo con su cultura. El Imperio romano asumió que era el dueño del Evangelio y del mensaje de Cristo y que todos tenían que enculturizar el cristianismo a su manera. Claro, para dominar. Pero hubo gente, como Prisciliano, que dijo que no. Y la Iglesia Católica heredó la filosofía del Imperio. Eso lo ha roto el Concilio Vaticano II y hay gente que se resiste, pero no hay otro camino.
¿Qué recuerda del ambiente durante los años del Concilio?
Cuando se estaba desarrollando no era consciente de lo que significaba. Pero después, estudiando, me di cuenta de lo maravilloso que ha sido. El Concilio Vaticano ha roto con el pasado. Y eso es tremendo y doloroso para la Iglesia misma, porque tiene que reconocer que se ha equivocado. La interpretación del Evangelio en lo básico es igual para todos. En el misterio la persona de Cristo es igual para todos, y también en el reconocer la divinidad de todo ser humano. De todo ser humano (repite haciendo énfasis en estas palabras) Hasta del canalla. Lo cual no significa que justifiques las barbaridades que hace el ser humano, pero necesita también la ayuda de Dios, y que lo comprendas y lo perdones. Y por supuesto, el ver que hay cosas que no puedes seguir repitiendo, como el machacar al que ye homosexual por naturaleza. El amor es lo primordial en el Evangelio. Al enemigo tienes que intentar amarle.
“Dios ha creado el mundo diverso, pero los sátrapas intentan homogeneizar esa diversidad para gobernar”
¿Percibe dentro de la Iglesia una corriente a la que le gustaría dar marcha atrás al reloj de la Historia para volver a la situación previa al Concilio Vaticano II?
Sí, una corriente fuertísima, y con gente joven. Con lo que nos costó avanzar, Dios mío, y que detrás viene una gente que no valora lo que significó…Es gente muy ritualista, de mucha ceremonia y mucho trapo. Pero hay una cosa que observo, y es que estos curas jovencitos, que andan con mucho alzacuello y que presumen de ser tradicionales, no llevan tonsura y tienen una gran cabellera, porque eso les permite quitar el hábito y marchar en vacaciones a donde les da la gana y hacer lo que les da la gana. Ya que son tradicionales, pongan tonsura, pongan la coronilla en la cabeza para que no haya lugar a duda. Por lo que se ve, eso no ye tradición.
En todo el tiempo que ha ejercido como sacerdote, ¿qué ha aprendido sobre el ser humano?
Lo que te puedo decir es que la primera vez que llegué de cura a una parroquia vino gente a confesarse y díjome coses que no decía ni a la persona con la que tuviese más confianza. Y eso ye muy grande, ye tremendo. Que vengan a contarte con tanta sinceridad algo que no dicen a nadie. Y te das cuenta que la gente tiene muchas deficiencias, que no le satisface el dinero. Hay gente que tiene un vacío tremendo. Esa escucha es algo que la gente necesita, y creo que ahora más que nunca. ¿Qué te voy a decir? Hará sesenta años que soy cura…
Estuvo también un tiempo en Covadonga, ¿verdad?
Estudiando. Hubiérame gustado ser canónigo de Covadonga pero, ya te digo, a mí nunca me concedieron nada. Como me hubiera gustado ser párroco de una villina como la mía, pero tampoco nunca tuve la posibilidad.

¿Qué significa para usted Covadonga?
Covadonga ye muy complejo como lugar mítico, legendario, histórico y político. Para mí Covadonga ye un referente de asturianía y de identidad. Lo que pasa es que Covadonga está en manos de gente que la está utilizando con otros fines, para dar una versión totalmente politizada, y la están privatizando. Covadonga es un santuario eminentemente local y mariano del pueblo de Asturias. Covadonga no es propiedad del obispado, que no puede hacer allí lo que le salga de las narices como están haciendo. Covadonga es un santuario popular de Asturias, pero ahora es el santuario de una élite ideológica. En vez de ser un referente del conservadurismo, ese mito patriótico en el que quieren convertirlo, Covadonga debería ser un lugar de apertura y amplitud. Covadonga es del pueblo asturiano, y lo están convirtiendo en santuario mariano universal, ¡a tomar por el saco!
¿Qué opina de eso de que “Covadonga es la cuna de España”?
Que es un montaje. Los asturianos estamos echados a pataes en culo de Covadonga. No podemos ni expresarnos el día de la Santina. Nos dejan fuera de la iglesia. Nos dejan tocar la gaita cuando pasan de camino, pero no entrar a la iglesia. Eso es una vergüenza. Pero bueno, en parte ye culpa de los asturianos que lo toleramos. Sin iglesia local no hay iglesia. universal. ¿Qué ye lo universal?, ¿lo que viene del aire? Lo universal parte de lo particular, lo incluye.
Otro de sus destinos como sacerdote fue el Hospital de Asturias
Yo de Dios nunca dudé. Ahora, de su bondad y de cómo ye Dios…Pero de Dios nunca dudé. Yo percíbolu en la naturaleza, y eso es un don, una gracia no merecida por mi parte, porque no todo el mundo la tiene. Pero ver un nenín con cáncer, o una persona joven…Eso me hace pensar: ¿Dios será bueno si permite esto? Fueron unos años muy buenos, pero si no marcho de allí yo creo que termino loco. Aquello me afectó mucho, pero fueron años muy buenos. Fui con mucho temor, porque yo me desmayaba cuando veía sangre.
¿Qué le contaban las personas muy enfermas o moribundas?
Nunca vi morir a nadie angustiado ni en rebeldía. Nunca, nunca. La gente llega un momento, incluso gente joven, que lo acepta. Los críos maduran muchísimo en la enfermedad, se vuelven como adultos. Quedas asustado de lo que preguntan y lo que dicen. Y bueno, pues nada, consuelas, evades…Yo vi cosas…Vi a una madre de les cuenques mineres sin brazos y sin piernes, y el único sufrimiento que tenía la probe es que dejaba un hijo de unos 40 años que no era normal, y era lo que le hacía sufrir. Nunca vi a nadie morir desesperado. (Hace una pausa) Voy a contarte una cosa que no sé si debiera contar y que no conté a nadie. Dos cosas, en realidad. De una tengo remordimientos. Había un rapaz de la parroquia que murió de sida al principio, cuando decían que era peligroso y que no podías tocarlos y tal. Fui a verle al hospital y quiso cogerme las manos cuando se estaba muriendo-mira, me respigo todavía (Se emociona). Y no se las di, porque tenía miedo a contagiarme. Me arrepentí de eso toda la vida, porque aquel rapaz necesitaba que le cogieran las manos. De eso me arrepiento, y me sigo emocionando.
¿Y lo segundo que quería contarme?
Cuando estuve en Luarca no es que lo tratara, pero sí que me saludaba con Severo Ochoa, el premio Nobel, que iba por allí en verano. La mujer, doña Carmen, era muy religiosa. Yo celebré misa en la capilla que tenían los padres en su casa, y él iba a misa. No debía ser creyente, pero la familia era religiosísima. Llevaba todos los días a la mujer a rezar el rosario a La Atalaya, pero él se quedaba fuera. Cuando estuvo malo vino para el hospital de Oviedo y yo fui a verlo. Yo no le dije que era el cura de Luarca que conocía a su mujer y eso. Simplemente llegué y me presenté como capellán del hospital, y me dijo “no quiero saber nada de usted”. Eso me dolió tremendamente, y no se lo dije a nadie, ¿eh? Es la primera vez que lo cuento.
¿Y se marchó?
Sí, marché y no me atreví a volver. Murió poco después. Sin embargo, había una concejala del Partido Comunista de Oviedo que murió en el hospital de cáncer, y yo abría la puerta para saludar y preguntar qué tal, pero tampoco entraba porque sabía que era del PC y bueno, no quería molestar. Y llegó un momento que me dijo “pasa, pasa, que tienes muchas cosas que decirme”. Y no tuve ningún problema, generalmente la gente te aceptaba. No llegué a confesarla, como tampoco confesé a un pintor famoso asturiano que todos los días hablaba conmigo de pintura. A veces sacaba el tema de la religión, pero yo le respetaba. No quería violentar a nadie. Los misterios de Dios son…Yo procuraba acercarme al ser humano., aunque nunca renuncié a ser cura.
“El cristianismo es un valor que no podemos perder, nos volveríamos peor que los animales”
¿Siente que, en general, siempre ha sido bien tratado como sacerdote?
Sí, sí. La gente lo respeta, aunque no sea clerical. La Iglesia ha hecho mucho mal, pero también mucho bien. Hay respeto, sobre todo en gente que tiene una cierta cultura y sensibilidad y que valora a la Iglesia, a pesar de los fallos que tenemos. La gente que ye sensata sabe que la forma en que entendemos la familia y ciertos valores ye cristiana. La igualdad del hombre y la mujer ye algo cristiano que no encuentras en otras religiones. El poder estar disfrutando, como estamos haciendo, de unos vasos de vino y de carne de cerdo, sin excedernos, ye cristiano. El cristianismo es tolerante, es amor. Dios es amor y el amor todo lo puede.
He oído que le gustan mucho las iglesias ortodoxas
Me encantan, me encantan. El rito es precioso, y la veneración a los iconos. El fervor que tienen allí es incomparable. Aquí el fervor se perdió, pero había. Yo recuerdo que cuando la Elevación había un susurro de fervor, y eso yo solo lo vi después en una iglesia oriental. Yo no sé manejar el aparato esi (hace el gesto de teclear, refiriéndose a un ordenador) pero sí manejo para ver el culto ortodoxo, que celebran la Navidad el día 6 de enero. Me encanta verlo. Reconozco esa estética, la música con esos cánticos…Eso es religioso. Nosotros en esa reforma que hicimos, a veces equivocada, hemos querido adaptarnos tanto a la realidad…Metimos por ejemplo una Madona dándole el pecho al Niño Jesús, pero de una manera casi obscena. Eso no existe en la iglesia oriental. Para mí la mejor representación de la Virgen María es Nuestra Señora de Vladímir, un icono sublime que está en el museo Tetriakov de Moscú. No hay icono de la Virgen María más hermoso que ese. Estuve una vez en el museo, pero no pude ver ese icono porque lo estaban restaurando. Fíjate qué desgracia. Pero es una maravilla, no hay nada comparable a eso.

He visto algunos de sus cuadros sobre la Semana Santa, y es muy patente la influencia del arte bizantino
Y gústame mucho el arte copto, que es una preciosidad. Porque es sincero. Ves el alma de ese pueblo en esos ojos que tienen.
Es muy interesante la historia de las iglesias ortodoxas y cómo han resurgido tras décadas de represión durante los regímenes comunistas
La religión es posiblemente el sentimiento más profundo que tiene el ser humano. Vivimos en el misterio. Y para mí la posición más razonable de cara al misterio es el cristianismo. Fíjate que el cristianismo eleva al hombre a la dignidad de Dios. Lo que le haces al hombre se lo haces a Dios. No hay mayor dignidad que la que le da el cristianismo al ser humano. Es que Dios se hace carne, y se hace carne de todo el mundo: blanco, negro o amarillo. Donde hay un ser humano, está Dios. Pero no solamente eso, sino que San Pablo dice mucho más: que el cosmos está llamado a transformarse y Cristo es el cosmócrata. Entonces hay que respetar también a la naturaleza. De otra manera distinta de como respetas al hombre, pero no podemos hacer con la naturaleza lo que nos da la gana. Y en ese sentido, por ejemplo, para el cristianismo celta, que no es mediterráneo, la lluvia son las lágrimas purísimas de Cristo-mira qué cosa más guapa. La nieve es el sudario con que se cubre su cuerpo, que es la tierra. En cada árbol está representada la cruz de Cristo, y efectivamente toda la madera ye sagrada. Ye todo sagrado, hay que respetarlo y valorarlo todo, pero no explotarlo, destruirlo, machacarlo. Eso lo da el cristianismo, que es un valor que no podemos perder de ninguna manera. Con el cristianismo perderíamos la esencia de todo. Nos volveríamos peor que los animales.
¿Cree que la belleza es una manifestación divina?
La mayor. Dios es el esteta, el creador de belleza por antonomasia. Y sin alma estética es imposible que tengas alma religiosa. El hombre es imagen de Dios en cuanto que es creador, y si crea la belleza no te digo nada. Y la belleza de la naturaleza, contemplar un paisaje, en eso en Asturias tenemos pa fartucar.
Le gusta mucho la naturaleza y andar por el monte, ¿verdad?
Me encanta. Yo viviría en el monte estupendamente si tuviera quien me atendiese. Tengo una cabaña en Campu Caso, pero ya no camino nada. Súbenme en un todoterreno y estoy allí sentado y contemplo les mosques, los pájaros…
“A Jesucristo no le dejarían entrar en el Vaticano. Va ese probín allí y échenlu”
De los papas que ha habido desde que es sacerdote, ¿con cuál se identifica más?
Con Francisco. El actual tiene buena pinta. Juan XXIII y Pablo VI también me gustan, estaban iniciando el cambio. Pablo VI hizo un cambio morrocotudo, que fue renunciar a la tiara, que significa que no eres infalible. Al ponértela decían: “Recibe esta tiara de tres coronas, que todos sepan que tú eres padre de príncipes y de reyes, rector del universo y vicario de Cristo”. Y renunció a todo eso.
¿Y qué papas no le gustaron?
Juan Pablo II, nada. Benedicto algo más, porque era más intelectual, pero tampoco mucho. Recuerdo aquella imagen de Juan Pablo II regañando a Ernesto Cardenal. ¡Qué torpe!, ¡qué bruto! Y el otro de rodillas, cuando era más cristiano que él, que era muy sectario. Es uno de los pontífices que más daño le hizo a la Iglesia. Además con un culto a la personalidad tremendo, con aquellos montajes que se hacían cuando llegaba. Eso no es un papa. Abrazó a Pinochet, dándole la comunión y saliendo con él al balcón de la Casa de la Moneda, cuando fue un criminal que nunca pidió perdón por sus crímenes. Y a Franco no lo hizo santo de milagro. En cambio, no quiso recibir a las Madres de la Plaza de Mayo. Eso fue impresentable.
Por cierto, tiene usted un aire a Ernesto Cardenal, con esa barba y con la boina. Él también fue un cura heterodoxo, artista, un poco panteísta…
(Risas) Un poeta tremendo, casi nada…

¿Conoció a algún papa en persona?
No, porque a mí no me gustó nunca Roma, y mira que tiene coses, ¿eh? Estuve solo una vez, y lo que más me gustó fueron las iglesias de los primeros cristianos. Pasé por el Vaticano y no fui capaz de rezar ni un padrenuestro. Qué sinsentido. Si un papa hacía un mausoleo, el que venía detrás hacía otro mayor. Me impresionó también el Partenón, donde ves el poder del imperio. Pero en el Vaticano a Jesucristo no lo dejan entran. Va allí ese probín y échenlu.
Usted ha publicado un solo libro “Astures, gens hispaniae. Iglesia local y nación histórica”, que es fruto del trabajo de toda una vida.
Sí, señor.
¿Qué quería contar en ese libro?
Todo lo que pienso sobre Asturias, que ye una nación que tiene unos derechos históricos y legítimos. Tendríamos que tener un poquitín más de amor a nuestra identidad. Y, ojo, yo no renuncio a ser español, pero soy español porque soy asturiano. Si ser español me exige renunciar a ser asturiano, que se vaya a paseo España. Y me gusta mucho Andalucía, y me gusta mucho Castilla, ¿cómo no va a gustarme Castilla? Pero no lo cambio por lo mío, y no me gusta que me lo cambien. Veo bien adquirir lo positivo de otros pueblos, pero sin renunciar a lo mío. Pero es que a veces los asturianos somos bobos, con esto de andar celebrando la Feria de Abril. Los asturianos somos como los indios cuando llegaron los españoles: les daban espejos y ellos les regalaban piedras preciosas. Mi madre era una aldeana que no tenía cultura, pero sí una inteligencia tremenda, y decía que el asturiano ye listo, pero siempre se acuerda tarde de todo.
Siempre le ha gustado mucho el arte, y es también pintor
Del arte lo que más me gustó siempre fue la pintura, y me gusta mucho el arte moderno. No tanto el realista: los hay muy buenos, pero no me dicen nada. Para eso está la máquina fotográfica. Los expresionistas me gustan. Edward Munch, que lo vi en Estocolmo, y vi otra exposición suya en Madrid. Y ante un cuadro de Van Gogh lloré. Un cuadro en tonos amarillos de uno asfaltando una calle. Lloré de emoción. Y lloré de emoción también ante un cuadro de Carlos Sierra, un pintor asturiano. Era una casa en ruinas. Carlos era capaz de, en una rama de un pomar, ponerte todo el ambiente de Asturias: la niebla, la humedad…Era de una finura increíble, un gran pintor.
¿Piensa que los problemas de nuestra época tienen que ver con la falta de religiosidad?
Sin lugar a duda. Si no hay religiosidad, ¿en qué se fundamentan los valores? Quedan a merced del subjetivismo. ¿Quién ye nadie para imponerme a mí unos principios?, ¿en nombre de qué? Tiene que haber un fundador supremo que nos obligue a reconocer algunos principios. Hay una cosa curiosa, y es que en la primera declaración de los Derechos del Hombre de la República Francesa en el siglo XVIII se habla del Ser Supremo. No dice Dios, sino el Ser Supremo. En los Derechos Humanos de 1948 ya no hay Ser Supremo, y eso está en el aire. Si no hay un Ser Supremo, ¿quién es nadie para imponer unos derechos humanos? La religión es un fundamento esencial. Lo terrible es que todos los nuevos dictadores intentan buscar en la religión el fundamento de su dictadura. Mira a Putin, que ye un ortodoxo tremendo. Pero la religión tiene que ser autónoma. Aunque pierda la ayuda de los poderes, ganará en la conciencia de la humanidad.
“Europa tiene en la Iglesia y en el Concilio un depósito de energías para enfrentarse a las nuevas dictaduras”
Se dice que últimamente los jóvenes están volviendo a la religión
Eso hay que analizarlo, porque si es una moda no vale para nada. Las modas pasan. La religión ye una metanoia, un cambio de mente y de corazón del que sale un ser nuevo. Necesitas la gracia, no es una moda que llega por conveniencia. La religión es cambiar la mente y el corazón porque descubriste otro horizonte.
En cualquier caso, ¿cree que sería de esperar que en el contexto actual hubiera un resurgir religioso?
Yo creo que llegará ese momento. No sé cuándo, pero tendrá que llegar. Porque por el camino que vamos…No sabemos a dónde vamos. ¿Dónde está el puerto?, ¿tener más dinero, gastar más, destruir más, tiranizar más?
¿Cómo ve todo lo que está pasando en el mundo actual?
Veo que vivimos en una inseguridad tremenda. Veo un gran peligro, porque hoy las dictaduras tienen muchos medios para eternizarse, como nunca tuvieron. Antes cabía disentir, rebelarse, pero cada vez tienen más medios para atarnos. Y si eso se consigue, el futuro de la humanidad es ser borregos. Cuatro señores mandando y los demás borregos.
¿Cree que Europa es el único espacio de resistencia frente a esa tendencia mundial?ç
Creo que Europa tiene un depósito de energía para enfrentarse con eso, y está en la Iglesia Católica y en el Concilio. Hay que leer el Concilio, ya sea por convicción o por táctica, para darse cuenta de que ahí hay una fuerza capaz de resistir todo eso. Si no, no veo dónde. Yo soy muy proeuropeo. Solo saldremos del hoyo si conseguimos que Europa esté unida. Los españoles somos cainitas, y si Europa no nos ayuda lo seguiremos siendo toda la puñetera vida.
¿Piensa entonces que la Iglesia está llamada a una misión histórica en la actual crisis de civilización, a ser referente en la defensa de ciertos valores humanistas frente a los autoritarismos?
Sin lugar a dudas. Yo creo en eso y trabajo por eso. El pontificado de Francisco, y también el actual, va en esa línea.
¿Teme a la muerte?
Sí, sí. Tengo mis dudas, claro. Si no hay nada, se acabó. Y si hay algo, yo creo en la misericordia de Dios y creo que algo tendrá que haber. La vida es un misterio, todo se renueva, la nada no existe. Si el ser humano es cualitativamente distinto de una roca, de un árbol, de un animal, lo será siempre. Confío en Jesucristo. No sé nada, pero confío en Jesucristo. Tengo fe, pero me cuesta creer que lo veré con la misma carne que ahora. La resurrección de la carne véola difícil, pero yo qué sé. La vida ye más fuerte que la muerte. Observando la naturaleza ves milagros. Una carretera de asfalto, y en esto ves que una hierba horada el asfalto, con lo duro que ye, y sale arriba. ¿Qué ye esto? ¡Vaya fuerza que tiene la vida! Es tremendo.
¿Ha aprendido mucho de observar la naturaleza?
Sí, me gusta mucho. Allí en la cabaña en junio suele haber muchas tormentas. A veces está tronando desde la tarde hasta la mañana siguiente. Estás allí metido, oyes los árboles y sientes todo el barullo de los pájaros. Y en esto hay un silencio tremendo, empieza a moverse todo y ves que del norte viene la tormenta. Se hace un silencio tremendo, los animales desaparecen y, ¡ras!, cae la tormenta. Pasa la tormenta en un momento y miras el horizonte, y ves que sale una niebla del valle. Y una paz…Merece la pena la vida solamente por ver eso. Asturias ye tan maravillosa en ese sentido…Es un lujo que no tiene precio. Yo anduve mucho la montaña, y la semana que no iba sentía que perdía el tiempo. Cuando me preguntan dónde quiero que me entierren, yo digo que tiren mis cenizas donde tengo la cabaña. Lo saben mi familia y mis amigos. Mis cenizas allí arriba en el monte, ¡no me meto en un cementerio ni loco!



























