Irán, el socio traidor y el rey desnudo en la era del story doing

A Pedro Sánchez siempre lo elevó la bajeza de sus enemigos y siempre supo buscárselos.

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Enrique Del Teso
Enrique Del Teso
Es filólogo y profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu. Su último libro es "La propaganda de ultraderecha y cómo tratar con ella" (Trea, 2022).

La guerra de Irán, como todas las cosas trascendentes, es más de lo que parece, pero también lo que parece. Y parece tres cosas. Una es que es una ilegalidad que nos deja a todos a la intemperie. ¿Qué garantiza que las Canarias sean parte de España? Lo garantiza el entramado que reprime la violación de las leyes internacionales, solo eso. Sin ley, nada es seguro. La segunda es que es la hipocresía de inmorales y mentirosos. El gobierno de Irán es malvado, pero quienes lo atacan son criminales sin legitimidad moral. Netanyahu acaba de asesinar a más de 60.000 personas de manera planificada. A Trump lo resumió hace poco Rufián juntando en un par de frases los hechos que están a la vista: «Trump ha bombardeado y secuestrado al Presidente de Venezuela, ha chantajeado a Europa, se ha repartido las tierras raras de Ucrania con Putin, se quiere quedar con Groenlandia, ha amenazado a Dinamarca, a Canadá, a Méjico, a Colombia y a Cuba, se ha inventado una ONU propia para construir un resort en Gaza, ha cortado la ayuda a Somalia, se ha mofado de las personas trans y de otros presidentes en una rueda de prensa, ha asesinado y secuestrado incluso a niños con un ejército paramilitar privado llamado ICE que separa a la gente con chubasqueros de colores en campos de concentración y ha bombardeado y asesinado en Irán. En 3 meses». Y la tercera es que es una temeridad, porque EEUU e Israel tienen fuerza sobrada para iniciar procesos de cualquier magnitud, pero no de controlarlos. Lo de Irán es un incendio devastador que nadie sabe adónde llevará. Los beneficios para EEUU parecen inexistentes. Otra cosa es Israel. Israel sacará más territorios en el sur del Líbano y habrá dado pasos para el control de Oriente Medio con Arabia. En 2019 el New York Times anuncia que dejará de publicar viñetas cómicas de contenido político. El motivo fue el rifirrafe diplomático por una viñeta del dibujante Chappatte. En la viñeta aparecía Trump ciego y Netanyahu como el perro que lo guiaba. Pues vaya. ¿No es eso lo que pasa?

Aparentemente, EEUU tiene dos cosas que ganar. Una es debilitar a China. EEUU tiene muchos recursos energéticos y China no. China era el principal comprador del petróleo venezolano e iraní. Pero no se daba la inversa. Venezuela e Irán no eran los principales vendedores para China. Entre los dos no llegaban al 15% del petróleo que compraba. La otra cosa es acabar con el derecho internacional, crear el caos en el que mandan las bandas y los matones. La libertad que balbucean Milei y Ayuso es la ausencia de policía que quieren todas las bandas: que no haya más protección que la que ellos brinden a cambio de vasallaje, ni más ley que la suya. La ultraderecha son los perros de las oligarquías que no quieren naciones sino feudos, tierras de bandas. Pero EEUU no puede controlar el fuego que inició, tiene fuerza para sembrar el caos, pero no para ser el matón que quiere ser en ese caos.

Portada del diario alemán Taz: “España tiene valentía, nosotros tenemos a Merz”.

Y en medio del jaleo, Sánchez acapara la atención internacional y se gana, él y nuestro país, los exabruptos enfermos y las amenazas enloquecidas de Trump. La cosa tiene su miga. Trump truena a todo el mundo, amenaza a amigos y enemigos, y deja claro a Meloni que no tiene amigos sino lacayos. La aversión a Trump se hizo general. Era lógico suponer que con su victoria la ultraderecha sacaría pecho, con tan poderosa referencia. No fue así. Claro que sus modales y sus brutalidades políticas marcan la agenda ultra, porque en eso consiste ser ultra. No presumen de él. Las pocas veces que Abascal estuvo ante él lo hizo como la Virgen María ante el arcángel San Gabriel, sin más discurso que hágase en mí según tu palabra. Pero no lo nombra en su propaganda. Sin embargo, todo el mundo lo engrandece callando y con adulaciones cobardonas. Pobre señor Rutte. Cuando un poderoso engreído y enfermo te amenaza, tienes un problema y está de más la chulería infantil expresada en tópicos facilones de cabeza alta, vivir de pie y esas cosas. Tienes un problema. La cuestión es que tu problema no se alivia lamiendo el culo del matón. Así Trump fue aumentando su atrevimiento y desvergüenza. Quizá recuerden al recluta bufón, de La chaqueta metálica, cuando le dice al violento instructor que no cree en la Virgen. El instructor ruge toda su rabia para que rectifique y el recluta le dice tenso: «Señor, negativo, señor, el recluta bufón opina que […] el instructor jefe le golpeará más fuerte si se le ocurre cambiar de opinión, señor». Había entendido que tenía un problema y el besamanos baboso no lo aliviaría. Solo el Vaticano le llevó la contraria explícitamente, sin aparato escénico, pero explícitamente.

Toda invocación a la patria y todo patriotismo es siempre contra compatriotas

Sánchez sí se le opuso con aparato escénico. Fue la horma de su zapato. Por un lado, Trump juega a dejar sin habla a sus rivales por su atrevimiento. Y ahora le tocó a él la perplejidad ante la audacia imprevista. Por otro lado, el despliegue de propaganda de Trump va más allá del relato, él ya pasa al story doing. Su eficacia se basa en la acción, en parecer que siempre está haciendo algo, siempre consiguiendo algo y siempre venciendo. La zafiedad obscena le hace parecer vencedor, la atención permanente hace parecer que actúa. Sánchez no dijo nada que no fuera obvio. No estamos ante una lumbrera que explique lo que los demás no ven. Estamos ante una acción. La furia enajenada de Trump convierte en acción el mero cruce de brazos de Sánchez. La relevancia, tener la atención, es lo que crea la sensación de que estás haciendo y no diciendo. Le endilgó a Trump el story doing. Y tiene consecuencias. Los demás gobernantes tienen ahora presión de la opinión pública. Que un país se atreva humilla por contraste a quienes no hagan lo mismo por no atreverse. Merz ya tuvo que recular ante las encuestas. Meloni tuvo que ser aún más explícita, por los riesgos para Italia de esta guerra y por la influencia de Sánchez en la oposición italiana. Y tiene otra consecuencia. Buena parte de la fuerza de Trump es fuerza atribuida. Que se le plante un presidente, que el plante cree un estremecimiento en la UE y que no esté claro cómo puede tomar represalias contra su país, muestra que el rey está más desnudo de lo que parece (aunque ciertamente España tiene un problema, que nadie trivialice las amenazas).

Aznar, Feijóo y Rajoy. Foto: PP

Y el incidente desnuda a nuestra derecha. Toda invocación a la patria y todo patriotismo es siempre contra compatriotas. En España es notorio que la derecha nunca tuvo patria si no la gobierna. Pero en su reacción a las amenazas contra nuestro país están revelando algo más profundo: que la derecha nunca tiene patria, sino clase social. La sumisión a quien amenaza a España no es ninguna contradicción. Están en su sitio así, con su clase social.

A Sánchez siempre lo elevó la bajeza de sus enemigos y siempre supo buscárselos. Su fuerza siempre fue más por lo que evita que por lo que hace. Sabe lo que no sabe la izquierda: sabe con quién confrontar. La izquierda pone su artillería ideológica identitaria en lo que la hace izquierda «auténtica», en contraste con la izquierda de al lado. Sus constantes pellizcos de monja mutuos desmoralizan a su electorado. Pocas veces, muy pocas, habló Sánchez de Podemos. Sabe qué enemigos lo engrandecen y con quién confrontar. El nervio que pinzó ahora es muy movilizador. Igual hay novedades. Alguna vez dije medio en broma, que en las reuniones donde hay que votar algo, la mejor destreza es la de convencer a los demás de cuándo se acabó la reunión. Siempre se mueven las posiciones como caldo gordo, solo hay que esperar a que estén donde tú quieres y entonces hacer ver a los demás que ya terminamos. La actualidad hecha de fogonazos rápidos y amnésicos hace que los resultados electorales dependan mucho de lo que pase los últimos tres días. El poder de cerrar la legislatura es ahora mucho poder. Como en las reuniones, solo hay que esperar a que el momento te favorezca y entonces convocar elecciones. Como en Irán y en el Congreso pinten bastos para Trump, Feijoo siga como un juguete averiado, Ayuso siga sin saber hacia dónde escupir y la confrontación de Sánchez sea con Vox, habrá novedades. Y quizá la izquierda tenga a bien dejar de rascar donde no pica. Que buena falta hace.

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