Un imbatible PP, en el poder desde 1987 en la región autónoma más grande de Europa, ha vuelto a ser el partido más votado en las elecciones de Castilla y León, obteniendo 33 procuradores, dos más que en 2022, y el 35,45 % de los sufragios. Mañueco y Feijóo han logrado su objetivo, infringir una nueva derrota a Pedro Sánchez, pero para gobernar el PP tendrá que depender nuevamente de un Vox contenido, que solo ha conseguido sumar un procurador más, hasta los 14 parlamentarios. Quizá no vayan tan de sobrados como otras veces.
Si bien el PSOE no ha logrado el objetivo de ser la lista más votada, hito que consiguió en 2019, con el burgalés Luis Tudanca al frente del partido, los socialistas han crecido este domingo hasta los 30 procuradores, dos más de los que tenía. Un resultado que devuelve la sonrisa al PSOE tras los fiascos de Extremadura y Aragón, y que demuestra que no hay nada escrito de aquí hasta 2027, sobre todo cuando la imagen de Pedro Sánchez está en pleno apogeo a nivel internacional debido a su papel de antagonista frente a Trump.

Los castellanoleoneses que han cogido la papeleta del PSOE lo habrán hecho influidos por la política nacional e internacional, pero no solo. El partido ha sabido posicionarse como la opción progresista útil, y lo ha hecho además con un buen cabeza de cartel. Carlos Martínez, un candidato simpático, con look de Los Pecos, y fogueado en el municipalismo, ha funcionado desde el territorio. Con un liderazgo surgido desde abajo, Martínez es la antítesis de la fórmula de Moncloa de colocar a ministros paracaidistas al frente de candidaturas autonómicas confeccionadas desde las alturas. El modelo funcionó en Catalunya con Illa, pero fracasó en Madrid con Gabilondo, en Aragón con Pilar Alegría, y muy probablemente volverá a estrellarse en Andalucía con María Jesús Montero. El buen resultado de Martínez puede convertirle en el medio plazo en algo tan difícil de construir en Castilla y León como la alternativa progresista a una hegemonía conservadora que parece inexpugnable a nivel autonómico.
Vox y UPL logran buenos resultados, pero se estancan
En política las expectativas son tan importantes como los resultados, y en ese sentido la noche tiene dos relativos perdedores: Vox que ha crecido, pero muy por debajo de lo previsto, y la Unión del Pueblo Leonés que ha mantenido los 3 escaños que ya tenía en la anterior legislatura, pero sin dar ese estirón que muchos pronosticaban para este 15 de marzo. El factor Zapatero y la resistencia del PSOE en León han sido claves para cortocircuitar el crecimiento de los leonesistas a costa del partido socialista.
Alantre, el nuevo partido de la izquierda leonesista, que debutaba en estas elecciones, apenas ha llegado a los 380 votos, si bien su futuro inmediato puede estar más en las elecciones locales, como se apuntaba esta semana en un artículo de Pablo Batalla para NORTES.

El tirón provincial de Carlos Martínez, alcalde socialista de Soria, también cierra el paso al regionalismo soriano. Soria Ya, junto con Teruel Existe la formación más solida de la España Vaciada, pierde dos escaños y se queda con un procurador en las cortes castellanoleonesas. Por Ávila en cambio aguanta en una comunidad de fuertes provincialismos, o incluso regionalismos subprovinciales, como el del Bierzo, y donde la identidad común sigue sin consolidarse cuarenta años después de su fundación.
Mención aparte merece el fracaso estrepitoso del espacio a la izquierda del PSOE, que dividido, ha sido incapaz de movilizar a sus votantes, muchos de los cuales han hecho un voto pragmático por Carlos Martínez, que en un guiño a ese electorado se ha pasado la mitad de la campaña envuelto en un coqueto pañuelo palestino.

IU-Sumar-Equo y Podemos-Alianza Verde han pagado caro malas campañas y malas decisiones. La principal, acudir separados a las urnas en un momento de tanta debilidad, y cuando se lo jugaban todo a una carta: obtener un procurador por Valladolid. En Podemos Andalucía es probable que muchos y muchas estén repensando si ha sido una buena idea apostar por concurrir en solitario frente a IU y Adelante Andalucía.
La competencia interna de las izquierdas tiene un claro beneficiado: el PSOE, convertido en refugio seguro del ciudadano progresista, allí donde no hay un Bildu, una Chunta o un BNG al que votar. Desde su cuenta de X Gabriel Rufián enviaba un lacónico mensaje a las dirigencias de ese espacio que sigue sin fiarse de su propuesta frentepoulista: “0 escaños a la izquierda del PSOE. No hacer algo (o hacer lo de siempre) es pura negligencia”. Ciencia, método y orden. Ninguna de esas tres ha brillado en estas elecciones.



























