La frontera de 2027. Algo puede estar cambiando.

Los italianos castigaron a Meloni por su sumisión a Trump, Sánchez creció por destacarse como antagonista suyo.

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Enrique Del Teso
Enrique Del Teso
Es filólogo y profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu. Su último libro es "La propaganda de ultraderecha y cómo tratar con ella" (Trea, 2022).

Todo parece negativo para el Gobierno: sondeos en contra, pesimismo y mala follá ambiental. La lógica modal dice que, si algo es posible, no es segura su negación. Que algo pueda estar cambiando quiere decir que nada es irremediable. Hay indicios y hay tarea.

Podemos empezar por un par de detalles. En el mejor momento de Podemos había algo que no detectaron. Una cosa es enfadar al PSOE y otra irritar a sus votantes e incluso a los de IU (desapareció un millón de votos entre diciembre y mayo). Los simpatizantes del PSOE eran erizos. Es malo hacer chincha rabiña al espacio que tú querrías reconfigurar políticamente, no se pasa de las púas al cariño tan fácilmente. C’s irritaba al PP y sacaba de quicio a Rajoy («aprovechategui» llamó Rajoy a Rivera; era un máquina), pero no a los votantes del PP. Vox molestaba y preocupaba al staff pepero, pero no a sus votantes, que incluso se sentían bien esnifando sus vahos de odio y ordinariez. Pero a veces un incidente recoloca las piezas y se hace bola de nieve. Lo de Extremadura hartó a la parroquia de la derecha, no solo a sus dirigentes. En Castilla y León se enfriaron las expectativas de Vox y ahora no tienen fácil gestionar ese punto de antisistemas deslenguados. La grey conservadora está harta de cargar con ese morral. El 20% al que apuntaban está ahora por ver. Y además hasta ahora Vox era opaca, no se oía lo que rugía dentro. Ahora empiezan a oírse los navajazos. La ultraderecha es de naturaleza lacayuna, tienen amos. Y aquí no son creyentes, como ocurre con el corazón de MAGA en EEUU. Aquí la mayoría son golfillos pillando cacho o mindundis vociferantes buscando culos que lamer. Con ese paño, no se sabe dónde acaban las purgas que están empezando. Son importantes las grietas de Vox, porque lo que está subiendo en Europa y en España es la patada al tablero que se asocia con la ultraderecha, no es poca cosa que se ralenticen los motores de Vox.

Solo se puede ser trumpista siendo lacayo y solo se puede ser lacayo de Trump siendo ridículo

Pero también hay un problema con Trump y la guerra. Hay un problema de referencias. Trump es el ideal ultraderechista en el poder donde hay más poder. Es la gran escena: la democracia es una barquichuela a la deriva y en la tempestad lo que importa es el líder, la mano fuerte que lleva el timón. Lo que une al pueblo en torno al líder es la nación esencial, sin impurezas; y la religión, solo una, la católica, que es la más organizada. Un catolicismo fanático nacionalizado y en vías de cisma con Roma. Las dos emociones que hacen más compulsiva la conducta colectiva, nación y religión, juntas como base del amado líder, sin melindres de separación de poderes y ya veremos si de elecciones. Pero esa figura de referencia amenaza a tu país y a Europa. Organiza una guerra donde más se puede inflamar, donde va a morir mucha gente y nadie sabe por qué ni buscando qué, donde más daño hace a Europa, sin consultar, sin avisar y encima amenazando e insultando. No hay manera de ser un trumpista respetable y patriota. Solo se puede ser trumpista siendo lacayo y solo se puede ser lacayo de Trump siendo ridículo, como Corina Machado o como Rutte. Y es difícil ser de derechas sin ser trumpista. No es que la gente quiera a un dictador. Lo que quiere es algo que la propaganda ultra venía ofreciendo: estabilidad y orden, el calor y autoestima de una identidad colectiva abrazada por tradiciones y con raíz en un pasado arrebatado. Pero Trump escenifica desorden, inestabilidad y caos. Meloni perdió un referéndum que tenía algo de plebiscito. En Francia la izquierda ganó en las ciudades más grandes y Bardella y Le Pen, que iban a escalar hasta tener a la vista el Elíseo, se quedaron silbando tangos. En EEUU Trump está por los suelos y tiene legislativas en noviembre. Bannon susurra el cisma en la Iglesia, el Papa se mantiene firme y está lista su primera encíclica. Según se vayan consumando pasos, ¿qué hará la derecha católica? Ya andan mareados con el sopapo de Venezuela, con Trump y con Irán. Les queda Orbán. Si pierde, mal y, si gana, su foto con sus amigos Trump y Putin tampoco es muy vendible aquí. España no se fía de sí misma. Europa es el exoesqueleto que mantiene su forma y mitiga sus fantasmas. Y el viento ultra sopla contra Europa. Nos llega de Trump IA y tecnofeudalismo, pero a la vez negacionismo. Enric Juliana dice que quieren llegar a Marte sin vacunas.

Donald Trump en la Casa Blanca rodeado de campeones de rodeo con sombreros cowboy. Foto oficial de la Casa Blanca: Molly Riley.

El mundo es un lugar más agresivo, autoritario e incierto. Cuando sentimos debilidad (intimidación, vergüenza, dolor) bajamos la mirada, queremos privación sensorial y recluirnos en el espacio personal con nuestras cosas. De la misma manera, los pueblos son ahora sensibles al ensimismamiento nacional y el cascarón identitario. La religión se dispara como elemento de cohesión. La propaganda de Trump se basa en la aparente acción constante: tiene que parecer que siempre está solucionando algo, consiguiendo algo, zanjando algo, dando un volantazo a algo. El daño de la propaganda ultrarradiada desde el poder de EEUU es más que cultural, es, como dijo Iván Redondo, cognitivo. Por ejemplo, me indigna que se pretenda que el problema de la vivienda son los inquilinos que no pagan y los inmigrantes. Esa indignación se produce porque tengo convicciones, certezas que podría expresar y con las que podría combatir. Sucede que los rivales de estas certezas, o están (para mí) equivocados y no lo estarían si se les mostrase su error; o son propagandistas mentirosos interesados que ocultan los hechos. Pero en esa ocultación hay una reserva de valores, tienen que ocultar porque si no perderían. El daño cognitivo se produce cuando los malos se hacen transparentes, cínicos hasta la provocación. No entro en Venezuela por la democracia, quiero el petróleo. Groenlandia es tuya, pero tengo derecho a quedármela porque yo soy más fuerte. Las provocaciones groseras sin reserva alguna de valores son constantes en las maneras ultras. Cuando consiguen éxito electoral, porque encapsulan bien el estado emocional de mucha gente a la vez airada y necesitada del arrope del terruño, ya no hay valores ni verdades con los que combatir, el daño se hace en verdad cognitivo, nos sentimos en un mundo de zombis incomunicados.

Pero los resortes de la conducta son múltiples. Los italianos castigaron a Meloni por su sumisión a Trump, Sánchez creció por destacarse como antagonista suyo. Trump da miedo y eso resta. Y la gente quiere estabilización, control, seguridad y que la máquina no se desboque. Seguramente el temple de Carlos Cuerpo sea adecuado para el momento. Sánchez puede ganar si consigue ser percibido como el agente de la estabilidad. Puede perder si la derecha coloca el mensaje de que España se cae a cachos (trenes, sanidad, vivienda). La izquierda no está siendo parte de la ecuación. La economía y la seguridad mandan. Las energías renovables siempre tuvieron marca ideológica. Resulta que ahora España es menos dependiente que el resto de Europa del petróleo estrangulado en Ormuz y los bandazos geopolíticos del gas. Es momento de enmarcar las renovables en la ventaja económica y no solo en el aire limpio. Se repiten expresiones como expolio fiscal o impuestos depredadores. Hay que enmarcar los impuestos, asociar el infierno fiscal con masas viviendo en chabolas y niños criados entre charcos y el paraíso fiscal con ciudades con bibliotecas, parques y ocio. La gente quiere seguridad. Los impuestos son la forma de protegernos unos a otros. Su eliminación es la barbarie y las bandas. La expropiación es un acto de autoridad legítimo (lo hizo González en el 83 con Rumasa, con el aplauso de la banca). Hay que enmarcarla en el control firme del barco que queremos sentir en la tempestad. Habrá que invocarla para la vivienda. La izquierda tiene que seleccionar ideas clave (energía renovable, impuestos, expropiación) y enmarcarlas en el actual estado de cosas. En los 80 los verdes alemanes destiñeron a los socialdemócratas con sus ideas clave. Algo puede estar cambiando, hay tarea. Tres candidaturas de izquierda en Andalucía es un chiste. Espero que al menos no nos lo expliquen. Hay tarea para la izquierda y no es esa.

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