“Israel ve como amenaza cualquier estado fuerte y cohesionado: su apuesta pasa por una región fragmentada”

El profesor José Abu-Tarbush analiza la pugna por el nuevo equilibrio de poder en Oriente Próximo tras el genocidio de Gaza.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

José Abu-Tarbush lleva décadas analizando Oriente Próximo, pero sostiene que el genocidio de Gaza ha alterado de forma irreversible el equilibrio regional. Doctor en Sociología y profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de La Laguna, participó este viernes en Xixón en un encuentro sobre Palestina organizado por el Comité de Solidaridad con la Causa Árabe, donde abordó no solo la devastación de la Franja, sino también las consecuencias geopolíticas de una guerra que, a su juicio, ha “desvelado la verdadera naturaleza colonial y expansionista de Israel”.

Durante la conversación con Nortes, Abu-Tarbush cuestiona abiertamente la estrategia de Benjamín Netanyahu, niega que Israel haya logrado destruir a Hamás y sostiene que la reconstrucción de Gaza no puede separarse de la cuestión de la soberanía palestina. “El derecho internacional está enterrado bajo los escombros de Gaza”, afirma. A lo largo de la entrevista también analiza el papel de Estados Unidos y Europa, el desgaste del orden internacional liberal y la creciente inquietud de algunos países árabes ante la pretensión israelí de consolidarse como potencia hegemónica regional.

La entrevista tuvo lugar pocas horas antes de su participación pública en Asturias, en un momento marcado por el bloqueo político sobre el futuro de Gaza, el deterioro humanitario en la Franja y las tensiones crecientes en todo Oriente Próximo. Para Abu-Tarbush, el conflicto ya no puede entenderse únicamente como una cuestión palestino-israelí: “El proyecto colonial de Israel no se queda en Palestina, tiene un propósito claramente regional”.

Más de dos años y medio después del 7 de octubre de 2023, ¿qué cree que ha cambiado de forma irreversible en Oriente Próximo?

Bueno, básicamente dos cosas. Una es que Israel ha desvelado su máscara para quien todavía creía que era una democracia liberal o un Estado que buscaba la paz. Ha demostrado el verdadero rostro del movimiento sionista con el genocidio llevado a cabo en Gaza como medio para acometer la limpieza étnica de Palestina. Y la otra es alterar el equilibrio de poder regional con el propósito de vertebrarse como el gran hegemón de Oriente Medio. Ya goza de una supremacía estratégica evidente, controla prácticamente los cielos de la región con el apoyo incondicional de Estados Unidos. Y el capítulo final para consolidar eso se está jugando ahora mismo en el Golfo Pérsico.

Netanyahu prometió destruir a Hamás. Después de todo este tiempo, ¿puede decirse que lo ha conseguido?

No. Yo creo que eso ha sido más bien una excusa para prolongar la guerra por razones internas que afectan a la propia coalición gubernamental israelí. Difícilmente se puede destruir a Hamás mientras persista la ocupación israelí. Incluso aunque lograran acabar con Hamás, surgirían otros movimientos similares. El problema es que se pone la carreta delante de los bueyes. Se habla de Hamás, pero no de las causas estructurales del conflicto, que son la ocupación militar, el colonialismo y un régimen de segregación y apartheid. Hamás es el resultado de la ocupación israelí, no su causa. Y cualquier ocupación genera resistencia.

¿Entonces cree que la guerra se ha convertido también en una forma de supervivencia política para Netanyahu?

Claro. Hay una dimensión interna evidente. La continuidad de la guerra ayuda a mantener cohesionada la coalición gubernamental israelí y desplaza otros debates internos. Pero además se ha instalado una lógica de guerra permanente donde ya ni siquiera se habla de una solución política real. Todo gira alrededor de la seguridad y de la eliminación del enemigo, pero sin abordar nunca el problema de fondo.

Se habla constantemente de reconstrucción en Gaza. ¿Puede existir reconstrucción sin soberanía?

No hay soberanía en Palestina. Ese es precisamente el problema central. Palestina puede existir nominalmente como Estado, pero carece del principio básico de cualquier Estado, que es el ejercicio efectivo de la soberanía sobre su territorio. En Gaza, en Cisjordania y en Jerusalén Este lo que existe es una ocupación militar. Y mientras siga existiendo esa ocupación no puede hablarse seriamente de reconstrucción. De hecho, ahora mismo no hay ninguna reconstrucción de Gaza. Israel sigue bombardeando, sigue restringiendo la ayuda humanitaria y sigue manteniendo a la población en condiciones infrahumanas.

José Abu-Tarbush. Foto: David Aguilar Sánchez

¿Entonces toda esa discusión sobre el “día después” de Gaza es más retórica que real?

Totalmente. Todo eso forma parte del marketing político de Netanyahu y Trump. Se habla mucho del “día después”, pero no existe ningún plan concreto. La situación en Gaza sigue siendo dramática. Hay epidemias, escasez de ayuda, destrucción absoluta y condiciones de vida insoportables. Quizá ya no hay los bombardeos masivos de los primeros meses, pero Israel sigue incumpliendo el alto el fuego y sigue matando gente.

Después de todo lo ocurrido en Gaza, ¿qué credibilidad conserva el derecho internacional?

El derecho internacional está enterrado bajo los escombros de Gaza. Ahí es donde está ahora mismo. No se puede aplicar una moral para unos casos y mirar hacia otro lado en otros. La Unión Europea ha aprobado cerca de veinte paquetes de sanciones contra Rusia por la ocupación de territorios ucranianos desde 2022, pero los territorios palestinos llevan ocupados desde 1967 y no solo no se sanciona a Israel, sino que algunos países europeos siguen suministrándole armamento. Alemania ha sido uno de los principales proveedores de armas a Israel y países como Alemania o Italia se han opuesto incluso a suspender acuerdos con Tel Aviv. Entonces, ¿de qué derecho internacional estamos hablando?

¿Cree que Occidente está debilitando el propio orden internacional que dice defender?

Sí, completamente. Porque el incumplimiento del derecho internacional contribuye a que la fuerza sustituya cada vez más a las normas. Y luego resulta muy difícil exigirle a otros países que respeten ese mismo orden internacional. Cuando Estados Unidos habla de Groenlandia o de Panamá por la vía de la fuerza, entonces sí se habla de crisis del orden internacional liberal. Pero el doble rasero lleva años aplicándose en Palestina.

En las sociedades árabes, ¿la solidaridad con Palestina está hoy más viva que en los propios gobiernos?

Siempre ha sido así. Una cosa son las opiniones públicas árabes e islámicas y otra los gobiernos. Algunos gobiernos han apoyado genuinamente la causa palestina y otros la han instrumentalizado políticamente. Pero es evidente que buena parte del mundo árabe ha asistido de manera impotente y otra de manera cómplice a lo que ha ocurrido en Gaza. Aun así, los gobiernos ya no pueden ignorar completamente a sus sociedades como hacían antes, sobre todo después de las revueltas árabes de 2010 y 2011.

¿Hacia qué tipo de orden regional cree que se dirige Oriente Próximo?

Oriente Medio nunca ha tenido un orden regional basado en consensos amplios. Siempre ha sido un orden impuesto mediante la fuerza por potencias externas. Ahora mismo Israel busca alterar el equilibrio regional para consolidarse como gran potencia hegemónica con el respaldo de Estados Unidos. Pero ese tipo de orden, cuando no está basado en legitimidad y consenso, termina siendo contestado antes o después.

Usted sostiene que incluso algunos aliados árabes de Estados Unidos empiezan a ver a Israel como un problema. ¿Por qué?

Porque Israel ha demostrado que no tiene límites. Ha atacado Gaza, Cisjordania, Líbano, Siria, Irak, Yemen, Irán o Catar. Y eso está generando preocupación incluso entre algunos países del Golfo que tradicionalmente veían a Israel como un contrapeso frente a Irán. Ahora muchos empiezan a percibirlo como una fuente de inestabilidad regional.

“Estados Unidos e Israel siguen intentando ampliar los Acuerdos de Abraham y consolidar una normalización regional dejando de lado la cuestión palestina”

¿Eso complica los Acuerdos de Abraham y la normalización entre Israel y varios países árabes?

Claro. Estados Unidos e Israel siguen intentando ampliar los Acuerdos de Abraham y consolidar una normalización regional dejando de lado la cuestión palestina. Pero la guerra ha complicado muchísimo ese proyecto. Arabia Saudí, por ejemplo, ya ha condicionado cualquier normalización a una hoja de ruta hacia un Estado palestino. Y además existe una presión interna evidente de las opiniones públicas árabes.

José Abu-Tarbush. Foto: David Aguilar Sánchez

También menciona una creciente tensión entre Israel y Turquía. ¿Puede alterar eso el equilibrio regional?

Sí. Israel ve como amenaza cualquier Estado fuerte y cohesionado de la región. Su apuesta pasa por una región fragmentada, debilitada y dividida en entidades pequeñas y enfrentadas. Lo estamos viendo en Siria, en Líbano y también en la creciente tensión con Turquía. Todo eso forma parte de una lógica regional más amplia.

En el fondo, ¿todo esto conecta con una misma lógica política?

Sí. El proyecto colonial israelí ya no puede entenderse únicamente dentro de Palestina. Tiene una dimensión claramente regional. Netanyahu habla constantemente de una guerra de la civilización contra la barbarie. La cuestión es preguntarse quién representa realmente la barbarie en este momento.

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