Día tras día, aunque nos ocupen otros asuntos, privados y públicos, y no siempre sea noticia, el estado genocida y colonialista de Israel sigue torturando y asesinando a palestinos y libaneses y robando sus tierras y bienes. No sé hasta cuándo tendremos que soportar las imágenes de muertos y más muertos, de sus familiares llorando, de los sionistas amenazando a niños, a mujeres, haciendo barbaridades como profanar cementerios, quemar olivos, derribar casas. Día tras día, semana tras semana. Está claro que tenemos que vivir y dedicarnos a nuestras cosas, pero no por no pensarlo deja de suceder y, al menos a mí, se me hace muy difícil no recordar este infierno incluso cuando creo tener la mente más allá de Orión.
Los sionistas son, aparte de genocidas, racistas y colonialistas. No teniendo ni ligeras nociones de humanidad, sería imposible hacerles entender qué significan la compasión y la solidaridad. Estas palabras se escucharon hace unos días en la rueda de prensa de Pedro Sánchez y el director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, al acabar el operativo desplegado en torno al crucero Hondius. Además de con compasión y solidaridad, habría que decir que en este caso el gobierno de España actuó con sentido común, otra pera que no podemos pedir al olmo de la extrema derecha, sionista o casera. No quiero imaginar qué hubiera sucedido con un gobierno PP-VOX. Habrían dejado el barco a la deriva, aunque, al menos, al no estar ocupado por inmigrantes, no se habrían planteado hundirlo.
De compasión hablaron también los feacios cuando Odiseo llegó a las orillas de su patria, la isla de Esqueria, después de uno de sus muchos naufragios. Como siempre he sido muy de Aquiles y muy poco de Odiseo, estoy releyendo ahora las aventuras del rey de Ítaca, que había dejado algo abandonadas, y lo hago por Christopher Nolan. Quiero tener la Odisea de Homero fresca cuando se estrene la versión de Nolan. Me apetece mucho verla y allá iré con mi infinita ignorancia en asuntos cinematográficos, sin la menor capacidad ni intención de criticar nada porque la verdad es que quiero que me cuente algo nuevo, no lo que ya sé y, además, que Zendaya vaya a hacer de Atenea me ha dejado ya sin palabras por anticipado, ¿qué podría descolocarme más? Pero iré, sobre todo, con la enorme fe que me da que Interstellar sea una de mis películas favoritas.
No sé si en la Odisea de Nolan se recogerá la insistencia que ponía Homero en hablar de la xenía, que era la costumbre de acoger a los que llegaban a tu patria sin nada y darles ropa, techo, comida y proporcionarles descanso. La xenía, de la que era garante el todopoderoso Zeus, es lo que busca Odiseo cada vez que llega a un lugar nuevo. A veces lo encuentra, a veces no, y según su capacidad para la xenía, los pueblos que lo acogen son descritos como civilizados o como brutos.
Con los pasajeros del Hondius, además de mostrar compasión, como país hemos sido civilizados y eficaces, y eso debería ser motivo de orgullo, pero la derecha, en general, no es compasiva, y la nuestra, en particular, ni siquiera es civilizada. El gobierno, dicen, lo ha hecho todo mal, qué sabrán el director de la OMS, el Papa, o el mismísimo Homero. Pero qué podemos esperar de los mismos que ni pestañean ante los miles de migrantes muertos en ese Mediterráneo que casi se tragó a Odiseo, o ante la brutalidad de Israel, qué esperar de quienes siguen sin ni siquiera llamar genocidio a la masacre programada de palestinos y ahora libaneses. El genocidio continúa en la Franja, en Cisjordania y en el Líbano. Ya no se trata de no acoger al extranjero, darle techo, ropa y comida, como si fuera un Odiseo cualquiera, se trata, muy al contrario, de robarle lo que es suyo, expulsarlo de su propia casa y atentar contra quienes tratan de ayudarlo. Esto es lo que hace Israel. Es indecente, infinitamente indecente lo que está sucediendo con el consentimiento y colaboración de Europa.
Nos sobran lestrigones y cíclopes. Nos hace falta un Zeus que lance sus rayos contra los brutos, los señores de la guerra, los egoístas, los que ignoran la xenía. Y una Atenea (me vale Zendaya, venga, que la diosa podía tomar la apariencia que quisiera) que pise sus miserables cabezas. Con el pasaje del Hondius el gobierno ha sido eficaz y solidario de palabra y de obra. Con Palestina seguimos teniendo buenas palabras, que ya son mucho en la escombrera europea, pero pocas obras, de manera que seguiremos llorando como Odiseo en las orillas del mar de Ogigia, la isla de Calipso.



























