La campaña nacida en Gijón que llegó al Parlamento Europeo en bicicleta

El proyecto asturiano 30 Días en Bici llega al Parlamento Europeo como ejemplo de cómo la bicicleta puede transformar hábitos y ciudades.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

Carlos Rodríguez atravesó esta semana los controles de seguridad del Parlamento Europeo, en Estrasburgo, con una acreditación al cuello y una historia nacida trece años antes en Gijón. Afuera, junto a las grandes letras de “Strasbourg Love Europe”, se agrupaban representantes institucionales, activistas y expertos en movilidad de distintos países. Dentro, en el hemiciclo, se debatía sobre pobreza, empleo y políticas europeas. Y unas horas después, en una sala de comparecencias, un gijonés explicaba cómo un reto ciudadano pensado casi como un juego entre amigos había terminado convertido en referencia europea de movilidad ciclista.

La campaña 30 Días en Bici, impulsada desde Asturias en 2013, fue invitada al encuentro “Building a Cycling Europe: from promotion to shared safety”, organizado en el marco de Mai à Vélo y alineado con la Declaración Europea sobre el Ciclismo aprobada en 2024. Allí compartió mesa con representantes de la European Cyclists’ Federation, responsables de movilidad de Polonia y miembros de la Red de Ciudades y Territorios por la Bicicleta para hablar de algo aparentemente sencillo: cómo conseguir que más gente utilice la bicicleta en su vida cotidiana.

“No es un premio”, matiza Rodríguez. “Pero sí es un reconocimiento a una cosa que hacemos un grupo de gente, en gran parte, por amor al arte”. Y a la bicicleta. Detrás de esa frase, de forma menos explícita, también se reivindica que una iniciativa nacida en Asturias ha acabado sentándose en una conversación europea sobre el futuro de las ciudades.

La bicicleta como hábito, no como símbolo

La propuesta de 30 Días en Bici significa utilizar la bicicleta cada día durante el mes de abril. Pero la campaña nunca se planteó solo como un mensaje amable sobre sostenibilidad o vida saludable. Su objetivo era convertir el uso de la bici en costumbre.

“Nosotros no orientamos la campaña a la simple sensibilización”, explica Rodríguez. “La orientamos a que personas individuales prueben la bici y, repitiendo la conducta durante treinta días, adquieran el hábito”.

La idea parte de algo muy concreto. Mucha gente no usa la bicicleta no porque esté en contra, sino porque dejó de hacerlo hace años, perdió confianza o simplemente interiorizó que moverse por ciudad significa coger el coche. “Al cabo de treinta días, si no eras ciclista ya, pues ya lo eres”, resume.

Carlos Rodríguez en el Parlamento Europeo.

La idea conecta además con una transformación lenta pero cada vez más visible. Según el Barómetro de la Bicicleta 2025 elaborado por la Red de Ciudades por la Bicicleta y la Dirección General de Tráfico, la población española que asocia la bicicleta con la movilidad cotidiana se ha doblado en apenas quince años, del 18,2% en 2008 al 33,8% en 2024.

La fuerza de la campaña está precisamente en esa escala pequeña y cotidiana. No habla de épica deportiva ni de grandes travesías, sino de ir al trabajo, hacer un recado o cruzar la ciudad de otra manera. Y ahí, sostiene Rodríguez, es donde realmente empiezan los cambios.

“El cochismo tiene nuestros cerebros secuestrados”

La conversación se vuelve especialmente interesante cuando deja de hablar de la campaña y empieza a hablar de cultura urbana. Rodríguez utiliza una expresión contundente para explicar por qué cuesta tanto cambiar los hábitos de movilidad: “El cochismo es una ideología súper fuerte que se ha metido en el lenguaje, en las leyes, en el hormigón y en el asfalto. Tiene nuestros cerebros secuestrados”.

No plantea una guerra contra el coche, sino contra el automatismo. “Hay mucha gente que se levanta por la mañana y antes de pensar qué recorrido tiene que hacer ya tiene la llave del coche en la mano”.

Frente a eso, defiende lo que llama “el mix inteligente de medios de transporte”, es decir, utilizar coche, tren, autobús o bicicleta según cada trayecto concreto y no por pura inercia. En Asturias, explica, esa combinación puede ser especialmente útil. “No tiene sentido pensar que nadie tenga que ir a trabajar en bici a Oviedo. Pero si coges la bici, la subes al tren y haces el puerta a puerta, eso es muchísimo mejor que ir en coche”.

El reconocimiento europeo llega además en un momento en que las ciudades asturianas siguen discutiendo el lugar de la bicicleta en el espacio urbano, entre ampliaciones de carriles bici, debates sobre movilidad y una cultura del coche todavía muy arraigada. En Gijón, el servicio público Gijón Bici viene registrando un crecimiento sostenido y rozó los 50.000 viajes mensuales durante el verano de 2025, según datos del propio servicio municipal, aunque asociaciones ciclistas siguen reclamando mejores conexiones y una red más segura y continua.

Una red ciudadana nacida desde abajo

Uno de los aspectos que más interés despertó en Estrasburgo fue la estructura de la campaña. “Nuestra red de ciudades es una red ciudadana, no gubernamental”, resume Rodríguez. La mayoría de los grupos locales no nacieron desde las administraciones, sino desde personas que decidieron replicar la iniciativa en sus propias ciudades.

La historia comenzó en 2013. “Lo empecé como una cosa entre amigos, algo divertido”, recuerda. Poco después llegó un primer apoyo institucional en Gijón, la posibilidad de organizar actividades y la decisión de invertir los primeros recursos en desarrollar herramientas que permitieran extender la campaña a otros lugares.

“Hicimos muchas cosas para hacer fácil a la gente desarrollar la campaña en cualquier sitio, sin tener una gran organización ni financiación especial”.

Una de las actividades de 30 Días en Bici. Foto: David Aguilar Sánchez

Ese modelo flexible y fácilmente replicable es precisamente lo que ha permitido que 30 Días en Bici creciera mucho más allá de Asturias. Lo que empezó como una iniciativa local terminó convirtiéndose en una red internacional presente en decenas de ciudades.

“Nunca pensé que iba a estar en el Parlamento Europeo en 2026”, admite Rodríguez. Pero también reconoce que ver allí el nombre de la campaña tiene algo especial: “Parece que a veces no se hace nada en nuestra región que sea importante para el mundo. Y esto interesa a otros países”.

Mucho más que carriles bici

Durante la jornada en Estrasburgo se habló de infraestructuras, seguridad y robos de bicicletas, pero también de algo más difícil de medir: cómo se construye una cultura ciclista. Rodríguez insiste en que los carriles bici son importantes, igual que los aparcamientos seguros o las conexiones bien diseñadas, pero cree que por sí solos no cambian comportamientos. “Las infraestructuras por sí solas no tienen el poder de crear cultura ciclista. Hace falta más”.

Por eso defiende que campañas como 30 Días en Bici funcionan como herramientas de transición, ayudan a que personas que nunca se habrían planteado usar la bicicleta prueben a hacerlo sin necesidad de identificarse previamente como “ciclistas”.

Después de las mesas redondas, los participantes salieron del Parlamento Europeo para recorrer en bicicleta las calles de Estrasburgo hasta la estación central de la ciudad. La jornada terminó entre conversaciones improvisadas, contactos y cervezas, con esa mezcla de cansancio y euforia de los días largos.

Pero cuando se le pregunta por la verdadera recompensa de estos trece años, Rodríguez no habla de Europa ni de reconocimientos institucionales. Habla de otra cosa. “Hay gente que te dice: ‘No había usado la bicicleta en diez años. Hice los treinta días y ahora la uso todos los días. Gracias, porque me habéis cambiado la vida’”.

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