Los termómetros asturianos alcanzaron los 37 grados de máxima este domingo, y está previsto que la primavera se despida con temperaturas propias del verano. Se terminó el tiempo en que las olas de calor estaban asociadas al sur peninsular y las alertas sanitarias por exceso de temperatura parecían cuestiones lejanas. El calor también mata en Asturies, y ya lo hace en mayor medida que, por ejemplo, los accidentes de tráfico. Frente a las 8 muertes en la carretera en todo 2026, el calor dejó en Asturies, solo este mes de mayo, 46 fallecidos.
Los datos del sistema MoMo —el mecanismo de monitorización de la mortalidad diaria del Instituto de Salud Carlos III— muestran cómo el calor ha dejado de ser un fenómeno excepcional para convertirse en un factor de riesgo sanitario cada vez más frecuente.
El fenómeno resulta especialmente llamativo en una comunidad tradicionalmente templada. Precisamente esa relativa falta de adaptación explica parte del problema. Las ciudades asturianas no están diseñadas para protegerse del calor y la población uno de los índices de envejecimiento más altos del España, un factor decisivo cuando las temperaturas se disparan durante varios días consecutivos.
El Observatorio de Salud de Asturias ya advertía en su informe sobre cambio climático y salud que el aumento de las temperaturas incrementaría la mortalidad asociada al calor, especialmente entre personas mayores y con patologías previas. Los expertos señalan que muchas de estas muertes no se producen por golpes de calor directos, sino por el agravamiento de enfermedades cardiovasculares, respiratorias o renales.
Durante 2025 los indicadores comenzaron a mostrar una aceleración preocupante. En julio, el sistema MoMo atribuía ya 28 fallecimientos en Asturies al exceso de temperatura entre mayo y mediados de julio, frente a apenas un caso registrado durante el mismo periodo del año anterior.
El verano de 2025 confirmó una tendencia observada en toda Europa: el calor extremo está aumentando su impacto sobre la mortalidad. A escala estatal, las muertes atribuidas a las altas temperaturas crecieron de forma exponencial respecto a 2024, con especial incidencia entre mayores de 65 años.
Pero el salto más inquietante ha llegado este 2026. A finales de mayo Asturies registró temperaturas impropias de la época y activó avisos por calor extremo. En apenas una semana, el sistema MoMo estimó entre 13 y 24 fallecimientos relacionados con las altas temperaturas en el Principado, situando a Asturias entre los territorios más afectados del norte peninsular.
La situación llamó la atención de los especialistas porque el umbral de riesgo en Asturias es relativamente bajo. Según los datos manejados por el Instituto Carlos III, temperaturas medias en torno a los 26 grados ya pueden generar un incremento significativo de la mortalidad en la comunidad.
El problema trasciende las cifras puntuales. Lo que reflejan estos episodios es la transformación progresiva del clima asturiano. Las temperaturas máximas aumentan, los periodos cálidos son más largos y las noches tropicales, antes excepcionales, comienzan a formar parte del paisaje veraniego. El resultado es una presión creciente sobre una población especialmente vulnerable por edad y condiciones de salud en el supuesto “refugio climático” asturiano.



























