“¿Por qué Talleres del Conde no va a representar ahora el renacer de este valle?”. La pregunta la lanza Aarón Zapico (Langreo, 1978) al hablar del nuevo reto que acaba de asumir en su propia tierra. Después de más de dos décadas dedicado a rescatar sonidos del pasado para hacerlos dialogar con el presente, el músico langreano traslada ahora esa mirada a una antigua fábrica de La Felguera llamada a convertirse en una nueva referencia cultural para las cuencas mineras.
El complejo de Talleres del Conde, construido originalmente en 1891 y vinculado al desarrollo siderúrgico de Langreo, acaba de completar su rehabilitación tras una inversión de 7,8 millones de euros financiada por el Instituto para la Transición Justa y el Principado de Asturias. La intención es que un espacio marcado por la memoria obrera vuelva a tener actividad, esta vez como lugar de creación, encuentro ciudadano y producción cultural.
El encargo llega a un creador acostumbrado a trabajar precisamente con esa tensión entre tradición y renovación. Director de orquesta y clavecinista, Zapico fundó en 1999 junto a sus hermanos Daniel y Pablo Zapico el conjunto Forma Antiqva, una de las formaciones españolas de referencia en la reinterpretación de la música antigua. Con ella ha recorrido escenarios de Europa, Asia y América Latina, mientras desarrollaba una trayectoria como director invitado junto a algunas de las principales orquestas del país.
Formado en Asturias y especializado en música antigua y clave en el Real Conservatorio de La Haya, Zapico ha participado en proyectos en espacios como el Teatro Real o el Festival Internacional de Música y Danza de Granada. Hoy vive de nuevo en Langreo y reivindica que crear desde la periferia no solo es posible, sino que puede ser una ventaja.
Naciste en Langreo, te formaste aquí, acabaste dirigiendo proyectos por medio mundo y ahora vuelves a una antigua fábrica del Nalón. ¿Qué sentiste la primera vez que entraste en los Talleres del Conde ya rehabilitados?
Yo nací en Langreo, luego estudié en Oviedo, Salamanca, Barcelona, Holanda… Me moví bastante y hace unos años decidí volver a vivir a Langreo e intentar construir mi futuro laboral y también personal desde aquí. Talleres del Conde lo conozco desde niño, de verlo ahí, ese complejo industrial gigantesco. Desde que empezaron con la rehabilitación, es un sitio por el que paso a correr de manera muy habitual y, aunque suene un poco a aprovechar la ocasión, siempre que pasaba por delante fantaseaba con todo lo que se podía hacer ahí. Pensaba en cuántas cosas podrían ocurrir en ese espacio. Cuando me nombraron comisario, fui a visitarlo, vi las posibilidades que tiene y es realmente impresionante. Es un sueño para cualquier programador cultural.

Has dedicado buena parte de tu vida a renovar la mirada sobre la música antigua. ¿Hay algo parecido en recuperar patrimonio industrial, en coger algo del pasado para hacerlo hablar al presente?
Totalmente. Es una figura metafórica muy aproximada y muy acertada. Con la música antigua cogemos partituras que están llenas de polvo, de tachones, de manchas, escondidas en un archivo y sin utilizar desde hace cientos de años. Con el patrimonio industrial pasa un poco lo mismo: son restos patrimoniales que normalmente se encuentran en un avanzado estado de abandono y a los que se les pasa un trapo por encima. El trapo, también metafórico, del conocimiento, de la restauración, de saber leer entre líneas, de la modernización y de utilizarlos para las generaciones futuras. Lo que da fuerza a espacios como Talleres del Conde es que no son construcciones hechas ahora para un objetivo determinado, sino lugares que forman parte del ADN de los langreanos. Miles de familias trabajaron allí y esas cicatrices le dan una fuerza tremenda. Talleres del Conde representa el nacimiento, el desarrollo y el éxito de la siderurgia en Langreo, pero también su ocaso. ¿Y por qué no va a representar ahora el renacer de este valle? Ese es nuestro objetivo.
Una nueva etapa para las Cuencas
Las Cuencas se caracterizaron durante mucho tiempo por el carbón y la industria. ¿Pueden ser ahora también un territorio que produzca cultura?
Totalmente. Estoy convencido y además intentando convencer a la gente de que tiene que ser así. Nuestro futuro en Langreo pasa por dos disciplinas: una es la cultura y otra es el deporte. Vivimos en un espacio privilegiado para el deporte. Yo salgo de mi casa y sin cruzar una calle tengo una senda de prácticamente 35 kilómetros. Eso es un lujo que muy poca gente tiene a su alcance. Las disciplinas deportivas, el cuidado de la salud mental y de la salud física, que nuestros jóvenes vean el deporte, caminar y el contacto con la naturaleza como algo habitual, son fundamentales. Y al mismo tiempo debemos ser un faro de cultura social, de cultura activa, cultura para los mayores, para la población con menos posibilidades de accesibilidad, ya sea por capacidades diferentes, por niveles económicos o por cualquier otra circunstancia. Tenemos que trabajar en esos aspectos y la cultura puede jugar un papel fundamental en el desarrollo de esta nueva Asturias y de estas nuevas cuencas mineras.
“Me gustaría que alguien pudiera decir: voy con los críos a merendar a Talleres del Conde porque mientras meriendan yo puedo estar leyendo un libro, viendo un documental o descubriendo que va a haber un concierto”
Cuando dentro de unos años alguien diga “voy a los Talleres del Conde”, ¿qué te gustaría que encontrara allí?
Me gustaría que alguien pudiera decir: voy con los críos a merendar a Talleres del Conde porque mientras meriendan yo puedo estar leyendo un libro, viendo un documental o descubriendo que va a haber un concierto. Que pueda dejar a los niños en una ludoteca, que tengan una zona de gaming, de deporte al aire libre, un espacio para hacer sus películas, mezclar música o hacer sus primeros pinitos como DJ. Después puede haber una actividad enfocada a ellos, desde un concierto didáctico hasta un taller de artes plásticas. Me imagino un centro abierto desde por la mañana hasta por la noche, un punto de encuentro de la ciudadanía donde todo el mundo, desde la infancia hasta edades avanzadas, encuentre un espacio para relacionarse. Que los jóvenes tengan modelos cerca: arquitectos, escultores, pintores, músicos, DJs, cantantes… Que pase mucha gente que deje su impronta y abra la imaginación y las posibilidades de futuro de nuestros jóvenes.





Es decir, que no sea solo un continente bonito, sino un lugar realmente vivo.
Exacto. El contenedor ya lo tenemos, ahora tenemos que crear el contenido. Es una labor enorme y muy intensa. Es una labor difícil, pero lo que me satisface es que no tengo una presión por parte del Ayuntamiento de “en tres meses tenemos que lograr 30.000 visitantes” o “en dos meses tiene que venir aquí tal estrella de rock o de pop”. No. Hay una conciencia muy inteligente de que los pasos deben ser pequeños, firmes, en línea recta y hacia adelante. Estoy muy satisfecho con el plan que hay por parte de la administración para este centro.
“Una manera langreana de hacer cultura”
Has hablado de crear una manera langreana de hacer cultura. ¿Qué significa eso?
Es una frase un poco sacada de contexto porque me preguntaban por copiar otras instituciones o centros, como pueden ser el Niemeyer o el Guggenheim. Evidentemente vamos a copiar absolutamente todo lo que esté a nuestro alcance. En cultura es muy difícil, por no decir casi imposible, inventar una manera de hacer cultura. Es mucho más inteligente copiar, adaptar y trasladar las iniciativas culturales que vemos que funcionan a nuestro alrededor. Y cuando digo alrededor no hablo solo de Asturias, sino de España y de territorios europeos con contextos parecidos al nuestro, como Reino Unido o Alemania. Cuando hablo de una manera langreana de hacer cultura, me refiero a traer todo lo que nos influya, pero hacerlo a nuestra manera, pensando por y para el desarrollo de nuestro municipio.

Mucha gente todavía relaciona la música clásica con algo lejano o elitista. ¿Cómo se rompe esa barrera?
Se rompe primero desde nosotros mismos, desde los artistas, no queriendo aislarnos del mundo que nos rodea. Durante años nos ha interesado de alguna manera esa visión elitista, artística, casi espiritual de la música clásica, cuando no deja de ser una disciplina artística o un trabajo con igual mérito que todos los demás. Tenemos que hablar el lenguaje del público, adaptar nuestros proyectos artísticos a quien tenemos enfrente. Los directores y programadores tenemos la labor de difundir, explicar y estudiar el público que tenemos alrededor para programar los espectáculos más adecuados. También empujar al artista para que sus proyectos encajen en formato, duración y mensaje con el público actual. Parece de sentido común, pero programar para nuestro público es algo que no se hace con la frecuencia que debería hacerse. Muchas veces se programa por el interés del director, del programador, del músico o incluso de agencias que están por medio, de una manera completamente desvinculada del territorio. Eso no va a pasar en Talleres del Conde.
Crear desde la periferia
Forma Antiqva nació desde Asturias y llegó a escenarios internacionales. ¿Se puede crear desde la periferia sin tener que marcharse?
Sí, totalmente. Hoy en día las comunicaciones están muy avanzadas y el contacto con prácticamente cualquier parte del mundo o cualquier programador es inmediato. Las videollamadas y las reuniones online fueron de las poquísimas cosas buenas que nos dejó la pandemia. Claro que es posible crear desde la periferia. Es más, diría que es mucho más interesante trabajar desde la periferia que desde las grandes ciudades. Las grandes ciudades las noto un tanto asfixiadas, con su capacidad creativa estrangulada, porque ya solo el hecho de vivir allí es realmente duro. Desde la periferia, con más tiempo, más tranquilidad, más silencio y más espacio creo que es mucho más cómodo, productivo y rentable trabajar. Lo experimento cada vez que paso tres o cuatro días trabajando en Madrid, Barcelona o Valencia. Voy con muchísimas ganas y mucho amor hacia esas ciudades, pero noto que se vive de una manera muy apresurada.
¿Qué crees que necesita hoy la cultura asturiana: más recursos, más confianza o más ambición?
Necesita de todo, evidentemente. No voy a decir que no necesita dinero, ambición, contactos, disposición o atención. Pero, por dar una respuesta concreta, creo que necesita imaginación y preparación en quienes llevan las riendas de la cultura. Todo lo demás es secundario. Si no hay imaginación y preparación en la gente que dirige un centro cultural, una orquesta o una fundación municipal de cultura, y en muchos casos no la hay, da igual que haya dinero, ambición o disposición: las cosas nunca acabarán de funcionar.





























