“Le quitamos espacio al coche para que hubiese más vida, con vecinas tomando la fresca y haciendo comunidad”

Jess González, concejala de Barcelona en Comú en el ayuntamiento de la capital catalana, fue una de las invitadas en la celebración del 8S de Somos Asturies.

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David Sánchez Piñeiro
David Sánchez Piñeiro
Doctor en Investigaciones Humanísticas por la Universidad de Oviedo/Uviéu. Ha colaborado con medios como La Trivial, Atlántica XXII y El Salto.

Jessica González (Barranquilla, Colombia, 1989) fue la primera diputada afrolatina en el Parlament de Catalunya. Politóloga y bailarina de formación, actualmente integra la dirección ejecutiva de Barcelona en Comú y también ejerce como regidora del partido en el consistorio barcelonés. En las recientes primarias de la formación formó parte de la lista del candidato que resultó vencedor, Gerardo Pisarello. Este martes estuvo en la Laboral de Xixón en la celebración del 8S de Somos Asturies, donde compartió mesa con otras formaciones políticas como Cantabristas, Compromís o Verdes Equo y también con la anfitriona del evento, la diputada asturiana Covadonga Tomé.

¿Cuál es el trabajo político que estáis haciendo en Barcelona de cara a las próximas elecciones municipales?

Después de un periodo de ocho años en el gobierno de la ciudad en el que se consiguieron muchísimas cosas, en el que pudimos ampliar la capacidad política para imaginar según qué cosas para la ciudad y en el que también tuvimos desaciertos, vino un proceso de repensarnos como organización política para poder afianzar los aciertos y mejorar los puntos que tal vez descuidamos por el camino. Hicimos el primer congreso de Barcelona en Comú en julio del año pasado. Somos una organización de diez años y no nos dio tiempo de hacer nuestro primer congreso hasta el año pasado, cuando acabó la etapa de gobernar. Hicimos un proceso muy hacia adentro, que no significa cerrarnos a la sociedad ni muchísimo menos, pero sí evaluar nuestra relación con la institución, qué se había perdido por el camino, cuál ha sido la relación con los movimientos sociales y cuál era la salud de los movimientos sociales respecto al 2015 cuando entramos en la alcaldía. 

Evidentemente estamos en un momento donde la desidia, el cansancio y la desafección marcan. Lo reaccionario también está marcando mucho. Con todo eso, ahora mismo estamos volviendo a lo que somos originalmente, tocando muchísimo el barrio y los territorios, hablando muchísimo con los movimientos sociales e intentando acompañar pequeñas luchas que se pueden convertir en movimiento social. Obviamente hay una cita electoral en el 27, pero esto va muchísimo más allá del 27. Barcelona en Comú es una fuerza municipalista, creemos que somos útiles para Barcelona, pero esa utilidad no basta solamente con decirla. Es muy clara cuando estás en el gobierno y puedes desarrollar política pública. Cuando estamos en la oposición tenemos que poder construir un sujeto en el que conectemos emocionalmente, que también es parte de lo que nos pasa a las izquierdas a nivel territorial y de lo que también venimos a hablar aquí hoy. 

No vengo a hablar de Barcelona ni a exportar la experiencia de Barcelona. Como territorios hay muchas preguntas y problemáticas en común: vivienda, turistificación, gentrificación, acceso a salarios dignos, estado de nuestros servicios públicos. Cómo, en definitiva, podemos quedarnos. Hoy en Barcelona quedarse puede significar hacer una vida en tu barrio sin que te expulsen porque el alquiler es totalmente impagable. Quiero saber qué quiere decir en Asturias. Quedarnos también quiere decir que existen posibilidades laborales, que las decisiones sobre el territorio y sobre las infraestructuras se tomen aquí, poniendo en el centro los territorios y las personas más allá de la especulación. 

Más allá de las municipales, estamos en un momento de poder reconectar con las necesidades materiales de las personas, sabiendo que muchas de ellas pueden haber sufrido cierto desamor con la izquierda y los proyectos municipalistas del 15M. Ya no estamos en ese momento. La gente nos vio nacer, se ilusionó con nosotros, nos vio gobernar, nos vio dividirnos, nos vio volver a la oposición. Vamos a reconstruir todo eso y plantear las necesidades materiales que se materializan en un contrato de alquiler, en un contrato laboral, en qué pasa con el centro de salud de tu barrio o de tu comunidad, qué pasa con la transformación del territorio y qué implicaciones tiene a nivel laboral.

Ada Colau fue alcaldesa de Barcelona durante ocho años. ¿Cuáles fueron los principales logros de sus dos mandatos en términos de políticas transformadoras?

El mayor éxito precisamente fue traspasar las fronteras de lo que era posible en un gobierno municipal. El municipalismo de Barcelona en Comú viene de que en el territorio, los barrios y las ciudades es donde está el día a día de la gente y, más allá de una cuestión competencial, puede haber un potencial transformador brutal. En ese sentido, llegamos a empujar esas fronteras de lo posible. Dejamos una empresa pública de distribución de energía. Quisimos hacerlo con el agua, pero Agbar y todo el lobby no nos lo permitieron. Dejamos políticas feministas, un sistema de cuidados que no se desmantela solamente con un decreto. Dejamos la centralidad de la salud mental, dejamos la transformación del espacio público a través de uno de nuestros íconos de gobierno, que son las superillas, las supermanzanas, que vienen a decir una cosa tan básica como que el espacio público no es solamente un lugar de paso, un lugar de consumo, sino que es un lugar para estar. Le quitamos espacio al coche para que pasaran cosas, para que hubiese más vida y vecinas tomando la fresca y haciendo comunidad. Dejamos una mejora sustancial en el parque de vivienda. Dejamos también la medida del 30%, que lo que busca es responsabilizar a los privados en medio de una situación tan tensionada como tenemos del mercado de vivienda. El mercado de vivienda no está roto, está pensado para funcionar mal, como está funcionando ahora mismo. Una de las herramientas que pusimos en marcha fue el 30%, para que en toda gran rehabilitación o nueva construcción en la ciudad de Barcelona, la constructora destinara un 30% que fuese a lo público y a precios más asequibles. 

El principio era y sigue siendo vigente. De hecho, a pesar de que los lobbies inmobiliarios apelaron esa medida, diciendo que era intrusiva en el mercado y que iba a acabar con la oferta, el Tribunal Constitucional nos dio la razón no solamente en que es constitucional, sino en que un gobierno puede intervenir en ese sentido. Sin embargo, parte de las cosas que aprendimos es que no solamente con estar en el gobierno controlas el poder mediático, el poder económico o los poderes fácticos que evidentemente corresponden a unos intereses que no están en pro del bien común. Creo que gran parte del legado de Barcelona en Comú, más allá de estas políticas puntuales que a día de hoy siguen transformando la vida de las personas y otros territorios pueden también referenciarse en ellas, es prepararnos para la próxima vez teniendo en cuenta cómo funciona el poder y los lobbies, a través de casos de lawfare: 23 querellas a todo nuestro equipo de gobierno, precisamente por cosas tan radicales como remunicipalizar el agua o intervenir el mercado de la vivienda. Nuestro gran legado es poder demostrar que gobernar implica no solamente gestionar, sino escoger si gobiernas para los que viven de las rentas o para las personas que están afectadas por esa especulación. Quedan muchísimas cosas que hacer, la autocrítica es hipernecesaria pero nos tiene que servir no para autoflagelarnos sino para potenciar aún más la capacidad transformadora que podemos tener en este nuevo ciclo.

Catalunya es una de las comunidades que está aplicando la ley de vivienda estatal, en parte gracias a la presión de tu partido, los Comuns. ¿Qué impacto está teniendo en Barcelona y en qué punto se encuentra allí la crisis de la vivienda?

Tenemos una ley de vivienda que tiene un subterfugio muy claro, que son los alquileres de temporada. Esto es algo que dijimos nosotras en el momento en que se estaba haciendo la ley. El PSOE dijo “bueno, tenemos que dejarle algo al sector”. Como dije antes, el mercado de la vivienda no está roto sino que está diseñado hace décadas en este país para que funcione de esta forma y las puertas giratorias del PSOE hacen que no se quiera legislar con más contundencia. Sin embargo, seguimos probando herramientas y mecanismos que se tienen desde los municipios y desde las comunidades autónomas. Una es esta del 30%, otra es obviamente la rehabilitación y la construcción, otra es prevenir las compras especulativas, que es otra iniciativa que ha tenido el Sindicato de Inquilinos y todo el sector de defensa de la vivienda y que no nos vamos a apropiar. Sin embargo, según datos del Observatorio Metropolitano de Vivienda, el efecto que tienen las zonas tensionadas en Barcelona, en la zona metropolitana, es que se han reducido los precios de los alquileres un 3%. Claro, un 3% es muy poco, es poner una tirita. Te para la hemorragia, pero no te sana el mal mayor que hay. Este 3% corresponde más o menos a unos 160 euros que ha bajado la tendencia al alza. Esto ha generado que desde que se aprobó la medida haya más o menos 1.400 contratos de alquiler nuevos. ¿Esta es la solución del problema? Evidentemente no.

Desafortunadamente, creo que parte de la desafección tiene que ver también con no explicar el minuto y resultado de todas estas complejidades, explicarlas más y mejor, explicar cómo los poderes, en este caso el sector inmobiliario, no permiten que se legisle como se tenía que haber legislado. Pero nosotros defendemos que todo lo que se pueda hacer se haga. Tenemos un alcalde, Jaume Colboni, que dice que no quiere Airbnb en Barcelona a partir del 2028. Vale, pero entonces ¿de aquí al 2028 qué hacemos? Está dándole más aire al sector inmobiliario, a los grandes tenedores para que sigan especulando con la vivienda. ¿Está todo perdido? No. Tal vez la medida del 30%, aunque el principio sigue vigente y lo mantenemos, que es el espíritu de corresponsabilizar también a los privados, técnicamente tenía que haber tenido elementos para que fuese aún más contundente y realmente transformadora. 

¿Está aplicando el alcalde Collboni (PSC) esa cláusula? 

Ahora mismo no la está aplicando, pero tampoco la ha tumbado. Estamos en un punto muerto en el cual en campaña y en los primeros meses de su elección dijo que le iba a tumbar con Junts per Catalunya, porque aritméticamente tenía la capacidad de hacerlo. Sin embargo, hubo muchísima presión, no solamente por parte de las fuerzas progresistas, sino sobre todo de las calles, para que se le subieran los colores a la cara, porque aún teniendo cosas a mejorar, es de las pocas herramientas que tiene el ayuntamiento. ¿Qué no está haciendo? Poner multas a los agentes inmobiliarios. Esto es una forma de no aplicarla, que es básicamente hacer la vista gorda ante todos los expedientes que hay y que no se ejecutan a nivel de sanciones de quien esté incumpliendo esta medida.

A nivel estatal los Comuns sois una de las fuerzas políticas que componen el espacio de Sumar. ¿Cómo encaráis el tramo final de la legislatura en el gobierno de coalición y cuál creéis que debe ser la estrategia política de cara a las elecciones generales del próximo año?

Ante el escenario global y estatal que tenemos, una apelación a la unidad. La unidad es una responsabilidad, es algo que va a tener que pasar, pero desafortunadamente, en el contexto en el que estamos, no puede ser una unidad de unas siglas y una foto. Vuelvo a las condiciones materiales de la gente: la vivienda, la transformación de los territorios, las condiciones laborales, los servicios públicos. Si la conversación no tiene esa centralidad, acompañada de un movimiento social y de unas organizaciones que no necesariamente están en su mejor momento, porque también la calle está jodida después de los últimos años, si es solamente una foto de unidad donde hay unos logos y hay un candidato o una candidata, esto no es suficiente. Necesitamos poder generar unos acuerdos no mínimos, unos acuerdos máximos, realmente transformadores, que las organizaciones sociales no solamente aparezcan en campaña, sino que realmente podamos reconstituir esa mayoría social. Parte de los aprendizajes de este ciclo es que la institución evidentemente es necesaria y es una palanca de transformación, pero no sirve de absolutamente nada si no hay una calle y un movimiento autónomo, organizado y popular cumpliendo su papel. Esto es algo que nos ha fallado también en estos últimos años, no podemos ser solamente unas siglas en una institución. Esta configuración de cara al año que viene tiene que poderse trabajar, tiene que poderse generar esa identidad de que hay un sujeto popular que defender. Ahora mismo estamos en una deriva de desesperanza que es preocupante, pero creo que tenemos la capacidad para generarla. No solamente, insisto, con siglas y con fotos, sino trabajando desde la territorialidad, trabajando desde el arraigo. Esa es la línea que se tiene que tener.

Jess González. Foto: Pablo Lorenzana

La actualidad política viene marcada por la crisis en Ceuta: las personas muertas en el mar, la responsabilidad de Marruecos, la gestión de la frontera, las reacciones racistas de la derecha española… 

El silencio de la izquierda, también. El silencio de la izquierda duele mucho en estos casos. Yo respeto mucho que no se quiera salir al minuto dos haciendo un discurso solamente de pobres marroquíes cuando precisamente tenemos este ambiente tan reaccionario y tan racista. Lo puedo llegar a entender, pero aún así pasan las semanas y se echan en falta medios de comunicación y figuras de la izquierda progresista de este país que critiquen que el Partido Socialista no está haciendo lo que tiene que hacer en Ceuta y que hay un pueblo que tiene miedo. También tenemos que poder decir que evidentemente es un ataque a la soberanía de España y es utilizar a personas migrantes como arma y como chantaje respecto al gobierno de España. Esa valentía no se está teniendo. Esto desemboca en las manifestaciones y contramanifestaciones que hemos tenido en las últimas semanas en las cuales el debate se reduce a “Ceuta es España” o “sois todos racistas”. Flaco favor hace la izquierda, también a la izquierda del PSOE, quedándonos callados y solamente señalando el racismo y simplificando tanto el debate sin señalar al PSOE porque puede venir la extrema derecha, sin señalar lo que no está haciendo el PSOE solamente porque lo que puede venir es peor.

Echas en falta críticas progresistas a la gestión que ha hecho el gobierno de todo este asunto.

El antirracismo en el que yo creo y del cual vengo es profundamente material, no es un antirracismo identitario solamente que hable de la representación de las personas migrantes. Más allá de Ceuta, pero también en Ceuta, los miedos de la población tienen que ver con llegar a fin de mes, con tener un curro en condiciones, que no le expulsen de su casa y no nos estamos encargando de esto. No hay valentía para criticar que el PSOE no está. Este gobierno ha hecho cosas que han transformado la vida de la gente y lo defiendo, pero no se está haciendo lo suficiente ni se está teniendo la valentía de criticar y empujar aún más al PSOE a tomar medidas más valientes porque la alternativa es que viene el lobo. Esto aplica a cuestiones de corrupción y aplica en general a muchas situaciones que desafortunadamente tenemos ahora mismo a nivel estatal. “Estos roban menos, mejor que roben estos a que roben los otros o mejor que esté el PSOE porque si estuviera el PP y pasa lo mismo de Ceuta sería un…” Son unas excusas que no nos están permitiendo avanzar en parar a la extrema derecha, sobre todo a través de transformar las condiciones materiales de la gente. No se están tomando las decisiones desde el Partido Socialista que es lo que yo creo que realmente ataja a la extrema derecha. No solamente decir “no pasarán” y que son racistas, machistas y LGTBIfóbicos, sino transformar esas condiciones.

Como colombiana que vive fuera de su país, ¿cómo estás viviendo los primeros meses de gobierno del ultraderechista Abelardo de la Espriella?

Soy colombiana barranquillera, llevo 20 años en Barcelona pero profundamente arraigada y conectada con mi tierra. Me impliqué mucho en la campaña como cualquier persona de la diáspora movilizada, politizada y preocupada por lo que pasa en nuestro país. Había un atisbo de esperanza en el cual esa narrativa tan bélica y horrorosa que se usó en campaña fuese performática y cuando llegase el momento de tomar posesión y de gobernar el país se le bajase un poquitito el tono, la cosa no sea para tanto, sea un gobierno liberal y ya está. Sin embargo está pasando todo lo contrario. Se mantiene ese tono bélico que a veces da bastante vergüenza ajena, sinceramente. Las locuciones presidenciales del presidente Abelardo, cuando habían pasado horas del terremoto y daba besos y sonreía como si fuese una especie de mesías o ídolo, cuando estábamos hablando de una tragedia de las dimensiones del sismo que tuvimos en Colombia en agosto. O hablamos también de cosas absolutamente macabras, como hace un par de días después de un operativo militar pasearse entre cadáveres como si fuesen trofeos en un país que lleva 200 años en guerra, 200 años matándonos entre nosotros con un conflicto hipercomplejo donde hace una apología y dice “viva Cristo Rey” cada dos minutos y dos minutos después está paseando entre cadáveres. O cuando toma la decisión de suprimir del lenguaje del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar que se haga referencia a las “niñas” sino que solamente se habla de “niños”. Unas son cosas muy simbólicas y del lenguaje y otras muy materiales de hacer una apología de la guerra. Colombia viene de un fenómeno que son los falsos positivos. En el gobierno de Álvaro Uribe oficialmente 6402 personas fueron dadas de baja como falsos guerrilleros y aquí este hombre está paseando entre cadáveres como si fueran trofeos. Podemos estar repitiendo, políticas de las cuales nos queremos recuperar. En Colombia se ha hecho todo un ejercicio de reparación y de verdad que todavía estaba en proceso y que desafortunadamente este gobierno va a parar. 

Gran preocupación, gran decepción, pero también muchísima esperanza de que la diferencia de votos fue muy pequeña, muy estrecha. Eso significa que hay una mayoría social en un país mayoritariamente conservador como es la sociedad colombiana. Sacar esas cifras, aunque nos robaron las elecciones, pero aún así, asumir ese resultado en un país como Colombia, da la esperanza de que hay un cambio también de paradigma, de que se gobernó el país durante cuatro años y se cometieron errores, pero se ampliaron derechos y la gente pudo cambiar. Eso nos da un margen para reconstruir esa mayoría social, para seguir en la calle. Lo que toca ahora es hacer una oposición muy fuerte, toca salvar Brasil también para que la región no acabe de dar un vuelco. Toca que las personas migrantes, que estamos en la diáspora, que somos un montón (y que de hecho no se recontaron esos votos y ahí es donde puede haber una gran parte del fraude de la victoria de Abelardo) nos organicemos desde la posición que tenemos aquí como organizaciones políticas. Tenemos que entender que lo que pasa en Colombia también pasa aquí y es parte de lo que puede venir. En términos de la política institucional española, catalana y de Barcelona tenemos mucho que aprenderle a América Latina en las formas de hacer política. Siempre intento quedarme con eso.

¿Qué esperas de las jornadas de hoy? ¿Por qué os interesa venir a compartir este espacio con otras fuerzas políticas y con la gente de Somos Asturies?

Venimos aquí como fuerza municipalista, sobre todo porque estamos absolutamente convencidas de que tenemos preguntas, problemáticas y retos que son muy parecidos. Más allá de venir a exportar lo que hicimos en Barcelona y cómo se aplica aquí, quiero saber ese podernos quedar en el territorio que decía antes, ese derecho a podernos quedar en nuestros barrios, en nuestras ciudades, porque hay trabajo, porque no hay ocho mil cafeterías de especialidad, sino que hay un comercio local que se corresponde con el tejido comunitario del barrio, que puedes pagarte el piso, que puedes tener un trabajo digno, que puedes hablar con tu vecina, que puede haber un espacio público. En fin, todo eso que en Barcelona sé perfectamente en qué se traduce. ¿Para Asturias qué quiere decir? ¿Qué quiere decir para todos los territorios que hoy nos encontramos aquí? También para reorganizar la esperanza, sinceramente. La esperanza no es algo naif, ni iluso, no es algo de los mundos de Yupi, sino que es algo que se tiene que organizar, se tiene que compartir, se tiene que encaminar. Hoy es una buena oportunidad para mirarnos a la cara entre diferentes territorios, entre diferentes fuerzas políticas, no solamente entre las fuerzas políticas y las siglas que estamos aquí, sino con todo el tejido social asturiano para respondernos a esas preguntas y para seguir caminando y construyendo caminos.

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