Canteli sigue sin saber qué es ser demócrata; inauguró su gobierno con una frase que le define; extrañado por las normas y el papeleo, dijo: “Yo en el Centro Asturiano decía que se hiciera algo y se hacía”. Hoy, sigue sin entender que un Ayuntamiento no es un club privado; durante las fiestas de San Mateo disculpó una agresión fascista y homófoba, “maricón”, “rojos de mierda”, diciendo “A veces las anécdotas se sacan de sitio, solo conocemos las opiniones que manifiestan unos, los otros son chavales jóvenes y no creo que sean tan mala gente”. No fue la primera vez que disculpaba una acción de este tipo, en 2019 calificó de “accidente” una agresión mortal sufrida por un profesor en las fiestas de La Florida, “Fue un accidente y estoy seguro de que estarán pesarosos, estoy seguro que los tres chavales no querían llegar a este final”, manifestó tras el minuto de silencio en el Ayuntamiento. Luego pidió disculpas forzado por las circunstancias más que por convencimiento. Fue lo mismo que hizo a raíz de la agresión a Rosón y Fernández, ante el chaparrón que se le vino encima al salir en todos los telediarios, escurrió el bulto leyendo un comunicado: “Condeno de forma rotunda y sin ningún tipo de matiz cualquier forma de violencia, física o verbal, venga de donde venga y la ejerza quien la ejerza”, vamos, lo de ni de derechas ni de izquierdas, y ya está, asunto terminado.
Al levantar el campamento los acampados por la vivienda, limpiaron la plaza hasta dejarla impecable, y le devolvieron los bancos arco iris que la última corporación de izquierdas había instalado reivindicando los derechos del colectivo LGTBI. Al día siguiente, Oviedo, la de la Amabilidad, los retiró porque, casualidades de la vida, estaba prevista su sustitución; ni se molestaron en buscar una buena disculpa, utilizaron prácticamente la misma que habían utilizado la primera vez que los retiraron.
Un par de semanas antes, los fascistas habían vuelto a hacer en Oviedo lo que mejor saben hacer, agredir a quienes no comulgan con sus ideas; esta vez les tocó a los acampados por la vivienda. En esta ocasión Canteli no salió a decir que los agresores son buena gente, pero sus respuestas anteriores a hechos de este tipo fueron, y siguen siendo, una invitación a repetirlos.
Al no tener argumentos convincentes, la extrema derecha necesita amedrentar a quienes se movilizan contra quienes les oprimen, no es nuevo, basta recordar el casi centenario «¡Viva la muerte! ¡Muera la inteligencia!» y Canteli sigue arropándolos con sus silencios o con sus justificaciones cuando por obligación tiene que disculparse y lo hace con la boca pequeña envolviéndose en el tópico “venga de donde venga”.

Canteli huele a rancio, a Varón Dandy, a alcanfor. Su mandato es una sucesión de actuaciones y declaraciones machistas y homófobas. Por citar solo una pequeñísima muestra, ordenó retirar los bancos arco iris de La Escandalera al principio de su primer mandato y volvió a hacerlo ahora, eliminó los chiringuitos populares de San Mateo, llamó verdulera a una concejala a la que además menospreció diciéndole que en la banca no pasó de sindicalista mientras el hizo carrera, por cierto, la hizo en Banesto. Considera al Ayuntamiento de su propiedad, cuando su mujer le acompañó en un viaje a Madrid cargó sus gastos al municipio y cuando la oposición pidió explicaciones, se limitó a decir que lo seguiría haciendo. Como alcalde encajaría mejor en Vetusta que en Oviedo.
En descargo de los agresores de Rosón y Fernández, dijo que son “de buena familia”. Ser de buena familia no es lo mismo que pertenecer a una familia buena. Para ser “de buena familia”, basta apellidarse Figaredo, Rato, Álvarez de Toledo, Feijóo, Ayuso, Abascal, Tellado, Canteli… No son apellidos, son patentes de corso. Quienes tienen que madrugar, estirar el sueldo para que los hijos estudien, los educan, son solidarios con sus vecinos y luchan por un futuro digno para todos, esos son buena familia, sin la preposición “de” de la procedencia. No nos engañemos
































