Cuando a Javier Ferrara, cantante y letrista de Parquesvur alguien le llamó hace poco “indie calvo”, se llevó como respuesta una amenaza: “No me vuelvas a llamar en tu puta vida indie”. La broma da cuenta de la incomodidad del grupo con una etiqueta que desde hace una década ya no significa nada.
Más que con el indie los Parquesvur se identifican con el concepto de “rock castizo y generoso”. Son una banda nacida en la periferia madrileña, orgullosamente obrera, que este 11N secundará la huelga general, y a los que su relativo éxito les llegó tarde. Fue por sorpresa, sin buscarlo, con una canción larga y difícil, “Gregario”, un surrealista homenaje al ciclismo de los años 90. “Nos dimos cuenta que cantábamos a una generación, la nacida entre los 70 y 80, que estaba huérfana de referentes musicales que hablaran de su época” explica Ferrara, autor de temas en los que se combinan el amor, el desamor, la cultura popular, la conciencia de clase, la política o la crisis urbana.
“Mitos y leyendas”, el disco que traen a Oviedo/Uviéu bajo el brazo, nace de una doble desintegración: personal y colectiva
“Lo que en los 90 y 2.000 se conocía como indie siempre primó los temas individuales. Era un pop muy nihilista y del yo. No pasa nada, no hay que ser político todo el tiempo. A mí me encantan Los Planetas” explica Ferrara sobre una banda que no rehúye hablar de lo colectivo y del presente, siempre con un afilado humor y un agudo sentido del oído para reflejar el lenguaje de la calle. También incorporando todo su cuñadismo. “Todos tenemos un cuñado dentro. El primero del que me río de mí mismo soy yo cuando me escucho decir cuñadeces”.
“Mitos y leyendas”, el disco que traen a Oviedo/Uviéu bajo el brazo, nace de una doble desintegración: personal y colectiva. Por un lado la de una relación de pareja de varios años. Por otro la de la vida de barrio en Madrid, afectada por la gentrificación y la turistificación, dos fenómenos que están acabando con los tejidos sociales de la capital, los bares y comercios tradicionales, y expulsando cada vez más lejos a la clase trabajadora. “Es un proceso capitalista que pasa en todo el mundo y que quizá tardó algo más en llegar a Madrid. Al final nos hemos convertido en una especie de fichas de dominó. A mí alguien con más dinero me echa de mi barrio, así que me voy a otro donde desplazo al que estaba y así sucesivamente”.
No es de extrañar que con los precios de la vivienda por las nubes muchas personas estén pensando en hacer las maletas y marcharse al mundo rural en busca de mejores precios y más calidad de vida. “Irse a vivir a un pueblo se ha convertido en la fantasía del madrileño medio” explica Ferrara, que ha dedicado una canción, cargada de ironía, a “esta fantasía común que prácticamente nadie realiza”.
“Pa lo que pago de alquiler podría tener un palacio/ Señor granjero, no le entiendo: puede hablar más despacio?/Alejado de los guiris, del ruido y la multitud/No olvides por un segundo que aquí el guiri eres tú” canta Ferrara, que reconoce también haber fantaseado en algún momento con venirse a vivir en Asturies, donde tiene buenos amigos, entre ellos la gente del Prestoso Fest y David Cuerdo, de la productora Lacre.
Ferrera, que lamenta que un barrio al que quería tanto como Malasaña se haya convertido “en un parque de atracciones”, apunta que otra de las consecuencias del capitalismo salvaje en la ciudad es la crisis de las salas de conciertos. Muchas veces tienen que cerrar por la subida de los alquileres, por la venta de los edificios, como le pasó a La Salvaje de Oviedo/Uviéu, o quedan en manos de empresarios sin ningún tipo de amor por la música en directo, y que prefieren a esa hora programar antes un tardeo con radiofórmula de los 80 y 90 que un concierto.
Para Ferrera una sala de conciertos es el mejor lugar para disfrutar de un directo: “Mucho más que un festival”. Por eso le resulta admirable que en ciudades pequeñas como Ponferrada se puedan juntar 300 personas para ir a verles. “Es la prueba de que hay una cultura de conciertos y de música en directo”. Para el cantante de Parquesvur consolidar esa cultura, que echa en falta en ciudades mayores, no debería depender solo de la iniciativa privada y de unas pocas personas dejándose la piel, sino que necesitaría también de más apoyos públicos. O incluso de salas públicas que programasen a bandas emergentes, menos comerciales, por las que los empresarios privados no van a apostar.
Para Ferrera también hace falta dar una vuelta a un “estatuto del artista” aprobado por el Gobierno, y que por ahora no está sirviendo para acabar con la precariedad de “artistas medios” como pueden ser Parquesvur, una banda que sigue sin estar 100% profesionalizada. Este viernes tocarán en el Tribeca dentro del festival Oviclip.
































