Sumar necesita más rock and roll

Tan inoportuno es condicionar desde Podemos la consagración de la primavera, como no respetar a Podemos y pisotear las margaritas que una vez empuñaron todos juntos.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

El polideportivo de Magariños está ubicado junto al Ministerio de Trabajo, Serrano 126. La convocatoria de Yolanda Díaz y el anuncio de su candidatura a la presidencia del gobierno español fue la consagración de la primavera, en la parte humilde de la calle Serrano que es como hablar de la rama humilde en el árbol genealógico de la familia Saboya. Sumar se ha convertido en la particular primavera política de la izquierda, que vive estos días un proceso de astenia primaveral, con esas subidas y bajadas de los biorritmos, con esa aceleración de las alergias. El sistema autoinmune de Pablo Iglesias y el de Yolanda Díaz y todos los demás inician su particular batalla discursiva, busca ocupar espacios del otro, conflagra hegemonías, concentra fuerzas. Quizá por eso, la convocatoria de Serrano fue una fiesta extraña. Sumar principió con una fórmula novedosa en Matadero, hace nueve meses, pero llegó a Magariños con la receta gastada, estresada, posiblemente por agotamiento.

Aún así, Yolanda Díaz congregó a periodistas, columnistas, directores de cabecera de periódicos, candidatos de IU, sindicalistas, politólogos y otras gentes de gay trinar. No era la gente del rastro de Madrid la que estaba en Margariños. Quizá se quedaron fuera del polideportivo, a la solana, viendo desde las pantallas instaladas afuera una puesta en escena marcada por un intento excesivamente acentuado de feminización de la vida. Sumar culminaba su proceso de escucha dejando patente que la mejor campaña política se publica en el BOE, demostrando que la izquierda puede gestionar la economía y ampliar la esfera de los derechos de la clase trabajadora sin romper la placenta del capitalismo. La consagración de la primavera de la izquierda es haber accedido a la centralidad institucional.

2_03-2023 Madrid. Acto SUMAR con Yolanda Diaz . Foto, Isabel Permuy ARCHDC

El gran anuncio durante el Domingo de Ramos no fue que Yolanda Díaz será candidata a la Moncloa, sino que defenderá una reducción de la jornada laboral, manteniendo los mismos salarios. Tampoco fue su resistencia al ultimátum de Ione Belarra, sino que propondrá incluir la salud bucodental en la cartera de servicios de la sanidad pública. En boca de otros candidatos, sus medidas podrían resultar populistas, pero en los labios de Yolanda, lo que se transmite es credibilidad, sensatez y sosiego. Sin embargo, el discurso de la Ministra de Trabajo fue excesivamente largo y, en ocasiones, excesivamente lento, sin grandes titulares, con la sombra de Podemos atenazando la sonrisa de los presentes que venían a reivindicarse sin levantar una voz.

“El gran anuncio durante el domingo de ramos no fue que Yolanda Díaz será candidata a la Moncloa, sino que defenderá una reducción de la jornada laboral”

Sumar es una nueva fase del 15M, una nueva estación política en la historia de una clase que nació indignada y hoy está representada en un gobierno. Sumar es la consagración de la primavera, pero le falta contar qué quiere, cómo lo quiere y con qué actitud. A Sumar, en Magariños, le sobró el rigor de la música clásica y le faltó más rock and roll. Yolanda se mueve con soltura en los medios de comunicación. Ha establecido un estilo en las pantallas. También sabe disparar desde el atrio del Congreso, en los canutazos. Esquiva, golpea, canta. Todo eso lo hace con garantías, sin salirse del plano. Controla perfectamente las dinámicas. En cambio, en los mítines, languidece, pierde ritmo, intensidad. El sosiego no está pensado para los grandes conciertos.

Es posible que el rock and roll de Magariños tuviese que haber recaído en otros invitados, cuya sólo presencia ya garantizaba que Podemos se está equivocando de estrategia. Qué interesantes habrían sido cinco minutos de punk en palabras de Ada Colau y otros cinco minutos de post rock en las manos de Íñigo Errejón. Qué decir de un tema siguiendo la melodía shag ace de Alberto Garzón y así en este plan. En Sumar no hay nada verbalmente explicito: todo es fluctuante, climático, primaveral. Música clásica, más cercana a una sonata de Vivaldi que a una sinfonía de Beethoven. Algunos creen que, llevada por la melancolía, puede cometer el mismo error que Podemos si no garantiza una fórmula confederal. Las primaveras duran menos que los gobiernos, pero siempre nos quedará Mahler.

Acto de SUMAR con Yolanda Diaz . Foto, Isabel Permuy.

Sea como fuere, de Magariños sale uno con la sensación de que Sumar ha sido balanceado en exceso hacia el lado de Mas País, sostenido siempre por la experiencia política de IU y la estructura de las CCOO. Se nos volvió a ofrecer otra versión de la esperanza de la clase obrera que, en cambio, ya piensa el mundo de un modo más optimista. Si en Matadero las experiencias del “pueblo” eran un valle de lágrimas y un racimo de injusticias, en Magariños fueron una explosión vital de quienes han visto mejorados sus proyectos y satisfecho sus anhelos con la reforma laboral, la subida del Salario Mínimo Profesional, las becas y todo lo demás.

Y ahora qué. Yolanda Díaz ha proclamado que no habrá tutelas, pero, como diría Iván Redondo, sin el motor Podemos, el bólido de Sumar tendrá un efecto limitado en las próximas generales. Tan inoportuno es condicionar desde Podemos la consagración de la primavera como no respetar a Podemos y pisotear las margaritas que una vez empuñaron todos juntos tras el 15M. Estaremos atentos.

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