¿A quién no le va a gustar un bicibús?

Cada viernes, un grupo de familias del Colegio Begoña, demuestra que hay otra forma de ir al cole y de vivir en la ciudad.

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María Cidón
María Cidón
Es periodista

La respuesta es clara: ¿a quién no le va a gustar un bicibús? Pues a quien no lo haya probado, a quien tenga miedo a andar en bicicleta o a aquellos que defienden a ultranza el actual modelo de transporte, donde el coche es el rey de la ciudad y la prisa manda. Todo ello tiene solución. Pero, ¿qué es un bicibús?  Es otra forma de ir al cole que ya se practica en Gijón y que comenzó de forma pionera en Barcelona en 2021.

Para la mayoría de familias ir a pie es la primera opción, ya que el centro escolar está a unas pocas manzanas de su casa y para eso no es necesario arrancar ningún motor. Para las familias del bicibús del colegio Begoña, en Viesques, cada viernes entre las 8:30 y las 9:00, ir a clase es una fiesta sobre ruedas, una reivindicación sobre la movilidad urbana sostenible y segura para personas de todas las edades.

Foto: David Aguilar Sánchez

Román acude con su gran bicicleta de carga y una amplia sonrisa a la primera parada del bicibús, sobre el carril bici de la Avenida de Castilla, a la entrada del barrio de El Coto. Es uno de los padres que organiza el bicibús, pronto llegan los demás que se unen en esta parte del recorrido, adultos y niños, hermanos pequeños incluidos. Todos con su casco y su bici bien preparada. Uno de los niños quiere escuchar a Kiylie Minogue y Román atiende a su petición, enciende el altavoz a un volumen aceptable para distinguir la música del tráfico y poder mantener una conversación, y así arranca la primera media hora de buen rollo colectivo en dirección al colegio.

“Uno de los niños quiere escuchar a Kylie Minogue y Román atiende a su petición”

La primera cuesta para subir por la calle General Suárez Valdés es el reto necesario reafirmarse: todo lo que sube, también tiene que bajar; mientras el cuerpo se activa y carga de energía al pedalear. Vamos por el carril bici donde madres y padres ejercen de motivadores natos: ¡venga, venga que vas muy bien, ya queda poco, bieeenn…! Además de la música y las sonrisas, también nos siguen las miradas divertidas de los peatones y las personas que toman un café o salen de un comercio y a quienes no les pasa inadvertido que ir en bici también puede ser una experiencia colectiva más allá de la actividad deportiva.

Para cuando llegamos al final de la cuesta comienza a sonar el temazo fiestero de Kylie, Can´t get you out of my head, y tras sortear el paso por la calle, abandonando el carril bici donde unos operarios municipales están podando unos árboles, seguimos avanzando y bajamos por la gran cuesta abajo hacia el parque Fluvial, en la intersección de las calles Daniel Palacio Fernández y Gloria Fuertes. Allí está la segunda parada, donde un grupo grande nos espera y se incorpora. Un momento, hay que reagruparse. 

A partir de aquí, ya todo es llano y empiezan los saludos de compañeros y compañeras de clase desde las aceras. Música, buen rollo y sonrisas…quedan solo unos minutos para llegar a tiempo a clase y en el último cruce, aunque el semáforo está en verde, es imposible cruzar esta intersección porque un bus de servicio privado está bloqueando el paso. No pasa nada, todos esperamos a que el paso quede despejado. Pero entonces se vuelve a poner el semáforo en rojo. Detrás del grupo de bicis, un conductor empieza a perder la paciencia. No ha pasado ni un minuto y mientras toca el claxon del absurdo manifiesta su queja de lo improcedente: nadie podía pasar antes y ahora menos, porque las luces vuelven a estar en rojo. Sonrisas y palabras de calma, mientras desde el otro lado del cristal del coche vemos los típicos aspavientos de quien padece una efímera crisis de prisa irracional. 

Foto: David Aguilar Sánchez

Y por fin…¡Luz verde! Son las 8:58, quedan dos minutos para entrar a clase. Tiempo justo pero suficiente para dejar las bicis candadas en el aparcabicis situado en la calle peatonal,  a la entrada del cole. Beso de despedida y una carrera hasta la clase.

Dos minutos más tarde suena la campana del cole. Misión cumplida, ya es viernes y los viernes siempre son mejores desde que existe el bicibús.  Ahora toca el cafetín que ya es tradición entre los mayores. En la cafetería de enfrente van dejando apoyadas las bicis, en un hueco perfecto para no molestar a nadie y tenerlas a la vista. Un rato para hablar, compartir novedades y comentar el recorrido. 

Este grupo de padres y madres se formó el 3 de octubre de 2022, dice uno de ellos revisando los mensajes del grupo de WhatsApp. Aunque la primera salida fue en noviembre porque no paraba de llover por aquellos días, le ataja Román. En total, un grupo de ocho niños y niñas de diferentes edades, desde un peque que acompaña a su hermano mayor en la sillita de la bicicleta de su padre; a la mayor, que ya tiene 10 años. Y al menos un adulto por cada menor de edad. La mayoría han vivido fuera de Asturias o directamente proceden de otros países. Con sus experiencias y visiones ampliadas sobre la movilidad urbana reconocen que moverse por Gijón para ir al cole no es nada complicado. Cuentan con carril bici en casi todo el recorrido y el tráfico es tranquilo. Aunque aún hay retos y barreras físicas que superar: más aparcabicis en la ciudad, más vías seguras y más apoyo social; reconocen que la mayoría son mentales, obstáculos que solo están en nuestro imaginario.

Foto: David Aguilar Sánchez

Los adultos del bicibús saben que para otros padres y madres del colegio ellos son, cuanto menos, raros. Pero no les importa, creen en lo que hacen y lo hacen por sus hijos e hijas. Por el momento no se anuncian, aunque para 2023 están pensando en usar algún emblema identificativo en sus chalecos amarillos, una forma de ser más visibles y fomentar que se unan más familias.

“Es un poco laboratorio, a ver cómo funciona”, dice Marcin, polaco residente en Gijón, que acompaña a su hija. A él le encanta la idea de compaginar el medio de transporte público con la bici para desplazarse por la ciudad con su hija.

El bicibús es una de las experiencias destacadas en la campaña 30 Días en Bici de Gijón, que se desarrolla a lo largo de abril, con numerosas actividades grupales, charlas y recorridos para personas de todas las edades. Para dar a conocer esta iniciativa de las familias concienciadas con la movilidad sostenible, proyectaron el documental Bicibús ¡A seguir pedaleando! sobre la experiencia barcelonesa y realizaron una charla posterior dentro de la programación.

“¡Mamá, se pinchó la rueda…mañana es el bicibús!”, comenta Paula para representar la ilusión y la emoción que supone para la pequeña, que está deseando que lleguen los viernes para juntarse con sus amigos. Problema resuelto para hoy: María se pone el casco y se sube ilusionada a la bicicleta de Román, que tiene una cesta de carga en la parte delantera, perfecta para este desplazamiento. Y María, feliz, como todos, porque no se ha perdido el bicibús para ir al cole.

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