Hace una década Xuan Cándano y Rubén Rosón debatían sobre la posibilidad de “un Syriza en Asturies, sobre cómo dar la batalla en lo institucional” en el centro socia okupado La Madreña, sello y sede de la acampada ovetense, en el marco de una mesa organizada por Atlántica XXII y en un contexto “que ya se está cerrando, marcado entonces por las acampadas del 15M, tras las grandes mareas ciudadanas y antes de la irrupción de Podemos y las candidaturas de unidad popular”, recordaba el ahora concejal de Somos Uviéu. Sumando 10 años a la anécdota -que Cándano reconoció no recordar del todo- y cambiando el escenario – el CSOA La Madreña por Les Cigarreres-, así como la entidad organizadora -la revista Atlántica XXII por la Asamblea Moza d´Asturies-, nos encontramos con el periodista presentando su último libro “No hay país. Crónica política (y sentimental) de Asturias 2075-2022”, editado por Hoja de Lata, acompañado por Rosón, Enar Areces de Puru Remangu y la trabajadora de la minería Rocío Antela. Para Rosón, el libro de Cándano, que definió como el relato “de la fortísima desconexión entre las élites económicas y políticas de Asturies con el pueblo asturiano”, de nuevo, como aquella cita en la okupa del 15M, “nos da la oportunidad de pararnos a reflexionar en los albores de este ciclo que ya fue y ver qué está por venir”.
Tanto Antela como Areces echaron mano de sus biografías personales, fuertemente vinculadas a la historia de la minería, aunque la creadora de Puru Remangu se definió como “un fondo minero bien aprovechado” y Antela todo lo contrario: “yo no lo soy porque no tuve acceso a los fondos”, a pesar de ser hija de fallecido en la mina. Para Areces, “No hay país” es una “radiografía de los hombres responsables del por qué estamos hoy como estamos”, pero también de gente como su familia y ella misma, que, tal y como repetía su padre, “todo lo que tenemos se lo debemos a la minería” -sentencia que ella misma admite “coger con pinzas”- en referencia a la adquisición de “la conciencia de clase, la sensación de igualdad entre alumnado”, etc. La trabajadora minera e integrante de Brigada Feminista, por su parte, lamentó no haber podido contar con “No hay país” entre sus manos en 2007, momento en el que entró en “la empresa pública minera” en una vuelta a Asturies que para ella y en parte también debido a la tradición familiar, simbolizaba “las penas y la tragedia”, esto es, “una Asturies imaginaria” que tuvo que reconstruir a lo largo del tiempo. Uno de los hitos principales de este periodo de reconstrucción lo puso en la manifestación del 8 de marzo en Mieres, que “fue muy especial” tanto para las nuevas generaciones como para mujeres como la “paisana que no conozco y no sé si volveré a ver” que le dijo ese mismo día que “ya podría morir porque ya había vuelto a ver a la lucha obrera en las calles, traída por mujeres. Ambas coincidieron, no obstante, en la necesidad de evitar la idealización del movimiento obrero y de la propia minería, “donde también hay machismo” y que encierra, además, en palabras de Areces, “un pesimismo muy marcado” debido a la “desindustrialización” y, así, “a la idea de que hay que marchar”.

En su turno, Cándano dio las gracias a Daniel Álvarez Prendes, la mitad de la editorial asturiana Hoja de Lata y quien, en realidad, le encargó el libro para cubrir “el furacu que existía en el relato de la historia de Asturies” y aseguró que, a pesar del título, “el libro es bastante optimista” y expone hechos que, en muchas ocasiones, no son muy diferentes a los de otros territorios del país. “Lo que es una característica propia de Asturies”, matizó el periodista, “es el auto-odio” y también la impronta tan clara que dejó en la población “el movimiento obrero”, que irrumpe en “este territorio pobre con la llegada del oro negro” y desaparece en 2012, “resistiendo 20 o 30 años más que en Gran Bretaña, cuando los mineros asturianos pierden la huelga en Madrid” de tal forma que “no hay nada en la sociedad asturiana que la vertebre desde esta desaparición”.
Cándano también tuvo palabras para “ese pesimismo, esa crisis que nos inocularon ya desde los 70 las élites asturianas” y que facilitó el paso “del grandonismo” al mismo pesimismo “y ya casi al catastrofismo”, con efectos paralizantes que encubren una gran mentira, “que Asturies no tiene un problema socio económico, sino que es cultural” y está vinculado a este gran relato falso que, con su libro, pretende enfrentar. Se trataría, pues, de “hacer país, en el sentido jovellanista del término”, de un modo “glocal, no nacionalista y no excluyente”, sentenciaba Cándano en la intervención de cierre, teniendo en cuenta que Asturies “prolongó demasiado el siglo XIX y llegó tarde al siglo XXI”, cometiendo el error de prorrogar “INIlandia y comprar los cheques mineros que fueron un cheque de liquidación”. “Facer país”, advertía Areces en todo caso, “sin este tufu de apocalipsis” y, en palabras de quienes componían la mesa, con un libro “que Xuan escribirá dentro de 10 años” y que esté “plagado de muyeres”.



























