La directora María Aparicio ya es conocida en el FICX. Esta cineasta argentina ya estuvo el año pasado en el festival asturiano con su película Sobre las nubes, la cual ganó el premio a Mejor Película en la sección Tierres en trance. Este año regresa con Las cosas indefinidas que llega a España después de haber estado nominada a mejor largometraje en la 38ª edición del Festival de Mar del Plata.
Cuando la película comienza parece que todo va a ir en torno a una larga diatriba sesuda sobre teoría fílmica y de edición. La película se presenta como una clase sobre lo que suponen las imágenes de archivo con un discurso, el de la protagonista, en clase frente a sus alumnos, con una elocuencia muy cerebral. En muchos sentidos, la película es toda una clase a la que bien merecerían acudir muchos estudiantes de cine.

Pero Las cosas indefinidas transita de lo cerebral a lo emocional. Y lo hace a través del hilo conductor que supone la edición de una película en progreso. Esa película se va transformando en algo muy cerebral en sus formas al principio en algo que acaba buscando las emociones. Y ese proceso cinematográfico es el mismo que sufre la protagonista, aún atada al duelo por la muerte de un amigo muy cercano con el que solía trabajar habitualmente y con el que sentía una fuerte cercanía.
Es un tránsito cerebral sobre las emociones y un proceso emotivo sobre la edición. Un paralelismo que se establece de forma lenta y continua y que, aunque llega a despistar por su ritmo en algún instante, hacia el final del relato consigue que todo cuadre como estaba previsto.

De esta forma, lo que parecía en un principio que iba a ser una larga exposición de discursos en torno al arte y a la edición cinematográficos se convierte en una carta de amor al cine, a su artesanía, al propósito de las imágenes en movimiento y también al recuerdo de los seres queridos, y a la amistad. Todo unido, todo entrelazado, todo editado. Es un cine hecho con amor al que la palabra poesía no le viene grande, todo lo contrario, define a esta película.
La actriz Eva Bianco, con veinte años de carrera, está inmensa en su papel de mujer inteligente que busca en el discurso y las emociones la forma de seguir adelante con la película que está montando y con la vida que parece apretarle el alma. Su dicción, su mirada, su rostro impenetrable al que al final le vemos esa parte tan tierna que esconde son un disfrute que potencia el conjunto. Resulta difícil imaginarse a otra actriz en este papel. Resulta difícil no imaginar a esta película como una de las grandes favoritas de la sección este año.



























