Enagás siempre gana, denuncia Greenpeace

La ONG ecologista publica un informe crítico con las ayudas públicas a una empresa que apuesta por la energía fósil y no por las renovables.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

“Enagás está usando la crisis energética para añadir más infraestructuras a su cartera,
encadenando a España a décadas de dependencia del gas, y al mismo tiempo garantizando enormes beneficios y repartos de dividendos a sus accionistas. Para colmo de males, el régimen regulatorio dicta que quien pagará esas inversiones es la ciudadanía española, sin extraer ningún beneficio de ello. Esto socava el desarrollo de fuentes de energía limpias y renovables del que España ha sido líder. Los combustibles fósiles no tienen cabida”. Esta es una de las principales conclusiones del informe “La siniestra historia de El Musel. O cómo la industria del gas fósil convirtió a España en una adicta al gas”. Elaborado por Greenpeace, el pasado martes se presentó en un acto conjunto con la Plataforma contra la Contaminación de Xixón y Ecoloxistes n´Aición.

En el estudio Greenpeace apunta a que Enagás, propietaria de la regasificadora de El Musel, goza de un “poder ilimitado en las decisiones políticas y la planificación de infraestructuras gasistas”. La ONG ambientalista denuncia las ayudas públicas que recibe la empresa, de modo que “cuanto más construye Enagás, más ingresos recibe del Estado español, de modo que incluso las infraestructuras no utilizadas son rentables”.

Ángela Otero, Francisco del Pozo, Sara Ceballos, Paco ramos y Marina Gros. Foto: Cuqui Rueda.

Greenpeace denuncia asimismo que Enagás, al igual que otras empresas gasistas, sigue haciendo “encaje de bolillos” para impulsar la expansión de las infraestructuras de combustibles fósiles al mismo tiempo que la “descarbonización”, planteando que “en algún
momento indeterminado las infraestructuras para el gas se podrán usar para transportar hidrógeno verde”. Según los ecologistas “eso es una quimera”, ya que “la viabilidad técnica y económica del transporte de hidrógeno a través de tales gasoductos es cuestionable, y no existen planes concretos para generar las cantidades necesarias de hidrógeno “verde” de fuentes renovables”.

Greenpeace se posiciona radicalmente en contra de seguir apostando por infraestructuras pensadas para las energías fósiles como el gas y aboga por desmantelar la regasificadora de El Musel. “Abrir la planta de El Musel e incentivar más incluso las importaciones de gas, especialmente de EEUU, es simple y llanamente un ejemplo de lo que no deberíamos hacer; es exactamente lo contrario a la eliminación del consumo de gas fósil para 2035 que Europa necesita para cumplir sus objetivos climáticos” apunta la ONG, que critica que España prohíba por un lado el fracking y por otro aliente su importación

El informe completo puede consultarse aquí.

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