La construcción de la rampa de Pajares a finales del siglo XIX rompió el aislamiento asturiano. La mejora de las comunicaciones con la meseta trajo, entre otras cosas, más consumo de vino en la muy sidrera Asturies. La nueva y flamante variante de Pajares, la megaobra que se inauguró la semana pasada, arrancó precisamente con un vaso de vino en El Güelu. Fue en este mesón ovetense, situado frente a la estación de tren, donde dos ferroviarios, Mariano Santiso, de CCOO, y Armando Barros, de UGT, se sentaron para enterrar el hacha de guerra entre ambos sindicatos e iniciar la unidad de acción por la mejora de las comunicaciones ferroviarias entre Asturies y la meseta.
La anécdota la contó precisamente Santiso este lunes en las jornadas organizadas por CCOO en el Museo del Ferrocarril de Xixón para hablar del futuro del transporte ferroviario. Santiso, que en la actualidad es directivo de RENFE, “debo ser el único directivo afiliado al sindicato” bromeó en la charla, destacó el papel de la lucha sindical en la “carrera de relevos” que ha llevado a la apertura de la variante, mucho más tarde de lo previsto, pero también, enfatizó, “con la tecnología más moderna”.
Volviendo a aquel vaso de vino entre Santiso y Barros, corría el año 1984 y el Gobierno del PSOE acababa de dar carpetazo al proyecto de UCD para crear un trazado más directo y rápido a través de la cordillera. Ambos sindicalistas decidieron entonces aparcar las diferencias para luchar por una infraestructura que consideraban estratégica para el sector ferroviario y para la comunidad, y que al principio ni la mayoría de UGT ni de CCOO consideraban tan importante en una España que lo estaba apostando todo al transporte por carretera.
La Plataforma Cívica pro Variante de Pajares lograría unir a izquierda y derecha, ayuntamientos, empresarios y sindicatos
Esta unidad de acción sindical sería la primera piedra de la Plataforma Cívica pro Variante de Pajares que lograría unir a izquierda y derecha, ayuntamientos, empresarios y sindicatos. En febrero de 1989 nacía la plataforma que en junio convocaba una importante movilización en Oviedo/Uviéu con el apoyo de CC OO, UGT, FADE, IU, CDS, PAS, PP y la significativa ausencia del PSOE. La oposición de los socialistas a la obra, que en aquel momento defendían otras prioridades en materia de inversión, sería entonces una barrera tan difícil de salvar para los pro-variante como la propia cordillera cantábrica.


Convertido en diputado nacional de IU, Santiso pelearía por la variante durante sus años de parlamentario, encontrando un aliado en el PP, que finalmente será el partido que desbloquee la situación durante la etapa de Francisco Álvarez Cascos al frente del Ministerio de Fomento.
Los cinco años de obras anunciados en 2003 por Cascos se terminarían convirtiendo finalmente en 20. Entre medias inundaciones, sobrecostes, una crisis económica, una pandemia, gobiernos del PP, de PSOE, y de coalición PSOE-Unidas Podemos. En su intervención Santiso quiso despatrimonializar la paternidad o maternidad de la variante: “ha sido una carrera de relevos con protagonismo de todo el mundo”.





























