“Me casé con 14 años, espero un día enamorarme”

Adela Gabarri se define como "persona, mujer, gitana y feminista", y es la protagonista del libro "Lágrimas de una gitana".

Recomendados

Melissa Cicchetti
Melissa Cicchetti
Profesora de italiano, doctoranda en Género y Diversidad por la Universidad de Oviedo/Uviéu, militante feminista e integrante de la Asamblea Moza d'Asturies (AMA).

Faltaba más de media hora para el comienzo de la presentación del libro “Lagrimas de una gitana. Tradición y cambio. La vida de Adela Gabarri” y el aforo del salón de actos del Antiguo Instituto de Gijón ya estaba al completo. Acompañadas por las notas de Djlem Djlem, el himno gitano, subieron al escenario Adela Gabarri, presidenta de la Asociación Gitana de Gijón, María Jose Capellín, autora del libro y presidenta del Fórum de Política Feminista de Asturias, Dulce Gallego, que curó el prólogo y Gloria García Nieto, presidenta de AFA, que coedita el libro junto a Trabe. Cuatro mujeres, cuatro referentes del feminismo asturiano o, como ellas prefieren definirse, cuatro muy buenas amigas unidas por la lucha por los derechos de las mujeres.

Una amistad y complicidad tan profundas que decidieron escribir, a dos manos, la biografía de Adela Gabarri, cuyas palabras han sido fijadas en el papel por la atenta y respetuosa pluma de María José Capellín. El libro, aunque se centre en la abrumadora vida de Adela, habla también la historia de las mujeres de su barrio, Ventas en León, de las cartillas de racionamiento franquista y la humildad de las campesinas recién llegadas a Gijón durante la década de los 70. La vida de Adela no es solamente la historia de una mujer gitana que sobrevivió al hambre y al estigma racial y social, también lo es de todas las mujeres pobres que no pudieron estudiar. Como nos recuerda Dulce Gallego en el prólogo, hasta hace 50 años, estudiar para las mujeres era un claro privilegio de clase. Y, sin duda alguna, es la historia de lucha y resistencia cotidiana de una mujer que deseaba, por encima de todo, dejar a sus hijas y nietas un presente mejor. “Mamá, dejas una huella profunda” le gritó emocionada su hija al acabar la presentación”, “así es, hija” contestó Adela y zanjó “a las jóvenes ahora os toca seguir peleando para avanzar en derechos”.

El Fórum organiza además del 11 de diciembre al 8 de enero la exposición “Cambiemos la mirada. El antigitanismo es delito” en la Biblioteca Pública Jovellanos.

El libro empieza hablando de tu infancia y cuentas las dificultades a las que fuiste enfrentándote de niña, teniendo a tu abuela como referente. ¿Qué momentos destacarías de tu infancia?

Yo nací y me crie en León y era, pues, una niña normal y echaba los días con mi abuela, la persona que más quise en mi vida. Pasábamos necesidades, claro, como todas las familias de un barrio pobre en los años 50. Pero, éramos felices. Con nueve hermanos nunca te aburres.  Sin embargo, fui dándome cuenta pronto, muy pronto, de que éramos diferentes de los demás y que yo, además, era diferente de los míos.       

¿Cómo entendiste que eras diferente?

Bueno, fui entendiéndolo poco a poco. Yo siempre quise, por encima de todo, el progreso para mi comunidad. No me conformaba con la vida de pobreza y dureza que veía a mi alrededor. Lloré años detrás de la falda de mi madre pidiéndole una muñeca para Reyes. No tenía juguetes y soñaba con tener una muñeca toda para mí. Ya algo más mayor, por fin, recibí mi tan deseada muñeca. Era una preciosa muñeca de cartón y yo era la niña más feliz del mundo. Me la llevaba a todas partes hasta que, un día, me la olvidé en el patio. Al día siguiente, por la madrugada, me la encontré totalmente mojada y rota. No aguantó la lluvia y el frio de una noche de invierno de la meseta. Lloré muchísimo, no te lo puedes ni imaginar. Siempre vi a mi alrededor poco espacio para la ternura, era siempre todo muy duro. A veces, fuera del barrio, veía a niñas con muñecas preciosas y niños que merendaban chocolate con pan. Fue así como me di cuenta de que yo era diferente: por un lado, porque mi muñeca era mucho más fea y, por el otro, entendía que esta disparidad era injusta. Ahí entendí que había una injusticia. Así, me motivé y decidí que lo que quería hacer de mayor era luchar para que a mis hijas e hijos no les faltase de nada, ni una muñeca. Y cumplí con mi propósito, soy mujer de palabra. Soy la presidenta de la Asociación Gitana de Gijón, que cumple ya 23 años, y cada año organizo una campaña de recogida de juguetes para los niños. A veces, me los dan muy estropeados y yo no quiero que ningún niño tenga un juguete tan deteriorado. Así, aprendí a hacer carteles, escribo y hablo muy mal, pero voy aprendiendo de cada experiencia de mi vida. En el cartelín, todos los años pongo “juguetes nuevos o usados en buenas condiciones”. 

Aprendiste de tu vida y sigues haciéndolo.          
Si, aprendí de mi vida para mejorar, siempre para mejorar.

De tu vida y la de tu gente  

Así es, aprendí de mi vida. Mucho sufrí y, por tanto, mucho tuve que aprender. Aprendí a deshacerme de lo malo y a quedarme con lo bueno, como me enseñó mi abuela. Hay que respetar a las personas, antes que nada, pero también hay que saber vivir, hija. No todo puede ser sufrir.   

Adela Gabarri. Foto: David Aguilar Sánchez

Además, aprendí de mi gente, de mi gran familia y de mi comunidad. Yo me siento orgullosa de ser gitana. Nunca hay que renegar de las raíces, de las genealogías. No nos podemos olvidar de dónde venimos, pero lo importante es saber hacia dónde queremos ir.         
Para ti la educación es lo más importante. Lo dejas muy claro en el libro, repitiéndolo varias veces.  ¿En qué momento entiendes que la educación es clave para la emancipación de las mujeres gitanas?

La educación lo es todo. Saber leer y escribir lo es todo. Que te manden una carta o un WhatsApp y que tu entiendas aquel conjunto de letras y sepas contestar, es fundamental. Yo ya te lo dije, hablo y escribo muy mal, mis nietas ahora se ríen de mí y me dicen “abuela, ¡qué mal hablas! Venga, que te enseñamos nosotras a hablar bien”. Para mí no hay nada más reconfortante que mis hijas y mis nietas hayan podido estudiar. Mucho lloré yo siendo una niña delante de la puerta del colegio. En aquella época, a principio de los años 60, era bastante raro que una mujer estudiara, solo accedían a la educación las más ricas. Era todavía más raro que lo hiciera una mujer gitana, considerando que, en aquellos años, a la entrada de cada colegio había un cartel que ponía “GITANOS NO”. La persecución y la marginalización del pueblo gitano en España fue especialmente dura y duradera.

“Mucho hemos hecho y conseguido, pero mucho queda por hacer”

Pero, mucho se ha mejorado. Ya tenemos leyes que nos amparan e insultar a una persona por ser gitana, aunque siga pasando a menudo, ya se considera un delito de odio. Es decir, el antigitanismo ya se reconoce como una forma específica de odio. Mucho hemos hecho y conseguido, pero mucho queda por hacer.       

Acabas tu libro y la presentación de hoy definiéndote mujer, gitana y feminista. ¿Qué significa para ti ser mujer, gitana y feminista?

Bueno, antes que nada, soy persona. A veces, a esta sociedad se le olvida que también los gitanos somos seres humanos. Así que primero soy persona y, luego, mujer, gitana y feminista. Y para mi ser feminista significa que puedo hacer lo que quiero, que nadie me mande o decida por mí. En definitiva, que soy dueña de mi vida. Esto es lo que me hace sentir viva, libre y muy feliz.          

Adela Gabarri. Foto: David Aguilar Sánchez

A pesar de haber tenido una vida muy dura, has hecho tesoro de tus experiencias y ahora enseñas mucho a tu comunidad y a quienes están dispuestos a escucharte.  Justo como hiciste en la presentación del libro. Hubo muchos momentos muy emotivos y otros muy alegres. ¿de dónde sale toda esta alegría?, ¿de dónde sacas tanta fuerza?

Pues, yo soy muy alegre y presumida. Mira mis uñas rosas, preciosísimas. En los dos últimos años aprendí a cuidarme. Tuve Covid y me asusté mucho, así que no me quedó otra que aprender a cuidarme. De un día para el otro empecé a echarme crema en la cara y en las manos, yo que nunca lo había hecho en la vida. Mis hijas se rieron mucho viendo cómo, de un día para el otro, decidí cambiar mis hábitos y aprender a cuidar de mí misma.           

“Decidí cambiar mis hábitos y aprender a cuidar de mí misma”

Me considero una persona muy alegre y sonriente, conozco a muchísimas personas y la gente suele querer estar conmigo porque soy muy simpática, o esto dicen. Para mí esto es importante, porque tuve momentos muy malos. Entre ellos, perder a un hijo. No hay nada más duro que perder a un hijo. Estuve mala, malísima, pero bueno, ya sabes, superar las dificultades es mucho mejor que rendirse ante ellas, aunque cueste y duela. Entendí que tenía que salir del agujero del dolor por mí misma, con el apoyo de mi gente, queriendo vivir por mis cinco hijos. Esto es lo que me hizo coger fuerzas y tirar para adelante. No hay otro remedio, hija, la vida continua y hay que seguir luchando.

¿Cómo surge la idea de este libro? ¿Cómo conociste a María José Capellín y en qué momento decidisteis escribir un libro juntas? ¿Cómo fue el proceso?

María José y yo nos conocemos desde hace mucho tiempo, llevamos dos décadas siendo amigas y compañeras. Nos conocimos en la casa de encuentros de mujeres en el centro de La Arena hace ya 25 años y, desde entonces, me ha ayudado mucho y yo me he arrimado mucho a ella. Además, a parte, compartir mi militancia en el PSOE con Dulce, también estrechó nuestro vinculo. Con María José siempre me he sentido muy bien acogida y con mucho cariño, en ningún momento me sentí discriminada. Todo lo contrario, me aferré a nuestra amistad, me hice militante del partido y he aprendido muchísimo con y gracias a las dos.

Adela Gabarri. Foto: David Aguilar Sánchez

Así que el libro es la historia de una gitana contada por la pluma de una paya. ¿Esto significa que tenemos que apostar por las alianzas?

Pues, claro. Sin ella yo no habría podido realizar el libro y ella, sin mí, no podía contar mi historia. Creo que hacemos muy buen equipo, nos respetamos, nos comprendemos y entendemos.  

¿Cuáles son los retos para las mujeres jóvenes gitanas?

Que se formen y que se saquen el carné de conducir. Es importante que estudien. No hace falta llegar a la universidad, no todo el mundo vale para estudiar, hay cursos que te prearan para tener un trabajo digno. A mis nietas, tengo 16 nietas, se lo digo todos los días “estudiad, hijas, estudiad”.  Mis hijas también estudiaron y ahora trabajan. Hoy en día, las mujeres jóvenes tienen la gran suerte de poder estudiar en escuelas públicas y poder solicitar becas si no tienen recursos económicos suficientes para comprar libros y otros materiales. Ahora las gitanas pueden estudiar como las payas, ya no hay carteles que nos impidan entrar en los colegios. Aunque siga habiendo estigma, prejuicios y estereotipos, ahora tenemos derecho a estudiar y este derecho hay que utilizarlo, todos los días.       

 ¿Cuál es tu próximo proyecto?

Pues, mira, voy a hacer una obra de teatro. Ya lo hice en 2003, la titulé “Toda una vida” y la llevé al Teatro Jovellanos, lo mejorcito de Gijón. Hoy, de hecho, estaba por aquí la que fue la directora del teatro, cuando fui a hablar con ella de mi obra. Se quedó muy sorprendida al escuchar mi propuesta, como las personas a las que había comentado mi proyecto. Contra cualquier pronostico, la obra fue aceptada y recibí mucho apoyo por parte de muchísimas amistades. En la vida siempre se recoge lo que una siembra. Quiero retomar esta obra, darle una vuelta y actualizarla. Voy a poner el mismo título “Toda una vida. 23 años después” y quiero hablar de nuestra cultura y, en lo específico, de nuestros casamientos.           

¿Cómo te sientes hoy? Ha sido un gran día para di, arropada por toda tu gente

Estoy muy feliz y muy agradecidas con todas las personas que me apoyaron y ayudaron. Muy agradecida con Gloria, María José y Dulce que estuvieron a mi lado en la presentación. Agradecida con Vitoria, la dueña de una tiendina que me fiaba la comida cuando, recién llegada a Gijón, no tenía con que alimentar a mis criaturas. Agradecida con Gloria, que me permitió trabajar como interna en su casa. Hasta hace unas pocas décadas para las mujeres gitanas conseguir trabajo, con tanto estigma y prejuicio, era realmente muy difícil. Pensaban que era sucia, que no me lavaba, que no sabía limpiar. Yo, que subía kilómetros de cuestas andando y un montón de escaleras para que mis criaturas tuviesen agua limpia con que lavarse. Con mis vecinas de los pisos de La Tabacalera que, cuando las piernas no me aguantaban el cansancio, dejaban que mis hijos se duchasen en su casa. Todas ellas, hoy, estuvieron conmigo, nos seguimos acompañando, nos arrimamos la una a la otra. Payas y gitanas, mujeres, somos comunidad.

Sabes, yo sé que nací discriminada y cuando muera, dentro de muchos años porque todavía no cumplí los 70 años, voy a morir discriminada. ¿Por qué te preguntarás? Pues, porque cuando yo me muera, me llevarán a un cementerio público, pero a una zona reservada para los gitanos. Que pase esto en 2023 es una auténtica barbaridad. Que hoy en día haya un paredón con todos los muertos gitanos en todos los cementerios públicos en Gijón es una vergüenza. Es así, es una realidad tangible, allí están, se pueden ir a ver.  Son estas cosas las que me hacen luchar más por mi gente, creyendo y apostando para mi comunidad. Porque, antes que nada, somos personas, seres humanos. Lo repetiré mil veces más si hace falta, hasta que todo el mundo me oiga: antes que nada, somos personas. Y yo soy persona, mujer, gitana y feminista.   

¿Qué sueño te queda por cumplir, Adela?

Muchos sueños los he cumplido. Mis hijas y nietas estudiaron y tienen trabajos dignos. Soy presidenta de mi asociación y ahora, con mucha educación y respeto, aunque no haya estudiado, cuando escucho algo malo sobre mi gente, contesto. No he tenido suerte de estudiar ni he ido al colegio, pero la calle me ha enseñado mucho. Los 50 años de mi abuela, más los 50 años de mi madre y los casi 70 años míos son más de 150 años de aprendizajes. No es poca cosa. Sin embargo, me gustaría ir a Granada, me encantaría. Estar al solete y disfrutar del cante y del flamenco. También quiero enamorarme. Estuve casada muchos años con mi marido, pero nunca hubo amor. Me pidió cuando yo tenía 13 años y, unos días al cumplir los 14, me convertí en su esposa, con boda católica. Espero un día enamorarme.

Actualidad

spot_img