El 12 de julio de 2002, once personas resultaban heridas al derrumbarse a eso de las 6,45 de la mañana parte del techo de la estación de autobuses de Gijón. La eterna estación de estilo racionalista, propiedad de la sociedad inmobiliaria navarra La Bidasatorra S.A. con domicilio social en Madrid, fue siempre el hito que marcó la centralidad de Gijón hasta que se dieron los primeros pasos hacia el soterramiento de las vías de tren. El metrotrén definía una nueva centralidad en la movilidad de la ciudad; el soterramiento de las vías y la estación intermodal escribían el punto final a una barrera que la dividía y demostraba que la centralidad atravesaba de oeste a este la ciudad en diferentes estaciones de metro. Todo sonaba, a principios de este siglo como un buena idea previsiblemente mal ejecutada y, efectivamente, ha tenido a los vecinos de Gijón sin estación intermodal durante quince años.
Con el metrotrén en marcha, la futura estación intermodal no tendrá que estar necesariamente en el centro geofísico de Gijón. Hasta el Plan de Vías y sus sucesivas transformaciones, Gijón no había promovido ni tampoco había tenido otra estación para el transporte de viajeros por carretera que no fuera el viejo edificio de Alsa. La construcción data de 1939 y fue promovida por Automóviles Luarca, que encargó su diseño a los arquitectos Manuel y Juan Manuel del Busto. Curiosamente, el edificio fue concebido como una parada de autobús. 84 años después, en el solar donde se encuentra, se podrían construir alrededor de 52 viviendas. El proyecto está en el horizonte desde hace 11 años. Según el estudio de detalle que en 2012 tramitaba el Ayuntamiento, se podían llegar a levantar ocho plantas en el frente de la calle Llanes -con un ligero retranqueo para no distorsionar el perfil urbano preexistente- y seis en la trasera de la calle Ribadesella. El proyecto debería respetar la fachada del edificio principal de la estación, ya que está protegido por el Catálogo Urbanístico municipal como parte del patrimonio arquitectónico de la ciudad.

En 2012, la concejala forista de Urbanismo en el Ayuntamiento de Gijón, Lucía García, anunciaba que la Junta de Gobierno Local había aprobado el estudio de detalle inicial del proyecto de viviendas que Alsa planeaba sobre la estación de autobuses, aunque el gobierno de Carmen Moriyón exigía también a la empresa un plan de viabilidad para que explicase cómo iba a hacer para continuar prestando el servicio de transporte que realizaba. En 2013, seis meses después, Foro Asturias, Carmen Moriyón, al frente de la Alcaldía, proponía en la Comisión de Urbanismo la aprobación de forma definitiva del estudio de detalle que reordenaba la parcela de la estación de Alsa para uso residencial. La propuesta se ponía sobre la mesa sin que se hubiera dado todavía una respuesta definitiva a la necesidad de dotar a la ciudad de una terminal de autobuses propia: para el futuro equipamiento, vinculado al plan especial de las vías, no existían fondos ni fecha de construcción. Los servicios técnicos del Ayuntamiento supeditaban el desarrollo de dicha operación urbanística a la existencia de alternativas que compensaran la desaparición de la estación de la calle Llanes. La parcela era y sigue siendo aún de titularidad privada, propiedad de La Bidasatorra, S.A. empresa de la familia Cosmen, y la obligación real de prestar el servicio continúa siendo de la Administración.
La posibilidad de levantar un intercambiador financiado con Fondos Europeos podría volver a despertar la operación urbanística de la estación de Alsa. La propuesta que pretende definir un intercambiador en La Acerona llegó hace dos años procedente de la consejería de Alejandro Calvo y hoy es avalada por el grupo municipal socialista de Gijón. Mayor comodidad para los viajeros, más eficiencia en el tráfico, la posibilidad de que la gente pueda acceder a un autobús interurbano o urbano a la salida de la boca de metro del metrotrén prevista en El Humedal. A juicio de su portavoz en materia de tráfico y urbanismo, la operación no torpedearía la nueva centralidad. Por el contrario, la reforzaría. El proyecto parece ir acompañada del intercambiador de La Laboral y el parking disuasorio de la Avenida Portugal. La consigna del gobierno de Barbón ha sido siempre directa y sencilla. Si Moriyón no asume esta propuesta, se la ofrecerán a otros municipios.

La patronal del transporte de pasajeros asturiana emitió este lunes su apoyo al intercambiador. Tanto Corporación Asturiana del Transporte, como la Asociación de Transportistas Asturianos y la Asociación Asturiana de Viajeros de las Pequeñas y Medianas Empresas del Transporte emitieron un comunicado conjunto en el que “consideran que establecer un intercambiador en la ciudad es absolutamente compatible con la existencia de una futura estación intermodal. De hecho, los intercambiadores y las estaciones públicas intermodales son complementarios y serian un centro de atracción de personas en la ciudad a la hora de concentrar sus decisiones de transporte por motivos laborales, formativos, de salud, etcétera”. Se das la circunstancia de que Arantza Fernández Páramo, anteriormente directora de la Patronal del Transporte, fue nombrada Directora General del Transporte por el consejero de Infraestructuras, Alejandro Calvo. Fernández Páramo dirigió la Corporación Asturiana de Transporte (CAR) desde 2007. Entre sus socios se encuentra la empresa de Jacobo Cosmen, Alsa. Fernández Páramo, además, ha formado parte del Consejo de Administración del Consorcio en representación de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE).

Las organizaciones sindicales no parecen estar muy conformes con la existencia de un intercambiador. Tanto UGT como CC OO son renuentes a este proyecto. Ambos sindicatos consideran que no es necesario y temen que eso suponga la expiación de la futura estación intermodal. Por su parte, CCOO solicitará formalmente al Ayuntamiento de Gijón la convocatoria del Consejo Sectorial de Movilidad, puesto que desconocen todavía cómo va a ser.
La posibilidad de que El Humedal se convierta en un intercambiador similar al de la Castellana, junto a las torres Kio, se ha instalado en el imaginario colectivo de los vecinos de Gijón. Podemos afirmar que esa imagen ha sido, en gran parte, abocetada por Jesús Martínez Salvador. Aunque la posición política del concejal de urbanismo se ha ido matizando en los últimos días, en julio de 2022, desde la oposición, instaba al Gobierno local de Ana González “a convocar a todas las comunidades de propietarios afectados por el proyecto del intercambiador del Humedal para explicar la operación y el estudio de tráfico “que tampoco conoce la oposición”. El concejal pedía, además, al Gobierno del Principado de Asturias, suspender cualquier licitación vinculada a la construcción del intercambiador de El Humedal y a centrar sus esfuerzos en la ejecución de la estación intermodal de Gijón”.
En octubre de 2023, Pelayo Barcia, concejal de tráfico y movilidad, matizaba la posición desde el Gobierno municipal, mostrándose dialogante con el consejero Alejandro Calvo y estableciendo una propuesta muy condicionada. Pedía que se respetase la estética, que los autobuses de largo recorrido no parasen en él, “ya que no quería colas de personas arrastrando maletas”. Además, las paradas deberían ser rápidas y con horario fijo. A todo ello, añadía que los autobuses de Alsa siguieran funcionando en su estación, “hasta que la futura estación intermodal no esté operativa”.
Aunque hoy se da por hecho que la estación intermodal estará ubicada en el barrio de Moreda, ni Alsa ni la familia Cosmen nunca lo han entendido así. En 2019, su presidente, Jacobo Cosmen, reivindicaba priorizar la centralidad sobre la intermodalidad para la futura estación de autobuses dentro del proyecto del Plan de Vías, y apostaba por «no ubicar la estación donde, entonces, se estaba planeando”, según afirmaba La voz de Asturias, en referencia a la construcción de un complejo intermodal frente al Museo del Ferrocarril. El presidente de Alsa defendía que la intermodalidad era muy baja en la ciudad; prefería que la estación de autobuses se mantuviese «donde está hoy» o «en el entorno de la plaza de Europa». Además, señalaba que, poner la estación de autobuses donde entonces proyectaba el anterior Plan de Vías suponía «cierta dificultad para los viajeros, al alargar los trayectos».

Seis años después, otro gobierno de Carmen Moriyón delibera la idoneidad de un intercambiador de autobuses en la Plaza del Humedal, a escasos metros de la vieja estación de Alsa y con serios condicionantes. Más de 190 metros cubiertos de marquesinas, un nuevo trazado vial entre las calles Sanz Crespo y la Carretera de la Costa y la calle Prendes Prendes Pando que permitirá que los autobuses de todas las empresas de transporte público interurbano y urbano puedan dar servicio a sus usuarios. Pero surgen preguntas y la respuesta depende de cómo sean formuladas: ¿Tiene sentido una inversión de 3,4 millones de euros que podría poner en tela de juicio la nueva centralidad del metrotrén? ¿Acabará La Acerona convertida en un intercambiador como el de Plaza de Castilla en Madrid? ¿Gozará de un sentido de la provisionalidad tan laxo como la actual estación de tren? ¿Será la oportunidad de Alsa y su sociedad La Bidasatorra para construir las 52 viviendas que tenían previstas en 2012 y conservar, al mismo tiempo, la centralidad en la Plaza de Europa? Si el tiempo ofreciera una respuesta afirmativa a esta última pregunta, sería una doble victoria de la familia Cosmen que gravitaría seriamente sobre el electorado que ha votado hasta ahora al bloque de la izquierda. Hay más preguntas: ¿Cuánto beneficio lograría alcanzar la familia Cosmen con la venta de esos 52 pisos? ¿150 millones de euros? ¿200 millones? ¿Y cual será el beneficio para los vecinos de Gijón?



























