En 1895 los hermanos Lumière exhiben una película de 49 segundos que muestra solo un tren llegando a una estación. Se dice que la gente se sobresaltó y gritó cuando vio a la locomotora en dirección a sus mesas. Hoy nadie sentiría la menor amenaza en grabación tan rudimentaria. Hoy necesitaríamos algo en 3D, con sonido envolvente y movimiento en nuestra butaca para tener sensaciones vivas de vértigo o amenaza. Lo curioso es que esto es aplicable a niños sin experiencia. Las experiencias vividas no se transmiten por los genes, no hay razón para que un ser sin experiencia se sobresaltara en 1895 por una proyección y un ser de estos tiempos también sin experiencia no se intimide por lo mismo. Pero es lo que ocurre. Es como si nacieran aprendidos, como si heredasen la experiencia y memoria de las generaciones anteriores y les resultase anodino de nacimiento lo que ya se les había ido haciendo anodino a ellas. Las sutiles y complejas interacciones de los sujetos con los entornos crean una especie de memoria de colmena, como la de las colonias de hormigas.

Y pasa con las clases sociales. Los niños llegan cada día a la escuela con una memoria de colmena muy distinta. En unas casas hay libros y en otras no, en unas hay abundancia y en otras necesidad, unos van a Eurodisney y otros no tienen el canal Disney. Los niños no solo «nacen aprendidos» de su época, sino también de su entorno social. No solo parece que nacen modernos, sino que parece que nacen con las vivencias de su clase social. El informe PISA puntúa como eficiencia del sistema educativo esa memoria colmena que en realidad es ajena a ese sistema. Siempre van a parecer más eficientes las escuelas de zonas ricas, pero porque en realidad los niños llegan «más aprendidos». El sistema educativo tiene que asumir dos cosas. Una es que, a ciertas edades la diferencia de rendimiento no tiene que ver con la eficacia de la escuela ni con la «valía» de alumnos y alumnas, sino con el bagaje que llevan en la piel por su entorno social. Y la otra es que la tarea irrenunciable del sistema educativo es nivelar esas diferencias de partida y no emplearlas para segregar prematuramente a los jóvenes. No es tan difícil compatibilizar la igualdad de oportunidades con la mejora en los resultados académicos. Es cierto que cualquier enseñante puede contar historias para no dormir de fárragos burocráticos vacíos que solo cumplen exigencias administrativas inútiles. Pero la evidencia de la torpeza en las altas esferas directivas no debe llevar a la deserción de lo fundamental: conseguir mejores resultados a base de segregación social y de la exclusión de alumnos vulnerables no es un logro y ni siquiera un punto de partida. El rendimiento de los alumnos no refleja solo la eficacia del sistema educativo, sino la memoria colmena de su entorno social; como su buena o mala salud no refleja la calidad del sistema sanitario, sino también la calidad de vida suya y de su entorno.
El informe PISA se basa en instrumentos técnicos muy discutidos, con sesgo ideológico y con un protagonismo muy marcado de grupos privados. Aunque sea el instrumento más amplio de análisis comparación de sistemas educativos, su influencia en la percepción del sistema y en las políticas educativas es desmedido y no parece ajeno al llamado efecto Bandwagon (tendencia gregaria). La gente busca encajar en lo que piensa que los demás creen. La importancia del informe PISA es la que cada gobierno y cada ciudadano cree que le otorgan los demás, y así llegamos a titulares como los que vimos recientemente, que incluyen verbos como desplomar nada menos. Algo de esto ocurrió con el fiasco de los sondeos de las últimas elecciones. Ninguna agencia quiso ser la que metiera la pata y todas sesgaron sus pronósticos para parecerse a las demás. Y despistaron al bueno de Feijoo.

El problema del informe PISA es que ahora es aprovechado en la propaganda de las corrientes políticas que buscan un sistema autoritario, ultraliberal y sin derechos de la población. Milei no es un espantajo, conviene tomar nota. En una población indignada y harta prenden fácil las alarmas y urgencias. Y las alarmas hacen que medidas desquiciadas parezcan soluciones, precisamente por ser desquiciadas y acordes con esa ira y apetencia de romper cosas. Para redoblar la presencia policial, Milei califica el estado de delincuencia de Argentina como «baño de sangre». Dice que bajará la inflación «a garrotazos». Se anuncia que habrá más represión, más pobreza y menos asistencia, pero con expresiones como baño de sangre y garrotazos que parecen soluciones, por lo bien que se acomodan con la ira. La enseñanza, dice, dejará de ser obligatoria, por aquello de la libertad. En realidad, se anuncia que dejará de ser obligatorio que se garantice la enseñanza para todos, es decir, dejará de ser un derecho. Pero lo interesante es la formulación. El informe PISA muestra un estado «pésimo», dice exagerando. La escolarización obligatoria no funciona, hagamos otra cosa. Podría haber dicho que la alfabetización no funciona, probemos con el analfabetismo generalizado. Caricaturizo, pero no mucho. El catastrofismo sirve para justificar cualquier cosa y para arremeter contra cualquier cosa. Quienes quieren que parezca una solución cualquier cosa son los que pretenden cosas que perjudican a la mayoría y los que quieren a esa mayoría en el estado de ira y miedo en que agiten los puños por cualquier cosa.

Argentina no es excéntrica y allí se quiere imponer en educación el modelo que se quiere extender a los demás derechos, como si la educación fuera el tubo de ensayo. Tiene razón Milei cuando dice que la enseñanza cuesta. Los derechos cuestan. Los poderosos no quieren derechos, porque son menos poderosos si hay derechos. No quieren derechos, porque cuestan y hay que pagar impuestos. Y no quieren derechos, porque se les priva de un campo muy lucrativo de negocio. Si convencen a los argentinos de que la educación no puede ser un derecho, es decir, una obligación del estado con gente que puede querer o no estudiar, tendrán la horma para negar los demás derechos. Si convencen a la gente, de que el derecho a la educación es en realidad una merma de su libertad, una intromisión del estado en su vida, tendrán el camino para quitarles la jubilación y que cada uno «personalice» cómo quiere su vejez. Si convencen a la gente de que el dinero de la educación debe meterse en el bolsillo de las familias para que ellas lo pongan en la escuela que les parezca (el cheque escolar), los habrán convencido de dos cosas maravillosas. Una es que la privatización es algo democrático promovido por la libre voluntad de las familias. Y otra es más compleja. Habrás convencido a la gente de que tus derechos son los que tú percibas, sin intromisión pública. Si contrato para limpiar mi casa a una señora de algún país de pobreza extrema, que tenga tres hijos y se le hayan muerto dos y que haya sido violada media docena de veces, ¿qué percibiría ella como un trato aceptable y hasta justo por mi parte? El estado de derecho no se construye por la intuición individual del bien y el mal en situaciones concretas. Mi sentido común me puede decir que el tipejo que quiso violar a mi hija merece que mis colegas y yo lo dejemos paralítico de una paliza. Pero no se construye así el estado de derecho. La modelación de la convivencia necesita cerebros, especialistas, discusiones, acuerdos y previsiones. Convencer a la gente de que tu derecho es lo que tú percibas, sin que ningún burócrata te obligue ni prohíba nada es la autopista para la desaparición de los dichosos derechos que tanto cuestan y tanto negocio con necesidades básicas bloquean.
El informe PISA está siendo el espantajo que agitan alarmas educativas mendaces. En Argentina se muestra sin pudor lo que bulle en nuestras derechas y su inframundo financiero y de fundaciones ultrarreligiosas. La educación es el laboratorio de la erosión de derechos que se pretende generalizar. La ansiedad y egoísmo compulsivo de los padres con sus hijos la hacen adecuada para acostumbrar a la población a la sociedad sin derechos. Más que nunca, cuando se discuta sobre educación se está discutiendo de mucho más.



























