El Consorcio para la gestión de los residuos de Asturias (COGERSA) viene trasladando a la ciudadanía un mensaje de lo más contradictorio. Por un lado, sube las tasas para el tratamiento de los residuos mezclados con el objetivo, dicen, de impulsar la separación y el reciclaje. Pero, al mismo tiempo, el Consorcio sigue adelante con el proyecto de incinerar 150.000 toneladas anuales de plásticos, papel, cartón y textiles, eufemísticamente denominada “valoración energética”. No es difícil presuponer que lo que se pretende es que la ciudadanía colaboremos más en la recogida separada, pero no para reciclar sino para quemar.
Que a estas alturas del siglo XXI la alternativa que tienen COGERSA, el Gobierno de Asturias e Izquierda Unida sea quemar la basura, lo mismo, en lo sustancial, que se hacía ya en el siglo XIX y antes, echa por tierra todas las rimbombantes declaraciones políticas sobre la necesidad de luchar contra el cambio climático y avanzar en una economía circular.
Mientras España y Europa trabajan por reducir las emisiones de CO2 y las comarcas del Caudal, Nalón y el Suroccidente están inmersas en un proceso de descarbonización y transición ecológica, el Gobierno de Asturias con la complicidad de Izquierda Unida apuestan por incrementar las emisiones de CO2 y agravar el cambio climático quemando residuos en cementeras y en la Térmica de La Pereda (Mieres). Quemar un residuo que podría ser reciclado o reutilizado contribuye de manera muy importante al calentamiento global, por la sencilla razón de que a las emisiones de la incineración se tienen que añadir las emisiones resultantes de producir el producto de nuevo (extracción, producción, transporte…). Estando acreditado que quemar residuos genera el doble de emisiones de CO2 por unidad de energía producida que una central térmica de carbón.
Ante la emergencia climática que está cada día más presente, lo que nos interesa es reducir las emisiones de CO2 lo más rápidamente posible mientras descarbonizamos nuestro estilo de vida para retrasar la subida de la temperatura del globo. Si el residuo se quema, todo el carbono se emite directamente a la atmósfera; si se recicla se ralentiza el ciclo de producción y consumo a partir de materiales primarios, evitando emisiones de carbono que aceleran el calentamiento global.
A finales de 2017, Ecoloxistes n´Aición y la Unión de Consumidores de Asturias presentaron como principal alegación al “Plan Estratégico de Residuos del Principado de Asturias 2017-2024” eliminar de dicho plan la “Fabricación de CSR”. Al considerar inaceptable la apuesta para “introducir la incineración por la puerta de atrás”. En concreto, la fabricación de Combustibles Sólidos de Residuos (CSR) para su incineración en cementeras y térmicas, lo que supondría “focalizar el tratamiento de los residuos en la producción de CSR en detrimento del reciclaje y compostaje, con graves perjuicios económicos, sanitarios y ambientales”, en tanto que:
- Si los residuos se destinaran a reciclaje se generarían unos beneficios económicos siete veces superiores a los costes que supone la incineración de CSR, como se documenta ampliamente en el informe de Greenpeace “La puerta de atrás de la incineración. Análisis económico-ambiental de la utilización de combustibles derivados de los residuos (CDR) en España”.
- Producir Combustibles Sólidos de Residuos (CSR) da lugar a la destrucción de ingentes cantidades de materias primas que tienen que ser extraídas, transportadas y producidas nuevamente.
- La incineración de CSR, particularmente en cementeras, genera una dispersión de productos tóxicos incontrolable y de consecuencias desconocidas actualmente, al incorporar las cenizas de la combustión al cemento.
Como es costumbre, ni caso. Aunque los planteamientos de Ecoloxistes n´Aición y la Unión de Consumidores se han visto refrendados por la nueva Ley de Residuos 7/2022, en cuyos artículos 24 y 25 se establece que “Las autoridades competentes, en sus respectivos ámbitos, promoverán el reciclado de alta calidad, de forma que se obtengan productos y materiales con calidad suficiente para sustituir a las materias primas vírgenes en procesos industriales”.

A quienes están promoviendo quemar 150.000 toneladas de residuos de origen doméstico, se les olvida que las directrices de la correcta gestión indican que lo primero es reducir la generación, lo segundo reutilizar la mayor cantidad posible de recursos y envases y, en tercer lugar, reciclar los residuos que antes no se han podido evitar o reutilizar. Destinándose al vertedero o a cualquier tipo de incineración aquellos residuos que no se hayan podido aprovechar en las tres primeras fases de tratamiento.
En este sentido, la Ley de Residuos establece que “con el objetivo de contribuir a una economía circular europea con un alto nivel de eficiencia de los recursos, las autoridades competentes, a través de los planes y programas de gestión de residuos”, deberán garantizar que para el año 2025 la preparación para la reutilización y el reciclado de residuos municipales sea de un mínimo del 55% en peso de los residuos generados, objetivo que en Asturias se está aún muy lejos de alcanzar. Según el informe del año 2020 de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIRF), en Asturias se recuperan para la reutilización y reciclaje solamente el 23% de los residuos municipales generados.
Sin que se deba perder de vista la prioridad demandada últimamente por más de 125 asociaciones ambientalistas y ciudadanas del Estado español, de que se implante cuanto antes el Sistema de Retorno a tiendas y supermercados de botellas, briks y latas “como el que ya funciona en muchos países europeos y está previsto que se implante en 15 estados más en los próximos dos años. Con esta práctica, se logra reutilizar o convertir en nuevas latas, botellas o briks de bebidas más del 90% de estos envases”.
Si en Asturias hubiera la voluntad política de alcanzar los porcentajes de reutilización y reciclaje que la normativa establece y llevar adelante el Sistema de Retorno de envases al comercio (que garantiza porcentajes de recuperación de envases superiores al 90% de los generados), el debate sobre la necesidad de incineración quedaría automáticamente obsoleto, puesto que los residuos o se reciclan o se queman. No es posible ambas cosas a la vez.
Hoy en día la agenda más avanzada de gestión de residuos se orienta siguiendo la estrategia de Residuo Cero y la economía circular. Adoptar la agenda del Residuo Cero es tomar medidas para reducir progresivamente lo que se envía a tratamiento finalista (vertedero o cualquier tipo de incineración), priorizar la prevención de residuos (evitando cualquier residuo que se pueda, sobre todo si no son reutilizables o reciclables), maximizar la recogida selectiva para reciclar o compostar y hacer posible una economía circular, priorizando el impulso de productos que sean diseñados teniendo en cuenta su reintroducción en el ciclo productivo.
La estrategia de futuro no es, desde luego, la incineración. Quemar residuos es ir en la dirección equivocada. Hay que trabajar por menos envases de un sólo uso, menos residuos, más reutilización, más recogida separada y reciclaje, más atención a reducir la “fracción resto”. Todo ello es posible si se incentivase más la colaboración ciudadana, y si las autoridades y los representantes políticos escuchasen más a las asociaciones y al movimiento ecologista. Hay que apostar por algo diferente y hacerlo con la ciudadanía, no contra la ciudadanía.






























