El rostro del Presidente se ha ido afilando con el paso de los días. Su figura, más delgada, parece ser una metáfora adecuada al estado anímico de su gobierno, un ejecutivo con anemia política expresada a través de claros síntomas de fatiga si no de desfallecimiento. La crisis de la última semana dejó sin Consejera de Servicios Sociales a todos los asturianos durante unos días. Se instaló un estado de confusión, de vida transitoria, una vía de agua difícil de taponar, una herida que, después, se ha pretendido cauterizar de manera perentoria anunciando primero un perfil y, una semana después, un nombre.
“Será mujer, tendrá conocimiento de lo social, será independiente”, aseguró Adrián Barbón a los medios, con el rostro desencajado y una mirada taciturna como la de quien pretende disimular la comisión de un grave error con la apariencia de otro acierto. Parece verosímil pensar que trató de evadir su propia responsabilidad, tambaleándose con los gestos grotescos de un rey pasmado ante su propia figura que ha visto como se le movía fugazmente la corona. Efectivamente, Marta del Arco, directora de Infancia primero, nueva consejera después cercana a la jubilación, parece haber tenido el respaldo de las ONG´s y de Ovidio Zapico. También es mujer aunque inquieta su supuesta militancia socialista en la Agrupación de Gijón, según se nos ha hecho saber desde la FSA.
“Inquieta yace la cabeza de quien lleva la corona”. Han pasado siete meses desde que Adrián Barbón besara con fruición la Biblia con la que tomó posesión de su escaño tras las elecciones del 28 de Mayo. El octavo mandamiento de las tablas de la Ley de Moisés que le fueron entregadas en el Monte Sinaí, prescribe no levantar falsos testimonios ni mentiras. Afirma el Presidente que la comunicación con el gobierno de Pedro Sánchez es fluida. Se diría que goza de una salud envidiable, pero en el mundo sindical, por el que conviene pasearse de vez en cuando para saber como están realmente las cosas, se malician que la tibieza de sus palabras no se corresponde con la realidad que dibuja en las redes sociales. Toca defender la siderurgia asturiana con los clarines de la clase obrera, pero las aguas del Cantábrico no se abren con la misma certeza que lo hicieron las del Mar Rojo cuando el hijo político de El Faraón guio al pueblo hebreo hacia la tierra prometida, siguiendo las palabras de su dios a través de la fe. En cambio, la fe de Barbón no está siendo suficientemente firme como para obrar el milagro de Arcelor y que las aguas de Mittal se abran para que se produzca la inversión en la planta de DRI. Estaremos atentos.

Su nerviosismo y desquiciamiento desvelan que la comunicación con el Ministerio de Industria es testimonial, otros dirán que nula, tal y como ratifica la agenda de la Consejería de Industria, instalada en el Portal de Transparencia del gobierno asturiano. Detrás de la discreción y el secretismo, efectivamente, como suele ser habitual con cualquier confidencialidad, parece no haber nada, solo el cascarón hueco del poder. En ese contexto hay que situar la declaración de Monchu García hace tres semanas, cuando alentaba a través de los medios a contemplar cualquier escenario posible: desde la movilización, pasando por una marcha de acero, la llegada de un nuevo inversor o, incluso, en último caso, la renacionalización.
En los círculos políticos y sindicales asturianos se da por hecho que será Pedro Sánchez y el Ministro de Industria, Jordi Hareu, quienes lleven a cabo la interlocución con la familia Mittal. De la importancia de Arcelor como de Duro Felguera a lo largo de estos cinco años, sólo fue consciente en el gobierno de Barbón su Vice-presidente, Juan Cofiño, retirado en los despachos presidenciales del sótano de Fruela y al que todos recuerdan como si fuera el padre espectral de Hamlet. La capacidad de gestión de Cofiño, un hombre pegado a un maletín, permitía verificar que tenía un cierto grado de visión de las cosas que hoy no se encuentra en ningún otro consejero. Su desaparición del gobierno puso hace siete meses a los sindicatos en guardia. El cariz de Arcelor, a pesar de los protocolos y las fotos, a pesar de Mittal y de Pedro Sánchez, no gustaba entre estos. Sin Juan Cofiño actuando entre bambalinas, el sindicalismo asturiano se siente huérfano de poder político y se teme lo peor.

Barbón puede pasar a la historia democrática de Asturias como el más mediocre de todos sus presidentes socialistas o, al menos, el que menor visión política ha tenido. Más preocupado por su imagen que por los resultados, le reprochan no tener un proyecto político para Asturias y viene arrastrando esa losa desde la anterior legislatura, cuando los sindicatos percibieron que la relación de Enrique Fernández y Adrián Barbón con la administración central y el Ministerio de Industria era escasísima. El actual presidente de Hunosa, consejero réprobo, allá donde va, hace muy pocos amigos, afirman los que le han tratado. Su relación política con Maroto, entonces MInistra de Industria, resultó testimonial. Quien llevó personalmente el rescate de Duro Felguera en primera persona, reconocen en CCOO, fue Juan Cofiño. La búsqueda de inversores de la mano directa del ex-vicepresidente también fue síntoma de que la Consejería de Industria carecía de músculo suficiente para asumir esas tareas. Cofiño era una buena fuente de información para los sindicatos porque era quien tenía el contacto directo con Madrid, porque estaba a pico y pala en los despachos y porque sabía lo que quería hacer, estuvieras de acuerdo o no. ¿Y hoy?
Hoy los puentes entre el gobierno autonómico y el central están volados, merced a la traición de Lady Macbeth a su Secretario General y el empeño personal de Barbón en refugiarla bajo el paraguas de la FSA. Hoy los puentes están volados, la ejecutiva de la Federación dividida y el gobierno fragmentado. Con todo ese “baruyu”, ningún presidente puede interpretar los silencios de la familia Mittal, que obra siempre sin palabras. No se encontrará ninguna declaración oficial del propietario de la multinacional sobre el coste de la energía. No se encontrará nada porque el indio se comunica siempre a través de terceros y porque todo hace pensar que sobre Arcelor y la planta de DRI ya tiene tomada una decisión desde hace mucho tiempo. El gobierno de Sánchez lo sabe y parece tener también otra: si los Mittal no ejecutan la inversión, deberán dejar que otros la hagan y preparar, consecuentemente, las maletas. En La Moncloa han decidido que España no puede quedarse sin siderurgia. Esa es, de momento, la principal por no decir la única garantía.
ADENDA:
Con todo este merecumbé, algunas fuentes socialistas hacen números y dan por perdidas las próximas elecciones autonómicas si la tónica del gobierno continúa siendo esta. Se discute si Barbón resistirá toda la legislatura, si quebrará la unidad que Gimena Llamedo primero y Adriana Lastra después han ido erosionando hasta dejarla convertida en un queso gruyer. Para 2025 se prevén los congresos y todos se miran de reojo en las agrupaciones antes de lanzarse a la aventura. El nombre de Alejandro Calvo, consejero de Fomento, Cooperación Local y Prevención de Incendios, ha sido puesto encima de la mesa para ocupar algún lugar de salida en la candidatura a las próximas europeas. La posible salida de Calvo del gobierno asturiano evidenciaría no tanto la ambición del consejero como el cansancio y el hastío que rezuman desde el gobierno. Pero decide Ferraz y no parece muy determinado a descabalgar a uno de los eurodiputados con más prestigio de la Eurocámara: Jonás Fernández. Mientras tanto, el nivel de la marea ya cubre los pies de Adrián Barbón, que reza por todos nosotros mientras enumera los diez mandamientos. La segunda legislatura del Presidente se ha convertido en una agonía y no habrá dios ni milagro que haya imaginado el hombre en la tierra, que logren calmar las aguas.



























