Family on the road

Carmen Machi encarna con maestría a esta mujer alcohólica de lengua afilada, sarcástica y ácida

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Roberto Corte
Roberto Corte
Roberto Corte (Oviedo, 1962). Vinculado al teatro asturiano desde 1980, y ligado a la autoría y dirección en el ámbito escénico, en la actualidad colabora como crítico en revistas especializadas.

Nuestros actos ocultos

Texto y dirección: Lautaro Perotti

Intérpretes: Carmen Machi, Macarena García y Santi Marín

Sábado 9 de febrero, Niemeyer, Avilés

La familia, ya se sabe, es un complejo sistema de identidades y relaciones trascendentales, tan decisivas como inevitables. Elemento consustancial a la política y la sociedad, con las ciencias, las estructuras y la ideología. El tratamiento genuino que le ha dado el teatro se remonta a la tragedia ática, pero autores de todos los tiempos hasta nuestros días han tratado los dramas familiares con prodigalidad, convencidos de que estamos ante un microcosmos capaz de mostrar los miles de estímulos cruzados que empujan a la acción en las relaciones de dependencia y estabilidad, con sus sempiternas e infinitas problemáticas. Lautaro Perotti fue cofundador de Timbre 4 y participó como actor en La omisión de la familia Coleman, obra trenzada con mimbres de la misma cosecha, aunque en otro sentido, que nos ha dejado buen recuerdo a su paso por Avilés hace unos cuantos años. Ahora, tras una carrera de muchos aciertos vuelve como autor y director con Nuestros actos ocultos. Pieza sobre la maternidad con trasfondo de thriller, violencia soterrada y humor negro, a la americana, muy cinematográfica, que encierra un enigma con problemas de conciencia. Azucena, alcohólica y con principios de alzheimer, tiene una hija con la que no se habla, Elena, y un hijo adoptado, Patri, sobre quien vuelca todo el amor filial. La aparición de un cadáver los situará en un brete que hará replantear la convivencia.

El elenco de la obra

Carmen Machi encarna con maestría a esta mujer alcohólica de lengua afilada, sarcástica y ácida, amargada por una enfermedad que le arrebata por momentos la conciencia y lucidez que la caracterizan. Esta Clitemnestra moderna, pianista de los bajos fondos, reniega de su hija por haberle arrebatado el amor de su marido y adopta con desinteresada entrega a Patri –magistral Santi Marín en su composición–, joven levemente discapacitado, con una bondad y candor infinitos que sólo sabe hacer el bien, por reprobables que puedan ser sus actos. Macarena García es Elena, quizá el personaje menos perfilado, que sufre el maltrato de un marido estéril y trata de buscar sentido a su vida a través de una maternidad de funestas consecuencias.

Los reiterados flashbacks argumentales y el planteamiento cinematográfico aparecen reforzados por un plano general de exposición con carretera y un Seat Marbella verdadero, en un trabajo preciosista realizado por Elisa Sanz y Pablo Chávez como escenógrafos, que comprende además un habitáculo en un segundo plano para unas secuencias que, aquí tal y como se perciben, quedan demasiado ambiguas y confusas. Es posible que en una propuesta con espectadores a uno y otro lado de la calzada, a dos bandas, tal y como se estrenó en su día en el Matadero, adquieran otro significado. Son muchas las claves referenciales, literarias y cinematográficas, a que apunta este macabro y entretenido impasse de carretera. Comentar algunas excede el objetivo de este artículo. Quizá Lautaro Perotti ha querido contar muchas cosas con pocos elementos. Probablemente con una dramaturgia “de concentración” hubiera conseguido más peso específico, más cohesión y densidad dramática. Con todo, y a pesar de un problema técnico al comienzo con los micros, el Niemeyer colgó el cartel de no hay entradas y el público disfrutó con la función.

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