Una playlist para el futuro de los movimientos

Yo no sé si nos falta punk, que montemos una rave en el tren para reivindicar los cercanías o hacer una playlist colectiva.

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Ángela Otero
Ángela Otero
Es profesora universitaria y militante ecologista.

Últimamente en el entorno de las movilizaciones se repite una canción en bucle con pequeñas variaciones: “¿Había gente joven?”, “Too paisanos”, “Estaba petao, pero los mismos de siempre”… Comentarios que creo que no sorprenderán a nadie que ande en los movimientos sociales de Asturies, en cuyos colectivos y convocatorias (hay excepciones, sí) se ven las mismas caras año tras año, especialmente en los núcleos organizativos. Puede que haya a quien le parezca mejor o peor, pero la necesidad de un relevo generacional se hace cada vez más palpable y cada vez más urgente. Y, ojo, aviso a navegantes: aunque en las siguientes líneas pueda parecerlo, no vengo aquí a hacer sangre sino a compartir frustración generalizada y creo que hay cosas que debemos debatir; pero que quede claro, hablar de relevo generacional no es un llamado a que nadie pase la batuta o un desdén a quien lleva años dando leña. Sabemos el trabajo que se ha hecho, lo agradecemos y estamos orgullosas de todos los y las que llegasteis antes y todavía seguís peleando a diario y queremos que sigáis haciéndolo; os queremos con nosotras porque necesitamos toda la fuerza posible. Pero eso no quita de asumir lo evidente.

Escribía aquí hace no mucho Matías Hevia sobre justicia intergeneracional y la necesidad de sembrar certezas y crear futuro para esa juventud de otra forma presa del nihilismo, del odio y la inacción. Estamos en un momento de incertidumbre en que la crisis ecosocial hace imperativa la apertura y el crecimiento de los movimientos sociales y hay, sin duda, cuestiones que no nos van a ayudar a avanzar, empezando por responsabilizar o culpar a la juventud de falta de interés: no es cierto. Tampoco ayudan los egos y las ansias, a veces inconscientes, de protagonismo que a menudo, por desgracia, se infiltran en las organizaciones; ni el olvidar que todos somos necesarios, pero nadie imprescindible; ni la cerrazón a probar nuevas fórmulas de acción y comunicación mientras esperamos quizás que las nuevas caras se materialicen por generación espontánea sin preocuparnos por abrirles la puerta… Que se nos complique integrar a la juventud en el tejido asociativo y las movilizaciones sociales pasa por factores amplios y complejos, algunos que requerirán cambios estructurales traídos de la mano de políticas que se alejen del cortoplacismo, que peleen por esa justicia intergeneracional y que sean capaces de tener mirada amplia al futuro de bienestar, empezando por ganar la batalla por el tiempo para la vida. 

Orgullo Crítico de Oviedo. Foto: Alisa Guerrero

Cuando hablo de este tema con la gente de mi edad – rango en el que incluyo a todo aquel entre los 25 y 50 años aproximadamente – hay dos respuestas que se repiten: estamos refalfiaos y no nos da la vida. Refalfiaos porque vemos que se repiten las mismas protestas, las mismas luchas, las mismas pérdidas una y otra y otra vez y nos sentimos ignorados y agotados y no vale para nada y qué más puedo hacer yo si llevo años con esto y no veo que nada cambie. Y la vida que pesa y el tiempo no nos da ni para respirar. Veo a mi amiga la que enlaza 12 horas de reunión tras reunión e emails y el maldito excel y cuando acaba solo quiere pasar un rato con su familia o tomarse un vino con colegas; la que trabaja en hostelería (ya sabéis) mientras saca estudios adelante; la que se mata por trabajar lo ecosocial en sus clases sin ayuda sin recursos ni apoyo y dedicando sus tardes a preparar, corregir, evaluar y si me da tiempo apoyo toda movilización posible porque de verdad que me importa. Y si miro al rango más joven, leo que el 34% de los jóvenes entre 16 y 29 son “sisis” porque sí trabajan y sí estudian y, sí, sí los hay que también actúan y crean y cooperan. Y si eres mujer además tienes que ser *that girl* que se hacía viral en TikTok (que por cierto nos ha adelantado por la derecha y también debemos hacer por recuperar ese espacio de comunicación) reforzando que tenemos que llegar a todo, hacerlo perfecto, estando perfectas y de paso poniendo buena cara porque sabes que vas a tener que aguantar, día a día, el paternalismo de algunos de esos que copan los movimientos sociales (y, bueno, el mundo así en general) juzgando tu valor y criterio, y sus “no digas x, mejor di y” o sus “algunos llevamos treinta años en esto”. Pues vamos a respirar y a calmarnos con la condescendencia, y que sí, que perdón por no haber nacido antes, oye.

Les gusta a los chicos que escriben por aquí decir lo de “le falta punk” y un poco en ese plan estamos

Vivimos con una terrible balanza sobre nosotros en la que nuestro ritmo de vida nos fuerza a medir si pesa más la necesidad de parar o la necesidad de actuar. Y es esta balanza la que hace que los movimientos tengamos una responsabilidad para facilitar, motivar, asegurar, la participación de la juventud (los menores de 50, fíjate cómo estamos): saliendo a buscarles, permitiendo que se expresen, revolucionando nuestras formas de hacer y planteando metas concretas donde puedan sentir que su esfuerzo también da resultados.

Un momento de la marcha ciclista en Oviedo/Uviéu. Foto: Alisa Guerrero.
Orgullo, Xixón. Foto: David Aguilar Sánchez.

Desde el ecologismo nos gusta hablar de imaginar futuros deseables para empujar a la movilización, pero siento que nos estamos olvidando, en la pulsión entre mirar al pasado y al futuro, de crear espacios de movilización deseables en el ahora que permitan crecer la ilusión de aportar y den espacio a la pluralidad – y sin esperar a que venga la gente, sino moviendo el culo a buscarla. Normalicemos, por ejemplo, que las asociaciones de vecinos se acerquen al colegio o instituto del barrio a presentarse, a abrir sus puertas, compartir visión e involucrar a los niños y niñas en la generación de comunidad.  Hace un par de meses vino a una asamblea entre varios colectivos una chica que no tendría más de veinte años y que se había enterado casi por accidente. Fue clara: quiero actuar, pero no me entero de nada de lo que hacéis. Cómo te vas a enterar, corazón, si parece que renunciamos a acercarnos a vosotras o priorizamos salir en las noticias de las dos de la TPA para llegar no tengo claro a quién, las redes sociales se nos complican y la mayoría estamos también afogaos. Pero es que si os enteraseis, ¿qué encontraríais? ¿Querríais quedaros?

Foto: David Aguilar Sánchez

Volvamos a la creación de esos espacios deseables de movilización. Y entendedme, esto no va a de poner caras amables, de ceder marcos discursivos o de seducir a nadie con florecillas y arcoíris como si no tuviésemos motivos de sobra para el cabreo ni se nos llevase décadas negando. Va de crear espacios de respeto hacia los compañeros/as y sus diversas perspectivas en los que realmente se valoren esos cuidados de los que tanto se habla, y con la flexibilidad para salirnos de marcos repetitivos (y en cierta manera fallidos). Va de dejar los personalismos y de pegarnos entre nosotros, de ceder la toma de decisiones y entender que hay objetivos comunes aunque también prioridades dispares y que todas las personas son necesarias; abrir los espacios de actuación nos dará el impulso que necesitamos para hacer rodar la bola de nieve. Dice Yayo Herrero que “la memoria, la imaginación y la creatividad son imprescindibles en momentos de cambio” e igual debemos darnos cuenta de que tener memoria no es lo mismo que perderse al recuerdo y olvidar dejar entrar toda esa creatividad e imaginación de a quien no estamos consiguiendo dar espacio y voz. Igual tenemos que contarles menos y conversar más.

Escuela Feminista de AMA. Foto: David Aguilar Sánchez

Pero además va de recuperar el sentir que nuestras acciones sirven para algo y no solo para juntarnos los cuatro de siempre en una concentración simbólica con la esperanza de que La Nueva España nos dedique más de cuatro líneas y ponga bien los nombres de los colectivos participantes. Y es que quizás hemos dejado pasar demasiado por alto esta faceta de la movilización, la de desplegarse por todos los medios posibles y la de ir combinando nuestras grandes batallas con esas pequeñas luchas de lo cercano que nos permitan sentir y emocionarnos por algo que podemos tocar, marcar objetivos en lo concreto y apuntarnos algún que otro tanto que nos empuje a seguir entre tanta derrota.

Les gusta a los chicos que escriben por aquí decir lo de “le falta punk” y un poco en ese plan estamos. Yo no sé si nos falta punk, que montemos una rave en el tren para reivindicar los cercanías o hacer una playlist colectiva a la que cada uno aportemos un temazo, pero quisiera que el No future quedara para las canciones de los Sex Pistols y no para el reflejo de nuestros movimientos sociales, no nuestra penitencia por no haber estado a la altura de las circunstancias. Actualicemos la lista de reproducción, pulsemos el aleatorio y bailemos a por esos futuros deseables. 

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