“Villa y el villismo son una metáfora del fin del movimiento obrero”

El periodista Xuan Cándano analiza el sobreseimiento del Caso Hulla, que dejará al histórico sindicalista asturiano sin juzgar.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Desde las páginas de la revista Atlántica XXII Xuan Cándano (San Esteban de Bocamar, 1959) rompió el silencio sobre los casos de corrupción en la UGT asturiana y el Sindicato Obrero Minero de Asturias. Las informaciones pioneras que publicó el medio que dirigió durante más de una década no iban mal encaminadas, y así se confirmó en 2014, cuando El País ofreció la exclusiva sobre la fortuna que el líder minero había acumulado al calor de prácticas sindicales corruptas. Jubilado de RTVE, Cándano otorga en su ensayo “No hay país” (Hoja de Lata, 2022) un papel clave a José Ángel Villa en la construcción de la Asturias democrática. Analizamos con él el sobreseimiento del Caso Hulla, que ahorrará a Villa un juicio para el que la jueza considera no está en condiciones de salud.

¿Cómo valora el sobreseimiento?

El sobreseimiento es normal, lo anormal y lamentable son los 11 años que lleva este tema en los Juzgados. Eso es una vergüenza. Una Justicia lenta no es Justicia y aquí se ven las consecuencias: la impunidad de la corrupción.

¿Le sorprende el deterioro físico de Villa?

No es ninguna sorpresa, estaba visto. Villa ya daba síntomas de tener problemas de salud en la última movilización minera, la de 2012, cuando estaba con la operación para acogerse a la amnistía fiscal de Montoto. La última vez que le vi, en el Juzgado, tenía un aspecto lamentable. Es verdad que siempre fue un comediante con grandes dotes para la actuación teatral, pero el deterioro que arrastraba era evidente y estar once años abellugao en casa, sin salir apenas, tuvo que ser la puntilla. No me alegro y me apena, porque con este hombre siempre tuve grandes discrepancias y discusiones, pero mi relación personal con él era buena y, a parte de histrionismos y actuaciones que le aguanté, como aquella en El Musel, no nos llevábamos mal y hablábamos muncho.

¿Ha funcionado bien la Justicia en el Caso Villa?

En el Caso Villa, por la apropiación de dinero al SOMA, sí. Fue condenado y no ingresó en la cárcel por su estado de salud. En el Caso Hulla es evidente que no. No tiene explicación que lleven 11 años, las dilaciones son injustificables y solo benefician a los inculpados. Estos últimos retrasos con el informe del perito sobre las obras nel Montepío ya son un cachondeo que tienen a la jueza mosqueada. Cuando empezó su investigación, la fiscal antidroga Carmen García Cerdá vino a Uviéu, me llamó y quedamos en el hotel donde paraba. Tenía poca información y menos contactos. Me llamó por lo que publicábamos en Atlántica XXII. Le di más información, pistas y contactos. Le dije que el corazón de este caso de corrupción estaba en el Montepío, al que saqueó el SOMA desde los años 80, aunque CCOO también tiene responsabilidad con lo que pasó. Y como para los primeros asuntos turbios, escándalos inmobiliarios en los hoteles del Montepío en Almería y Murcia, ya no se llegaba por culpa de la prescripción, le recomendé a García Cerdá que lo mejor que podía hacer era tirar por las obras más recientes del geriátrico de Felechosa, donde las irregularidades cantan. Y eso hizo, pero esa investigación encalló, como vemos once años después. Por cierto, García Cerdá fue muy profesional. Hablé más veces con ella, incluso en la Fiscalía Anticorrupción en Madrid, y nunca me quiso filtrar nada. Y eso que nos debía grandes favores a la revista.

¿Veremos el dinero alguna vez?

Esa tiene que ser la tarea fundamental de la Justicia. En el caso de Villa no sería admisible, si se demuestra la apropiación de un dineral con mordidas, que esa pasta no volviera al erario público. Y con los demás igual. Ya está hablándose de lo difícil que va a ser eso con Villa. Malo. Sería una tomadura de pelo.

“Villa ya daba síntomas de tener problemas de salud en la última movilización minera”

¿Qué supuso Villa para Asturias?

Ya lo sabemos todos, está bien contado. Yo lo cuento en “No hay país”. Fue “El Tigre”, el Caudillo de les cuenques y de Asturias durante 30 años. El gran líder que acumuló un poder absoluto durante tres décadas, político, sindical, institucional, en los medios de comunicación, con el poder financiero a través de Cajastur, en el municipalismo… El último fenómeno en Europa de la hegemonía del poder sindical sobre el político, con un modelo que venía de Gran Bretaña y del siglo XIX. En esto no se pueden negar sus habilidades, las cuencas mineras asturianas fueron las últimas que resistieron y se beneficiaron de la labor de ese poder sindical, en forma de rentas y de prejubilaciones. Villa y el villismo también son una metáfora del fin del movimiento obrero, que no de la clase obrera. Que su fin sea con Villa en la charca de la corrupción es triste y un epílogo que contrasta con el heroísmo de los mineros a principios del XX y como vanguardia del antifranquismo. Eso acabó con el culto a la personalidad de Villa, que además era un impostor que había sido confidente de la Brigada Político Social del franquismo. Que este hombre haya luego llegado a ser el más poderoso y la gran figura de las primera décadas de la democracia en Asturias también da otra lectura de la Transición bien distinta a la oficial. Esa lectura destapa un fraude y una impostura.

El SOMA y el PSOE de las cuencas están bajo mínimos. ¿Ha habido un castigo en diferido al villismo?

Un lento castigo electoral, sí. Cuando estalló el Caso Villa vi en las cuenques un clima de postración y vergüenza. Vi llorar en Mieres de rabia y vergüenza a un líder minero del SOMA, Severino García Arias, que venía de USO y representa a esa dignidad, honradez y valentía de los mineros asturianos. El desencanto fue terrible, pero tamién hay que pensar en lo bochornoso que fue el encanto. Los métodos de Villa y el villismo siempre fueron el autoritarismo, la falta de democracia y de transparencia, el clientelismo…los conocía todo el mundo. Y en esto hay que acordase de los pocos valientes que le hicieron frente, al margen de sus enemigos sindicales, como Enemérito Álvarez, Fernando Bello y aquella gente de CCOO en las cuencas. O los de CSI, como Pola. Antón Saavedra, que estuvo en el SOMA, fue de los que advirtió lo que estaba pasando desde el principio. José Ramón Gómez Fouz, que contó en un libro el pasado como confidente de Villa. Julio Bruno, el médico al que Villa echó de gerente del Sanatorio Adaro y le hizo frente en una rueda de prensa… Y pocos más. También escasos periodistas, que alguno hubo, además de los de Atlántica XXII.

José Ángel Villa y Xuan Cándano en El Musel. Foto: José Luis Cerejido

¿Sufrió el villismo?

Yo ya asumía que no plegarse al poder que representaba tenía consecuencias, y por eso fui víctima de su poder, que impidió que tuviera la mínima autonomía y libertad para trabajar en RTVE-Asturias, que controlaba como al resto de los medios públicos y otros privaos.

¿Cómo ve la evolución del PSOE después de Villa?

El fin del villismo tiene repercusiones electorales para el PSOE, estamos viéndolo. Que esté en la oposición en Mieres y Llangréu, cunas del movimiento obrero y del socialismo, pero además con una crisis interna tremenda, es muy significativo. También en Xixón, donde el SOMA tuvo un gran poder. Parece que estamos en un cambio de ciclo político. El fin del movimiento obrero también supuso el de un modelo, el de la FSA villista. Hay un furacu, porque esa hegemonía y ese poder político institucional no tienen sustitutos de momento. Los asturianistas más lúcidos creían en los 90 que ese sería su lugar, pero está visto su fracaso. Están poniendo la alfombra a la derecha, que en Asturias hasta ahora jugaba en territorio comanche y estaba condenada al banquillo de la oposición.

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