Ángel Vergara: el ‘straatman’ que rompe lenguajes y fronteras

El Centro Niemeyer inaugura la exposición "El ójo pródigo" del artista belga de raíces asturianas.

Recomendados

Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

El Centro Niemeyer, con la exposición El ójo pródigo, se convierte en el epicentro de la vanguardia artística belga con la llegada desde ayer viernes de parte de la obra de Ángel Vergara, nacido en Mieres en 1958, pero emigrado a Bélgica a la edad de seis años dentro de una familia obrera asturiana, para forjarse más tarde en la efervescente escena cultural de Bruselas.

Manteniendo firme su vínculo con España, “en mi casa siempre se habló castellano”, Vergara trae consigo una trayectoria internacional que fusiona la performance y el video-arte, explorando además la palabra escrita, el dibujo y el happening, siempre arraigados en el poder transformador de la pintura.

Angel Vergara delante de uno de los lienzos expuestos en la exposición ‘El ojo pródigo’. Foto: Manuel Carranza/Centro Niemeyer.

Reverenciado como uno de los principales creadores contemporáneos en Bélgica, Ángel Vergara fue seleccionado para representar a este país en la prestigiosa Bienal de Venecia de 2011 con su obra destacada, Feuilleton. La exposición en la Cúpula del Centro Niemeyer, comisariada por Ángel Varela, presenta un conjunto significativo de la obra del artista en los últimos años “con algunas obras que han sido creadas específicamente para esta exposición en el Niemeyer” y que podrá verse hasta el 19 de enero de 2025.

Las contribuciones de Vergara han dejado una huella imborrable en museos y galerías de renombre global, desde el MACS Musée des Arts Contemporains Grand-Hornu en Bélgica, hasta el Museo Watary en Tokio y el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires. Su obra desafía las convenciones y transporta al espectador a un universo donde la imaginación y la crítica convergen. Y a pesar de todo ello Ángel Vergara se reivindica como un migrante de familia trabajadora que le gusta estar en la calle, manifestando su compromiso con la sociedad.

“Empezaron a llamarme straatman a finales de los años ochenta. Straatman quiere decir en flamenco ‘hombre de la calle’.

El artista al que llaman Straatman

Ángel Vergara realiza performances que consisten en situarse sobre un lienzo que extiende sobre el suelo, mientras él se cubre con una sábana, y a continuación pinta lo que puede sentir, oler, percibir, a ratos ver. “Relato de esta forma lo que está sucediendo a mi alrededor,” explica. “Es una especie de reportaje periodístico de los lugares, pero cruzando fronteras, rompiendo y mezclando lenguajes, y siempre teniendo en cuenta el espacio que me rodea en sus 360 grados.” De hecho, estas pinturas, fruto de estas performances llevadas a cabo por su alter ego, Straatman, contienen dibujos, líneas, palabras y expresiones visuales varias: “Voy cogiendo partes de esa realidad y las voy transcribiendo en el lienzo.”

Pero, ¿quién es Straatman? “Empezaron a llamarme así a finales de los años ochenta. Straatman quiere decir en flamenco ‘hombre de la calle’. En aquella época decidí salir del estudio y hacer cosas en la calle, en Bruselas, en Amberes. Comencé a cubrirme con una sábana. Y como empezaron a llamarme Straatman, lo adopté.” Bromea con la idea de que el nombre por un lado puede sonar a superhéroe, pero al mismo tiempo afirma que “es un apellido muy común en Bélgica” y a él le gusta “esa relación con lo común.” Y lo reitera: “Mi obra siempre está relacionada con un compromiso con lo social e incluso lo político”.

Ángel Vergara, bajo la sábana, en una de sus performances como Straatman.

En uno de los videos que se exhiben en esta exposición, puede verse una performance de Ángel Vergara en Castellón en el año 2007 como Straatman. En aquella ocasión la realizó a la salida de un teatro donde había habido un encuentro de un partido político. A pesar de que en el lienzo que estaba realizando no había nada político ni nada que indicase nada contra aquella formación política, “es algo que puede comprobarse en el propio lienzo que junto al video se expone”, aquellas personas, sorprendidas y sin saber qué estaba ocurriendo, reaccionaron negativamente: “Empezaron a meterse conmigo, a tirarme agua, no sabían lo que yo estaba haciendo y eso les enfadó y hubo momentos en los que realmente me asusté bajo la sábana. Por eso en la edición del video también incluí grabados de Goya que pueden ayudar a dimensionar aquella situación.”

Lienzos expuestos en la exposición de Ángel Vergara en el Centro del Niemeyer y que son fruto de sus performances como Straatman. Foto: Manuel Carranza/Centro Niemeyer.

Su reiterado compromiso social incluye a la infancia. Ángel Vergara dice que sobre todo le gusta trabajar con los niños. “Me gusta trabajar con esa idea de que hay un futuro posible para los más pequeños.” Hace unos días estuvo como Straatman con unos alumnos de educación especial del colegio San Cristóbal en Avilés. “Había que trabajar con ellos la idea de los cinco sentidos y ellos adoran todo esto. Adoran estar en una sábana y se quedan concentradísimos. Los profesores me dijeron lo sorprendidos que estaban por ese grado de compromiso y de concentración de estos niños.” Los dibujos realizados en esta performance también están en la exposición del Niemeyer.

“Al principio en Bélgica no hablaba el francés y tengo imágenes en mi cabeza en la que yo buscaba expresarme haciendo dibujos ya que no podía usar la palabra.”

No hay antecedentes artísticos en su familia. Su padre y su madre se fueron con él y sus cuatro hermanos a Bélgica cuando él era solo un niño. “Mi padre empezó a trabajar en una fábrica y mi madre ya tenía bastante con cuidar a cinco hijos aunque más tarde también trabajó de limpiadora.” No esconde que su condición de migrante pudo tener mucho que ver en su forma de querer expresarse. “Al principio en Bélgica, al llegar con seis años, no hablaba el francés y tengo imágenes en mi cabeza en la que yo buscaba expresarme haciendo dibujos ya que no podía usar la palabra. Luego, como familia emigrante, mis padres siempre nos decían que nos comportáramos, que hiciéramos lo que el resto, que la gente no podía pensar mal de nosotros, lo que suelen hacer los emigrantes para adaptarse, seguir las normas sin más. Pero cuando me hice mayor y descubrí el arte de otra forma quise salirme de lo convencional, de ese convencionalismo al que había estado obligado por la sociedad y posiblemente intensificado por haber sido de una familia emigrante.”

Centro de la exposición del “El ojo pródigo” de Ángel Vergara. Foto: Manuel Carranza/Centro Niemeyer.

¿Y sus padres qué dijeron cuando su hijo se volvió artista y además tan poco convencional? “Mis padres supieron entender. No solo eso, se interesaron por lo que hacía y quisieron aprender. Por la época en que fue, por ser emigrantes, por no tener formación, creo que es para valorar que me apoyaran siempre.”

Vergara se va el lunes, pero regresará el 30 de noviembre. Uno de los lienzos está en negro, “es carboncillo y está preparado para Straatman“. Así pues, la exposición “no es estática”, espera el regreso del “hombre de la calle” para que pinte lo que vea este emigrante asturiano que se fue de niño a Bélgica y llegó a convirtirse en un referente de vanguardia en aquel país y que ahora vuelve para mostrar algunos de los logros de sus obras a lo largo de todos estos años.

Actualidad

spot_img