El periodista y escritor Jorge Dioni se ha convertido en los últimos años en una de las voces más críticas con la transformación de nuestras ciudades en algo parecido a Marina d’Or, ciudad de vacaciones. En “La España de las piscinas” y “El malestar de las ciudades”, ambos publicados en la editorial Arpa, Dioni repasa las estructuras y mecanismos que nos han traído a la situación actual. Este fin de semana participará en las jornadas “Vivir y viaxar, quién da más. Los impactos del turismo n’Asturies”, organizadas por la Asociación Grana en Xixón.
¿Qué es vivir en Marina d`Or, como has titulado tu conferencia?, ¿qué le pasa a una ciudad cuando se instala en esa mentalidad de vivir en un parque temático?
Lo que quería explicar es que turismo ha habido desde hace décadas, y polos turísticos ha habido desde hace décadas, pero el problema que nos encontramos desde hace un tiempo es tratar de meter esos polos turísticos en ciudades donde ya vive gente y ya tienen una estructura social, económica y comercial. Entonces, por un mero problema de Arquímedes, no hay cabida para los dos modelos, y o tu ciudad se convierte en un parque temático y no hay sitio para los residentes, o seguimos con el modelo anterior. Cuando viene esa afluencia de gente tan tremenda, es decir, cuando una ciudad como Barcelona recibe 12 ó 14 millones de turistas al año, no puedes querer que no cambie nada, desde el aspecto de las vías a los comercios que hay.

En Asturias y otras zonas del norte parece que el turismo es la gran apuesta de las élites, que lo ven como un sector en auge para revertir la economía de la zona, ¿qué deberían aprender esas élites de lo que ha sucedido, por ejemplo, en el Levante mediterráneo?
Pueden aprender que una ciudad cambia, que dejará de haber comercio local, que es posible que algunas tradiciones estén en peligro, que la estructura demográfica de la ciudad también cambia…La ciudad se llena del visitante y del que presta servicio al visitante. La estructura laboral del sector turístico se parece a la de un hotel: hay unos pocos que extraen capital, que no siempre se queda en la zona, y la mayor parte tiene un trabajo precario y con sueldos bajos que no va a poder revertir la economía local. No es lo mismo trabajar en Ensidesa que trabajar en un hotel: ni en condiciones laborales, ni en sueldos ni nada. Son dos modelos radicalmente distintos, aunque el PIB nos haga pensar que es lo mismo. Pueden aprender del caso de Baleares, de cómo ha bajado a nivel de renta per cápita, e incluso de PIB. Tiene zonas en las que vemos cosas que veíamos en las películas, como grandes extensiones de caravanas o tiendas de campaña, que es donde viven los que trabajan en el sector turístico. Pero todo esto no creo que lo aprendan, y lo verán como un modelo del que echar mano cuando todo falla.
“No es lo mismo trabajar en Ensidesa que trabajar en un hotel: ni en condiciones laborales, ni en sueldos ni nada”
¿Qué relación tiene la crisis de la vivienda con el sector turístico?
Tiene relación, pero no es la única. Muchas veces cuando hablamos de vivienda en seguida sale el piso turístico, porque es lo más obvio, es la principal evidencia que tengo a la hora de enfrentarme a este problema. Es decir, caso de Gijón, Cimadevilla, donde proliferan los pisos turísticos, ves que el sitio donde vivías ahora es un Airbnb. Pero no es el único problema. Es parte del problema, pero el principal problema es que el sector inmobiliario se ha convertido en un gran depósito de inversión a nivel particular de la gente. Todo el mundo que tiene dos duros compra pisos: ya sean actrices, deportistas, cantantes, toreros…Para cualquier persona que tiene un capital significativo, su principal inversión es la vivienda.

En detrimento de la inversión productiva
Claro. Quizás es que ya no teníamos demasiada inversión productiva y se iba todo a la especulativa. Y hubo un momento en que la inversión especulativa petó y se fue a la inversión inmobiliaria, es decir, la inversión que no se mueve. He comentado alguna vez que los liberales clásicos gravaban sobre todo las herencias y el patrimonio porque querían que el dinero se moviera. Ahora el prejubilado de Ensidesa se compró un piso, pero Rosalía o el delantero centro del Sporting también se ha comprado un piso, y los fondos de inversión también invierten en inmobiliario. Se ha convertido en el gran sector de inversión. Y da la sensación de que, como eres propietario, entonces tus intereses son los mismos que los de Blackrock.
¿Y cómo conjugar esta crítica al modelo turístico con el derecho a las vacaciones?
Yo creo que debería ser posible, y no pensar siempre, cuando hablamos de reducir el impacto del turismo, de subir el precio, que son las soluciones que siempre veo: acabar con las líneas de bajo coste, con los pisos turísticos, poner tasas a todo…Entonces, ¿cuál es la idea, que vuelva a viajar poca gente? El ocio es un derecho conquistado. Creo que tenemos que inventarnos métodos democráticos, y quizá no podemos ir todo el mundo a todos los sitios todo el rato. Hay que pensar en otro tipo de turismo. Yo propongo una medida que puede parecer una locura, pero que a mi me parece interesante, que es el sorteo. Es decir, ¿usted quiere ir a Praga en 2026? Muy bien, se apunta. Pero nos apuntamos todos. Porque parece que las líneas low cost molestan, pero los jets privados no.
¿La llamada “turismofobia” irá en aumento en los próximos años?
Los seres humanos tendemos a identificar el problema con lo que vemos. Nos cuesta identificar un problema con lo abstracto. Entonces a Blackrock no lo vemos, a Fidere no lo vemos, pero al turista sí lo vemos. Y no solo al turista, sino también a su reverso, que es el migrante. Es decir, la persona que se mueve, por placer u obligación, y que está en la ciudad, en el espacio que yo considero que es mío y tengo la sensación de que me lo están arrebatando. Sí que creo que va a haber un conflicto, y además discursos que van a potenciar esa animadversión, en lugar de decir: no, el problema no es este, está más arriba, aunque no lo veas.



























