“El problema de la presunción de inocencia es que suele entenderse como presunta falsedad de la víctima”

La periodista Lucía S. Naveros analiza la eclosión en las redes de las denuncias de agresiones, así como el tratamiento de los comportamientos machistas en los medios.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Lucía S. Naveros (Madrid, 1967) comenzó a trabajar en los años 90 en la prensa asturiana. Tras 20 años en la redacción ovetense de La Nueva España decidió cambiar un buen puesto en la sección local por la aventura de La Voz del Trubia, un pequeño medio independiente, muy pegado a la realidad del territorio. Es además autora del libro “Carmela ya no vive aquí”, una historia de las mujeres en la España contemporánea.

Feminista, libertaria y abolicionista, conversamos con ella a propósito de una eclosión de denuncias anónimas en redes sobre comportamientos machistas, que no deja indiferente a los partidos de izquierdas.

¿Cómo era para una periodista una redacción asturiana a principios de los años 90?

Entré en una redacción muy masculina, con pocas compañeras, pero de mucho prestigio, como Ángeles Solís y Pilar Rubiera, que me ayudaron mucho, personas muy generosas que rompían ese ese mito machista de que las mujeres somos competitivas por naturaleza. Las mujeres estaban de aquella confinadas en los temas “femeninos”, lo que algunos compañeros llamaban despectivamente “la boutique”, sociedad y cultura. Se vivía todavía la resaca del desatape, con alguna sección de mujeres semidesnudas. Una de las páginas fijas del periódico se llamaba “Señora de”, y entrevistaba a mujeres de políticos, empresarios y otros personajes ilustres de la región. Pedimos a la dirección que se cambiara y perdimos la batalla. La sección duró todavía algún tiempo.

¿Cómo fue cambiando la información sobre violencia de género?

Hay un cambio muy fuerte a partir del asesinato de Ana Orantes. Fue un caso que consternó a toda la sociedad y produjo un cambio muy profundo que desembocó en la Ley de Violencia de Género de 2004. El tratamiento de los asesinatos de mujeres solía ser en la sección de sucesos, como caso aislado y con detalles morbosos. No es que esa tendencia haya desaparecido del todo, pero ya no es lo mismo. Por ejemplo ya nadie habla de “crimen pasional”, que era algo que siempre servía para descargar de culpa a los asesinos machistas.

Foto: Alisa Guerrero.

¿Cómo podemos combinar en los medios el respeto a las mujeres que denuncian violencias con la presunción de inocencia de los acusados?

El problema de la presunción de inocencia es que suele entenderse como presunta de falsedad de la víctima, y eso pese a que hay más denuncias falsas de robos para cobrar las pólizas de seguro que denuncias falsas de malos tratos. Dicho esto, el “Hermana yo sí te creo” es un lema emocional que quiere romper esa vinculación misógina de la mujer con la falsedad y la denuncia falsa, pero que no debe ser tomado de manera literal. Hay que informar siempre con respeto a la denunciante y a los acusados. ¿Cómo se hace eso? No siendo vagos, no dando nombres, no publicando la primera información que llega sin contrastarla… La verdad no está alcance de los seres humanos, pero la veracidad sí.

¿Cómo nos relacionamos con las denuncias anónimas?

Opino que las mujeres se enfrentan a déficits en las denuncias formales y que necesitan espacios seguros para expresar agresiones que pueden ser muy traumáticas y potencialmente devastadoras. Muchísimas mujeres han escuchado la frase “no es para tanto”, y si cuando vas a denunciar te encuentras con escepticismo y con que tú terminas siendo la que tienes que dar las explicaciones, muchas se van a callar. El silencio le viene bien a los agresores. Es un mecanismo que facilita la impunidad.

Ahí las redes sociales ofrecen una oportunidad enorme

La red social abre la oportunidad de que las mujeres puedan contar sus vivencias por primera vez de manera colectiva. Encuentran un patrón colectivo, que sus casos no son únicos, y eso es sanador.

También tienen riesgos

Tienen el peligro de provocar dinámicas de linchamiento, que me parecen fatales, sobre todo en X. Hay que diseñar buenos protocolos de intervención para evitar linchamiento de cualquier ser humano, evitar las cazas de brujas y que todo el mundo pueda defenderse. Pero recuerdo, si la redes se están convirtiendo en el lugar de denuncia es porque no se ha resuelto el problema de la falta de otros espacios seguros formales para hacerlo.

Foto: Alisa Guerrero

¿Qué deben hacer los medios ante denuncias que son anónimas y que no pueden contrastarse?

En el caso de Errejón o ahora en el del asesor de IU Oviedo los medios no se hacen eco de las denuncias anónimas, sino de estas una vez que han generado una crisis política porque en sus organizaciones se han tomado como posibles.

“Los hombres y las mujeres van a tener que renegociar lo que es admisible o no en una relación”

Algunas feministas advierten que corremos el riesgo de llamar violencia sexual a todo, también a cosas que pueden ser machistas o desagradables, pero que que no entrarían en la categoría de violencia.

Los hombres y las mujeres van a tener que renegociar lo que es admisible o no en una relación. Es cierto que no todas las conductas machistas son delitos, pero las organizaciones de izquierdas no deberían tolerar conductas de este tipo en sus filas. También, y esto sirve por el caso Errejón, hay mucha hipocresía en los partidos de izquierdas. Podemos era muy masculino y machista, y esas dinámicas tan competitivas de hombres midiéndose entre ellos no cambian porque hablen en femenino.

Foto: Alisa Guerrero

Bueno, las mujeres también se miden y compiten. Y ya puestos a hablar de Podemos, algunas también purgan, y con saña.

Las mujeres purgan también, claro está. Las mujeres son seres humanos. Ni son malas de nacimiento, como dice la vieja misoginia, ni son angelicales y buenas y todo lo que hacen está tocado por la bondad. Por eso también pueden utilizar estas denuncias para eliminar a enemigos políticos, y por eso los partidos tienen que ser muy rigurosos a la hora de examinarlas.

También parece que los hombres machistas de la izquierda son un blanco más fácil para los medios que los hombres machistas del poder económico. Cuando un empresario muy conocido como Miguel Ángel del Fueyo tuvo una denuncia por violencia de género, la historia rodó por todos los medios asturianos y sólo NORTES lo sacó. Sospecho que algo similar con un militante de izquierdas habría sido considerado información relevante.

Estoy de acuerdo contigo. Hay un enconamiento especial con los partidos de izquierdas. El caso que mencionas era además un empresario con un conocido perfil público en la información local de Oviedo. Pero lo que molesta a las mujeres que están denunciando agresiones machistas de hombres de izquierdas es que luego esos hombres se presenten públicamente como abanderados del feminismo.

Tengo dudas con la palabra víctima. Me parece que hay una inflación de ella. Por ejemplo los luchadores y luchadoras antifranquistas se han convertido en “víctimas” del franquismo. ¿No estamos quitando agencia y poder a las personas al encasillarlas como víctimas?

Todo el mundo puede ser víctima de algo. La gente entiende la víctima como una pringada y nadie quiere reconocerse en eso. Es otro mecanismo de perpetuación de la impunidad. Ante una agresión tenemos dos grandes reacciones, lucha y huida, pero también existe la negación y el congelamiento. Elisa Mouliaá no se reconoce como víctima en ese momento sino que optó por la negación, y sólo después se da cuenta de que ha sufrido una agresión. Nadie quita agencia a las mujeres que están denunciando.

¿Los medios buscan víctimas perfectas?

Sí. A la víctima de La Manada le pusieron un detective para seguirla y demostrar que no estaba vestida de viuda y traumatizada.

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