Miedo de vivir bajo su mismo cielo

Adnan Al-Bursh, un destacado cirujano ortopédico, murió meses después de haber sido secuestrado, en diciembre del 2023, por el ejército de Israel.

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Marta González
Marta González
Traductora y profesora de Filología Griega en la Universidad de Málaga. Asturiana a distancia.

El palestino Adnan Al-Bursh, de 49 años, un destacado cirujano ortopédico, murió el 2 de mayo de este año, meses después de haber sido secuestrado, en diciembre del 2023, por el ejército de Israel. Informaciones recientes dan los detalles, que no he tenido el valor de leer, de sus últimos momentos. Me basta con el titular: violado hasta la muerte. Los enloquecidos sionistas atacaron el hospital de Al-Shifa, en Gaza, en el que trabajaba, y se lo llevaron prisionero, como a tantos médicos antes que a él.

Ben-Gvir, casi de su misma edad, de 48 años, es ministro de Seguridad Nacional de Israel y se encarga personalmente de que las cárceles israelíes sean infiernos donde se tortura hasta la muerte y donde no se permite que los enfermos sean atendidos. Es ministro, aunque ha sido condenado por incitación al terrorismo. En televisión ha dicho lo siguiente: “Me preguntan si los presos palestinos deben recibir comida… y yo digo que los presos palestinos deben ser asesinados de un tiro en la cabeza”. En la red social X escribió esta otra basura: “Uno de los principales objetivos que me he fijado es empeorar las condiciones de los terroristas en las cárceles”, bien entendido que para los sionistas todos los palestinos de todas las edades son terroristas.

Adnan Al-Bursh

Si me fijé en la historia de Adnan Al-Bursh es porque recordaba su cara, recordaba una fotografía en la que aparece dormido, agotado, cubierta de sangre su bata y sus guantes de cirujano después de operar durante horas seguidas. Pero ahora he visto que la foto no era reciente, sino de 2018. El genocidio no empezó el 7 de octubre, sólo se intensificó. Según esa inmundicia que es el ejército sionista, el ataque al hospital de Al-Shifa era una operación precisa y selectiva contra Hamás. La realidad es que ese hospital universitario, el mejor de Gaza, es ahora, según la OMS, un cementerio, con cadáveres que se amontonan dentro y fuera del mismo. Y el jefe de cirugía, el doctor Al-Bursh, otro médico más torturado y asesinado por estas bestias.

Francesca Albanese, relatora de la ONU para los territorios palestinos, ha escrito lo siguiente sobre el asesinato de Al-Bursh: “el racismo de los medios de comunicación occidentales que no cubren este hecho, y de los políticos occidentales que no lo denuncian, junto con los otros miles de testimonios y denuncias de violaciones y otras formas de maltrato y tortura que han sufrido los palestinos en las cárceles israelíes, es absolutamente repugnante”. El silencio es repugnante, sí, como lo es la manera de ocultar el nombre del estado genocida incluso cuando parece que se está denunciando su brutalidad. Así, el periódico The New York Times llevaba hace unos días en su portada la fotografía de un niño palestino con los dos brazos amputados. El titular rezaba así: “Sobrevivir en Gaza”, pero el nombre de Israel no aparecía.

Todos deberíamos de sentir dolor por la muerte de Adnan Al-Bursh, miedo de vivir bajo el mismo cielo que sus asesinos, de respirar el mismo aire, vergüenza de que el genocidio en Palestina avance impunemente, asco de que se siga considerando a Israel una democracia, de que nuestro gobierno no haya roto relaciones diplomáticas con ese estado.

“Un médico vale por muchos hombres”, eso se dice en la Ilíada cuando la desolación se extiende entre el ejército griego al ver que uno de sus médicos, Macaón, que al parecer era cirujano, resulta herido en la batalla. Conocemos el nombre de otro médico más entre las filas griegas: Podalirio. Los dos eran hijos de Asclepio, dios de la medicina, y son los primeros médicos que aparecen nombrados en nuestra literatura, “dos buenos médicos”, dice Homero. Los soldados del ejército de Israel deben de sentirse muy orgullosos de torturar a un cirujano, de privar de socorro a los palestinos a los que masacran día tras día. El doctor Adnan Al-Bursh, que aliviaba con sus manos el dolor de tantos heridos, ya no vive; el sionista Ben-Gvir, que lleva sus garras manchadas con la sangre de tantos inocentes, sí, y eso hace que el mundo sea hoy un poco más triste e inseguro. Por lo que se refiere al corazón de Europa (nuestros vecinos del norte acaban de ofrecer liberté égalité, fraternité… ¡y hasta immunité! a Netanyahu, sobre el que pesa una orden de arresto por crímenes de guerra), no lo sanará ningún cirujano, ni el mismísimo dios de la medicina.

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