¿Para qué están los políticos? ¿De qué nos sirve tenerlos si no solucionan lo problemas? Es ésta una de las preguntas que sobrevuelan todas las tertulias televisivas, interesadas antes que interesantes, y también las conversaciones de bar, o de chigre, más propias de esta tierra.
Viene aquí esta reflexión para poner en el foco la gestión del alcalde de Oviedo y su insistencia en la Ronda Norte de Oviedo, que ya sólo él ve como imprescindible, así como en el ataque a la alternativa de la Vía a la Pixarra. Para poder entender la postura del alcalde, necesitamos un pequeño análisis de las dos alternativas que se plantean para comunicar los barrios del noroeste de Oviedo con la red de comunicaciones principal de Asturias.
De un lado, la Ronda Norte, tal como la proponen Canteli y su equipo, consistiría en un túnel único con entrada a la altura del arenero de Fitoria, y salida en el entorno de San Lázaro de Paniceres, lo que supone casi cuatro kilómetros de túnel, sin más accesos, y sin ninguna utilidad para quienes vivan en Ciudad Naranco, que sólo sabrán que los coches pasan por debajo de sus casas a una profundidad de unos sesenta metros, mientras ellos siguen sufriendo la falta de conexión con el centro, limitada como hasta ahora a la calle Ramiro I, el viaducto Marquina, y el túnel, por fin ampliado, de Nicolás Soria.

De otro lado, la propuesta presentada por la plataforma Hay Alternativas de la Vía a la Pixarra, con una longitud en línea recta de menos de dos kilómetros (1,94 Km), que ya está planificada urbanísticamente, y con un trazado en superficie que salva un desnivel de 88 metros, lo que daría, para un trazado recto, una pendiente de 4.5%. Por hacer una comparación, la calle Fuertes Acevedo tiene mayor pendiente, y si pensamos que el trazado no será recto y que el trazado que se proponía para la fallida urbanización de Montecanales era de 2,6 km., la pendiente media sería de 3,4 %.
Una vez presentadas las dos alternativas debemos recordar la experiencia reciente de la construcción de la Variante de Pajares, con un túnel principal de 24,6 Km, un coste final de 3.800 millones de euros, y una duración de las obras de diecinueve años. No es comparable este trazado, pero sí nos da una idea del coste de construcción de túneles, a lo que es necesario añadir que los túneles de ferrocarril, mucho más estrechos que los de carreteras, tienen costes y plazos muy inferiores.

No cabe duda de que la construcción de la alternativa Vía a la Pixarra tendrá un coste significativo, y el plazo de ejecución no será corto, pero en la comparación con el túnel de la Ronda Norte la ventaja será, fácilmente, de diez a uno. Así que, si la construcción de la Via a la Pixarra podría durar dos años, el túnel de Canteli llevaría cerca de veinte.
Y si los plazos son importantes, los costes, más. Mucho más. Se habló en su día de un presupuesto superior a los doscientos millones de euros, que si se actualizaran rondaría los trescientos. Si ahora aplicamos los sobrecostes habituales en estas obras, siguiendo el modelo de la Variante, con presupuesto inicial de 1.085,5 millones de euros, el factor a multiplicar sería de 3,8, resultando una estimación de más de mil millones de euros.
Una vez planteados estos dos escenarios, toca hacerse la pregunta importante: ¿qué intereses defiende Canteli? Porque no parece que sea el de los ciudadanos afectados. Decantarse por una obra de veinte años frente a dos, y mil millones de presupuesto, aún sin tener una estimación del coste de la Vía de la Pixarra, nos viene a decir a las claras con quién se posiciona el alcalde, y desde luego, no es a favor de los vecinos del entorno.
La consideración hacia quienes pueblan el enorme barrio que constituyen Vallobín, La Argañosa, Les Campes, La Florida, Parque del Oeste, las múltiples fases de Pórticos, junto con los de San Claudio, a los que debemos unir la zona rural de la falda del Naranco, Villamar, Tresllames, La Lloral, Les Maces, y tantos pueblos, quintanas y casas dispersas, debería llevar a toda la corporación municipal a plantarse frente a esos intereses de promotoras, constructoras y otras “oras”, de cuyo nombre no es que no quiera, es que no me conviene acordarme. Es de los ciudadanos y vecinos de Oviedo de quienes me acuerdo, y de quienes tendría que preocuparse su alcalde.



























